Respuesta: Y El Temido lll se fue al Caribe
La tarde fue relajada, caminamos un rato junto a la carretera, en busca de algún
local abierto. Pero la zona del embarcadero está un poco desangelada; el bar
que preside la playa tenía pinta de llevar varios meses cerrado. Puede que al
ser invierno, no acostumbren a ir a la playa, aunque calor, os aseguro que
hace de sobra. Y las templadas aguas del mar Caribe, hace que te apetezca
darte un chapuzón prácticamente todos los días y a cualquier hora.
Tras una plácida noche, emprendimos la ruta, camino de Los Santos. La
travesía de hoy era mixta: mitad "a la sombra" de Basse-Terre (9 mn), mitad
atravesando el canal que los separa (8 mn).
La fisonomía de la costa era similar a la del día anterior, aunque a medida
que ganábamos sur, la mancha blanca de las poblaciones se hacía más
grande. Incluyendo a la propia Basse-Terre (del mismo nombre que la isla
y que la capital de San Critóbal).
En Basse-Terre, se observa sobre la misma orilla, lo que debería ser un muelle
de carga de cierta envergadura. Aunque no existía un dique que lo protegiese,
el tamaño de los amarres y de la zona de descarga, indicaba que el tránsito era
de cierta importancia. Realmente, la infraestructura de carreteras de las islas,
no son su fuerte, por lo que el transporte de mercancías, mayoritariamente
debe hacerse por barco.
Poco más al sur, al acabar la ciudad, se encuentra la Marina Riviere-Sens. El
único puerto de toda la costa oeste. Puedes encontrar pequeños refugios o
diminutos puertos pesqueros, entiendo que no comerciales, como en el
propio Deshaies, en Melendure, Baillif o más al sur, junto al faro de la Punta
del Viejo Fuerte. Pero no hubiera sido posible amarrar en ninguno de ellos.
Sobre todo, con un catamarán de 48'. Pero esta marina, con cerca de 300
amarres, si merece esta consideración. Está muy bien protegida, ya que
además de encontrarse en la zona de sotavento de la isla, tiene un buen
espigón formando la bocana, al tiempo, que la lámina de agua se ha
generado excavando sobre tierra firme y no ganándole metros al mar.
Aunque en esta ocasión pasamos de largo, más adelante os relataré un
simpático percance que me pasó en ese puerto (visto ahora, en la distancia
del tiempo) allá por el invierno de 2016.
Llegados a la Pointe de Vieux-Fort, el motor se hizo prescindible y tras ajustar
las velas, El Temido lll se lanzó en busca del Islote de Cabrit, que cierra por
el norte la ensenada de Le Bourg, centro neurálgico de Los Santos.
El ancladero es inmenso. Protegido al sur por la propia isla Terre-de-Haut,
al este por la punta del castillo de Napoleón, al oeste por el Pan de Azúcar
y al norte, por el Islote del Cabrit. Un marco incomparable, del que uno se
resiste a marcharse.
El fondeo está muy organizado. Se distribuye en varios campos de boyas (a
poco más de 10€/día) y alguna zona donde echar el ancla. Que como podréis
imaginar, son las más alejadas y menos protegidas. Como pensábamos dar
un rodeo a las islas, para después asentarnos unos días en un lugar que nos
gustase, buscamos donde echar el ancla. Encontramos un hueco entre la
Punta de la Tete Rouge y el Pan de Azúcar.
Una vez fondeados, bajamos a tierra. Junto al enorme muelle del ferry, hay
un pequeño pantalán donde amarrar los dinguis. Si ves un hueco, amarra
en él, pues suele estar abarrotado en los momentos centrales del día.
Comprobamos la enorme actividad de Le Bourg. Un bullicio así, no lo veíamos
desde que abandonamos San Martin. La explanada del muelle, se encontraba
repleta de gente de todo tipo. Además de los habitantes de la isla y los
navegantes, el trasiego de barcos de pasajeros, de buen porte, entre Los
Santos y Guadalupe, es constante. Supongo, que una excursión obligada para
todos los turistas que visitan el país. Y creo que merecidamente.
Paseamos por sus calles, sin poder resistirnos al seductor olor que emanan
las panaderías. ¿Quien se contiene ante una crujiente y calentita baguette?.
Buscamos una farmacia, que regentaba un señor que hablaba perfectamente
español, ya que estaba casado con una compatriota nuestra. Algo que nos
vino muy bien, ya que lo que buscábamos era complicado de explicar. Por
suerte, encontramos el medicamento que necesitábamos.
Tras la vista a Le Bourg, a la mañana siguiente, decidimos visitar el resto de
islas. Nos dirigimos hacia el oeste, pasando por el Pan de Azúcar. Comprobamos
que el fondeo que hay tras él, también está ocupado por boyas y que es muy
complicado encontrar un hueco para echar el ancla. Así que lo descartamos
para la vuelta.
