Re: Y El Temido lll se fue al Caribe
Me entraron ganas de llorar, de la indignación que sentía en esos momentos.
Cuando compré el barco, uno de los "extras" que había solicitado al astillero,
era el de un tratamiento epoxi de la obra viva, de cara a proteger el casco de
las ósmosis. Más de 2000€ (antes de impuestos), que de poco habían servido.
Ahora solo faltaba que el surveyor hiciese el informe preceptivo del estado
global del barco y que el comprador, ante la nueva realidad, en caso de
seguir interesado en la compra, hiciese una nueva oferta.
Mientras devolvían el barco al agua, mantuve una charla con el perito, en la
que le comuniqué que pensaba en que el comprador desistiría o me haría
una oferta muy a la baja. Y sutilmente, le deslicé la idea, de que no pensaba
vender el barco mucho más barato de lo que teníamos entre manos. Que si
por un lado accedía a lo de la jarcia firme, lo de la ósmosis se arreglaba con
un saneamiento parcial. Aunque este hombre me dijo que el cliente había
quedado gratamente sorprendido por lo bien que estaba el barco y que su
intención era comprarlo. Y no pensaba que el detalle de los puntos de ósmosis
fueran a ser un obstáculo para la decisión final.
Me quedé un poco más tranquilo, pero la incertidumbre estaba ahí.
A la mañana siguiente, me llegué al Geminja a ver a Manolo, para comentarle
lo que había pasado y que mirásemos en los distintos varaderos de zona,
cuanto podía costar el tratamiento a los cascos, para eliminar la ósmosis.
Así que pedimos un par de presupuestos, en dos varaderos de la zona.
Una vez hecha esta gestión, Diego y yo volvimos al barco, para hacer la
salida de la parte holandesa, salir de la laguna por el mismo puente de
Simpson Bay y volver al la bahía de Marigot. Y a continuación, volver a
hacer la clearance en el Island Water World. Una pamplina así, te ocupa
más de medio día.
Por la tarde, con todo los trámites resueltos, nos volvimos a encontrar con
Manuel en el bar del varadero Geminja (al que yo llamaba "El Cutre") y
departimos sobre lo acontecido, al tiempo que degustábamos un ron o unas
cervezas. Al día siguiente tendríamos los precios del arreglo, que me servirían
de orientación para saber cuanto poder rebajar el precio, para cerrar la
operación; siempre que hubiese contra-oferta, claro.
Le envié un e-mail a Ariel, para ponerlo al tanto de las circunstancias y que
estuviese atento ante la posibilidad, de que el comprador presentase su
propuesta.
El día siguiente, nada más desayunar, nos fuimos al Geminja, para encontrarnos
con Manuel y ver que tal habían ido las peticiones de presupuestos. Ya tenía
los precios y para sorpresa mía, no se disparaban. Igual, hacer ese mismo
trabajo en España, hubiera resultado más económico, pero había que calcularlo
con los precios de allí y me acordaba de los 100$ la hora que cobró el técnico
que vino a reparar el compresor del arcón frigorífico y se me antojaba un
disparate el arreglo. Pero cuando me dio la cifra, quedé más tranquilo. Si
sumábamos el arreglo de la ósmosis y el cambio de los obenques, la cantidad
dejaba mucho margen para poder cerrar la operación.
En un par de días llegó la contra-oferta del comprador. Y para sorpresa mía,
la rebaja que solicitaba, estaba por debajo del precio del arreglo de la ósmosis.
Y además, no hacía mención a lo de cambiar los obenques. Así que, sobre la
marcha, le dije a mi bróker que la aceptábamos y que se pusiese en marcha
con la documentación.
Mientras se elaboraban los contratos (tanto en inglés como en español), me
dediqué a buscar amarre, para dejarle el barco en puerto al comprador, que
vendría a recogerlo una vez estuviese yo de vuelta en España y hubiese
resuelto varios trámites relacionados con la solicitud de la baja de bandera,
la radiobaliza ... y el más importante, que hubiera enviado los euros a una
tercera persona en España.
Ante la complejidad de la operación, el comprador, además de bróker, decidió
nombrar a un abogado de Mallorca, para que mediara en la operación y se
asegurara de que la documentación estaba toda en regla. El recibía el dinero
de los EEUU y luego me pagaba, tras ir presentándole los papeles que nos
solicitaba. Y después de haber cobrado, yo le daba autorización al puerto
en San Martin, para que le diesen las llaves del barco al comprador y se
llevase el barco. Todo muy medido, para que no hubiese ningún tipo de
fraude, ni por mi parte, ni por la suya.
Como el abogado era mallorquín, me dirigí a un amigo que tengo allí, que
por cierto también es abogado, para pedirle referencias de la persona que
había contratado el yanqui. Mi amigo me comentó que era una persona muy
formal y que podía estar tranquilo con su mediación. Entonces, le llamé
personalmente (al abogado de la parte contraria), para presentarme. Le dije
que había tenido muy buenas referencias de un amigo común y que eso, por
mi parte, facilitaba las cosas. En estos casos, la confianza que te ofrecen las
personas con las que negocias, es primordial.
Para cerrar el tema de la venta, tras varios días confeccionando el contrato,
al que hubo que hacer alguna pequeña modificación, se firmó y quedamos
en que le dejaría el barco en la Marina Port Royal, dentro de la laguna, en
su extremo NE, frente a los restaurantes Le Main à la Pâte y el Spinnaker,
lugares que solíamos frecuentar casi a diario.
Luego, el tema de la documentación no llegó a cerrarse del todo, hasta el
mes de Diciembre, con el envío de los últimos documentos y la entrega por
parte del comprador, de un "piquillo" que se dejó pendiente, precisamente
para cuando se entregasen todos los papeles. Y aquí se dio un ejemplo, de
lo que supone la confianza entre las partes. El yanqui no se fiaba de mandar
el dinero, si antes no le enviaba los papeles. Entonces hablé con el abogado
de Mallorca y le pregunté: ¿tu tienes los euros?. Me dijo que si, que se los
había mandado, pero que no me los podía entregar hasta que no intercambiásemos
la documentación. Le respondí: pues como tu no vas a venir a Sevilla para esta
simpleza y yo no voy a ir a Palma, te los voy a enviar por correo certificado
y cuando los tengas, ya me mandas una transferencia. Dicho y hecho.
Diego, regresó unos días antes que yo. Tuve que esperar a que la operación
estuviera totalmente cerrada y el barco en su atraque. Es más, si me volví
pocos días después, fue porque tenía que hacer los trámites en España,
antes de que se pudiesen llevar el barco para los EEUU. Y aunque había
reservado un mes de amarre en la marina, tampoco sabía cuanto tiempo me
iban a llevar las gestiones a realizar, así que la vuelta tampoco se demoró
mucho.
Y aunque fueron pocos días, los recuerdo con agrado. Me resultaron parecidos
a los que había pasado el año anterior, cuando Urtzi y Piedi se marcharon
y me quedé solo fondeado en Fort de France.
Continuará .....
Salud y 
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