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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#13
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La tarde fue relajada, caminamos un rato junto a la carretera, en busca de algún
local abierto. Pero la zona del embarcadero está un poco desangelada; el bar que preside la playa tenía pinta de llevar varios meses cerrado. Puede que al ser invierno, no acostumbren a ir a la playa, aunque calor, os aseguro que hace de sobra. Y las templadas aguas del mar Caribe, hace que te apetezca darte un chapuzón prácticamente todos los días y a cualquier hora. Tras una plácida noche, emprendimos la ruta, camino de Los Santos. La travesía de hoy era mixta: mitad "a la sombra" de Basse-Terre (9 mn), mitad atravesando el canal que los separa (8 mn). La fisonomía de la costa era similar a la del día anterior, aunque a medida que ganábamos sur, la mancha blanca de las poblaciones se hacía más grande. Incluyendo a la propia Basse-Terre (del mismo nombre que la isla y que la capital de San Critóbal). En Basse-Terre, se observa sobre la misma orilla, lo que debería ser un muelle de carga de cierta envergadura. Aunque no existía un dique que lo protegiese, el tamaño de los amarres y de la zona de descarga, indicaba que el tránsito era de cierta importancia. Realmente, la infraestructura de carreteras de las islas, no son su fuerte, por lo que el transporte de mercancías, mayoritariamente debe hacerse por barco. Poco más al sur, al acabar la ciudad, se encuentra la Marina Riviere-Sens. El único puerto de toda la costa oeste. Puedes encontrar pequeños refugios o diminutos puertos pesqueros, entiendo que no comerciales, como en el propio Deshaies, en Melendure, Baillif o más al sur, junto al faro de la Punta del Viejo Fuerte. Pero no hubiera sido posible amarrar en ninguno de ellos. Sobre todo, con un catamarán de 48'. Pero esta marina, con cerca de 300 amarres, si merece esta consideración. Está muy bien protegida, ya que además de encontrarse en la zona de sotavento de la isla, tiene un buen espigón formando la bocana, al tiempo, que la lámina de agua se ha generado excavando sobre tierra firme y no ganándole metros al mar. Aunque en esta ocasión pasamos de largo, más adelante os relataré un simpático percance que me pasó en ese puerto (visto ahora, en la distancia del tiempo) allá por el invierno de 2016. Llegados a la Pointe de Vieux-Fort, el motor se hizo prescindible y tras ajustar las velas, El Temido lll se lanzó en busca del Islote de Cabrit, que cierra por el norte la ensenada de Le Bourg, centro neurálgico de Los Santos. El ancladero es inmenso. Protegido al sur por la propia isla Terre-de-Haut, al este por la punta del castillo de Napoleón, al oeste por el Pan de Azúcar y al norte, por el Islote del Cabrit. Un marco incomparable, del que uno se resiste a marcharse. El fondeo está muy organizado. Se distribuye en varios campos de boyas (a poco más de 10€/día) y alguna zona donde echar el ancla. Que como podréis imaginar, son las más alejadas y menos protegidas. Como pensábamos dar un rodeo a las islas, para después asentarnos unos días en un lugar que nos gustase, buscamos donde echar el ancla. Encontramos un hueco entre la Punta de la Tete Rouge y el Pan de Azúcar. Una vez fondeados, bajamos a tierra. Junto al enorme muelle del ferry, hay un pequeño pantalán donde amarrar los dinguis. Si ves un hueco, amarra en él, pues suele estar abarrotado en los momentos centrales del día. Comprobamos la enorme actividad de Le Bourg. Un bullicio así, no lo veíamos desde que abandonamos San Martin. La explanada del muelle, se encontraba repleta de gente de todo tipo. Además de los habitantes de la isla y los navegantes, el trasiego de barcos de pasajeros, de buen porte, entre Los Santos y Guadalupe, es constante. Supongo, que una excursión obligada para todos los turistas que visitan el país. Y creo que merecidamente. Paseamos por sus calles, sin poder resistirnos al seductor olor que emanan las panaderías. ¿Quien se contiene ante una crujiente y calentita baguette?. Buscamos una farmacia, que regentaba un señor que hablaba perfectamente español, ya que estaba casado con una compatriota nuestra. Algo que nos vino muy bien, ya que lo que buscábamos era complicado de explicar. Por suerte, encontramos el medicamento que necesitábamos. Tras la vista a Le Bourg, a la mañana siguiente, decidimos visitar el resto de islas. Nos dirigimos hacia el oeste, pasando por el Pan de Azúcar. Comprobamos que el fondeo que hay tras él, también está ocupado por boyas y que es muy complicado encontrar un hueco para echar el ancla. Así que lo