Tras pasar la Pointe Boisjoli, extremo occidental de Terre-de-Haut, hay un
pequeño canal que la separa de Terre-de-Bas (similar en tamaño a la anterior,
pero sin su actividad). Hacia el sur, se puede ver Grand-Ilet. Un islote solitario,
con un fondeo poco protegido. Lo descartamos (al igual que el resto de
navegantes, ya que no se ve ningún barco junto a sus costas) y nos dirigimos
rumbo SW para doblar Point a Negre. Antes de llegar, pudimos ver un
pequeño puerto, en el que solo se veían embarcaciones locales. Y tras pasarlo,
nos adentramos en Grande Baie. Al fondo, estaba repleta de pequeñas
embarcaciones, por lo que se hacía complicado echar el ancla junto a tierra.
Pero como el fondeadero estaba abierto al sur, entraba un poco de mar desde
el este, por lo que los barcos de afuera, se movían más de lo deseado.
Encontré un hueco excelente, pero no podía largar mucha cadena, por lo que
me puse a busca en el fondo, un punto donde poder pasar un cabo y asirme
a él, dejando el barco con un mínimo radio de borneo. Si bien esta técnica,
puede ocasionar un enredo en el cabo, si es solo para una noche y el viento
no afecta al barco, con lo que apenas borneará, el resultado es bueno. Por la
mañana, solo hay que soltar un extremo y tirar del otro, para recogerlo. Por
suerte, la anilla de un viejo y enorme ancla que yacía en el fondo, me sirvió
para tal fin.
Tras a comida de medio día, nos dispusimos a dar un paseo y visitar la isla.
Todo el bullicio del día anterior, se había convertido en silencio. Las dos
pequeñas poblaciones de esta isla (una al este y otra al oeste), nos son de
interés para los turistas.
Deambulamos por sus calles, hasta llegar a la playa de Grande Anse, abierta
al este, por lo que la hace impracticable para el fondeo. Y en el oeste, las
dos pequeñas calas que hay junto a Le Mapou, tampoco son atractivas, lo
que explica los pocos navegantes que se ven en la isla.
Tras un largo paseo, entramos en un concurrido bar, lleno de habitantes del
pueblo, en su mayoría "morenos", que se divertían viendo un partido de la
Champions Leage: el París SG contra el Chelsea (1-1). Nos sentamos entre
ellos y animamos también al PSG. Aunque pueda parecer extraño, a pesar
de estar tan lejos, por todas las islas del Caribe se sigue mucho el fútbol
europeo. Los niños (y no tan niños) llevan camisetas del Barça, del Madrid,
del mismo PSG y otros clubes. Algunos, incluso conocían al Betis. 
A la mañana siguiente, continuamos con la turné. Zarpar resultó fácil. Solo
soltar el cabo de una cornamusa y tirar de él desde la otra. En un segundo
lo teníamos a bordo y el barco libre para poner rumbo a donde quisiéramos.
La vuelta a Terre-de-Haut y llegar hasta el fondeadero de Le Bourg, pasando
junto a El Cabrit, no eran más de 7 mn, por lo que en hora y pico, estábamos
buscando una boya, entre la muchas que hay. A media mañana, es un buen
momento para ello, ya que muchos navegantes suelen dejar sus puntos de
amarre a esa hora, para ir en busca de otro lugar que visitar. Afortunadamente,
llegando nosotros un barco dejaba su boya, por lo que la tomamos sobre la
marcha y la hicimos firme. Mientras ordenábamos las cosas en el barco,
hicieron acto de presencia los encargados de controlarlas. Nos informaron
del precio y le pagamos convenientemente. Están todo el día dando vueltas
por el fondeadero, controlándolo de forma exhaustiva.
Una de las visitas obligadas en Le Bourg, es al Castillo de Napoleón. Aunque
para llegar a él, tienes una subida importante.
En la Isla del Cabrit, está el fuerte de Josefina. Pero éste, se encuentra
abandonado. Desde el mismo fondeadero, se puede ir con la auxiliar. Una
pequeña excursión para visitar la isla y lo que queda del fuerte. Como en el
de Napoleón, también hay que subir, aunque bastante menos.
Por la mañanas, antes de que Carlos y Piedi se levantasen, me gustaba ir
por el pan y los croissant recién hechos, para desayunar. Luego, empleábamos
el día en visitar el pueblo y caminar por sus calles, algunas abarrotadas.
También hay bares donde tomar algo y conectarse a la wifi. O local donde
poder conectarte a internet, durante un tiempo "X", por una módica cantidad.
Es buen contraste, entre los lugares solitarios en los que se fondea a veces
y este como Le Bourg, donde la vida bulle.
Continuará.....
Salud y 
Editado por El Temido II en 26-03-2020 a las 19:25.
|