descartamos para la vuelta. Tras pasar la Pointe Boisjoli, extremo occidental de Terre-de-Haut, hay un pequeño canal que la separa de Terre-de-Bas (similar en tamaño a la anterior, pero sin su actividad). Hacia el sur, se puede ver Grand-Ilet. Un islote solitario, con un fondeo poco protegido. Lo descartamos (al igual que el resto de navegantes, ya que no se ve ningún barco junto a sus costas) y nos dirigimos rumbo SW para doblar Point a Negre. Antes de llegar, pudimos ver un pequeño puerto, en el que solo se veían embarcaciones locales. Y tras pasarlo, nos adentramos en Grande Baie. Al fondo, estaba repleta de pequeñas embarcaciones, por lo que se hacía complicado echar el ancla junto a tierra. Pero como el fondeadero estaba abierto al sur, entraba un poco de mar desde el este, por lo que los barcos de afuera, se movían más de lo deseado. Encontré un hueco excelente, pero no podía largar mucha cadena, por lo que me puse a busca en el fondo, un punto donde poder pasar un cabo y asirme a él, dejando el barco con un mínimo radio de borneo. Si bien esta técnica, puede ocasionar un enredo en el cabo, si es solo para una noche y el viento no afecta al barco, con lo que apenas borneará, el resultado es bueno. Por la mañana, solo hay que soltar un extremo y tirar del otro, para recogerlo. Por suerte, la anilla de un viejo y enorme ancla que yacía en el fondo, me sirvió para tal fin. Tras a comida de medio día, nos dispusimos a dar un paseo y visitar la isla. Todo el bullicio del día anterior, se había convertido en silencio. Las dos pequeñas poblaciones de esta isla (una al este y otra al oeste), nos son de interés para los turistas. Deambulamos por sus calles, hasta llegar a la playa de Grande Anse, abierta al este, por lo que la hace impracticable para el fondeo. Y en el oeste, las dos pequeñas calas que hay junto a Le Mapou, tampoco son atractivas, lo que explica los pocos navegantes que se ven en la isla. Tras un largo paseo, entramos en un concurrido bar, lleno de habitantes del pueblo, en su mayoría "morenos", que se divertían viendo un partido de la Champions Leage: el París SG contra el Chelsea (1-1). Nos sentamos entre ellos y animamos también al PSG. Aunque pueda parecer extraño, a pesar de estar tan lejos, por todas las islas del Caribe se sigue mucho el fútbol europeo. Los niños (y no tan niños) llevan camisetas del Barça, del Madrid, del mismo PSG y otros clubes. Algunos, incluso conocían al Betis. ![]() A la mañana siguiente, continuamos con la turné. Zarpar resultó fácil. Solo soltar el cabo de una cornamusa y tirar de él desde la otra. En un segundo lo teníamos a bordo y el barco libre para poner rumbo a donde quisiéramos. La vuelta a Terre-de-Haut y llegar hasta el fondeadero de Le Bourg, pasando junto a El Cabrit, no eran más de 7 mn, por lo que en hora y pico, estábamos buscando una boya, entre la muchas que hay. A media mañana, es un buen momento para ello, ya que muchos navegantes suelen dejar sus puntos de amarre a esa hora, para ir en busca de otro lugar que visitar. Afortunadamente, llegando nosotros un barco dejaba su boya, por lo que la tomamos sobre la marcha y la hicimos firme. Mientras ordenábamos las cosas en el barco, hicieron acto de presencia los encargados de controlarlas. Nos informaron del precio y le pagamos convenientemente. Están todo el día dando vueltas por el fondeadero, controlándolo de forma exhaustiva. Una de las visitas obligadas en Le Bourg, es al Castillo de Napoleón. Aunque para llegar a él, tienes una subida importante. En la Isla del Cabrit, está el fuerte de Josefina. Pero éste, se encuentra abandonado. Desde el mismo fondeadero, se puede ir con la auxiliar. Una pequeña excursión para visitar la isla y lo que queda del fuerte. Como en el de Napoleón, también hay que subir, aunque bastante menos. Por la mañanas, antes de que Carlos y Piedi se levantasen, me gustaba ir por el pan y los croissant recién hechos, para desayunar. Luego, empleábamos el día en visitar el pueblo y caminar por sus calles, algunas abarrotadas. También hay bares donde tomar algo y conectarse a la wifi. O local donde poder conectarte a internet, durante un tiempo "X", por una módica cantidad. Es buen contraste, entre los lugares solitarios en los que se fondea a veces y este como Le Bourg, donde la vida bulle. Continuará..... Salud y ![]()
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![]() El cruce del Atlántico y posterior estancia en el Caribe de El Temido lll (2014/2016) http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=145184 Editado por El Temido II en 26-03-2020 a las 19:25. |
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