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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#12
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Me entraron ganas de llorar, de la indignación que sentía en esos momentos.
Cuando compré el barco, uno de los "extras" que había solicitado al astillero, era el de un tratamiento epoxi de la obra viva, de cara a proteger el casco de las ósmosis. Más de 2000€ (antes de impuestos), que de poco habían servido. Ahora solo faltaba que el surveyor hiciese el informe preceptivo del estado global del barco y que el comprador, ante la nueva realidad, en caso de seguir interesado en la compra, hiciese una nueva oferta. Mientras devolvían el barco al agua, mantuve una charla con el perito, en la que le comuniqué que pensaba en que el comprador desistiría o me haría una oferta muy a la baja. Y sutilmente, le deslicé la idea, de que no pensaba vender el barco mucho más barato de lo que teníamos entre manos. Que si por un lado accedía a lo de la jarcia firme, lo de la ósmosis se arreglaba con un saneamiento parcial. Aunque este hombre me dijo que el cliente había quedado gratamente sorprendido por lo bien que estaba el barco y que su intención era comprarlo. Y no pensaba que el detalle de los puntos de ósmosis fueran a ser un obstáculo para la decisión final. Me quedé un poco más tranquilo, pero la incertidumbre estaba ahí. A la mañana siguiente, me llegué al Geminja a ver a Manolo, para comentarle lo que había pasado y que mirásemos en los distintos varaderos de zona, cuanto podía costar el tratamiento a los cascos, para eliminar la ósmosis. Así que pedimos un par de presupuestos, en dos varaderos de la zona. Una vez hecha esta gestión, Diego y yo volvimos al barco, para hacer la salida de la parte holandesa, salir de la laguna por el mismo puente de Simpson Bay y volver al la bahía de Marigot. Y a continuación, volver a hacer la clearance en el Island Water World. Una pamplina así, te ocupa más de medio día. Por la tarde, con todo los trámites resueltos, nos volvimos a encontrar con Manuel en el bar del varadero Geminja (al que yo llamaba "El Cutre") y departimos sobre lo acontecido, al tiempo que degustábamos un ron o unas cervezas. Al día siguiente tendríamos los precios del arreglo, que me servirían de orientación para saber cuanto poder rebajar el precio, para cerrar la operación; siempre que hubiese contra-oferta, claro. Le envié un e-mail a Ariel, para ponerlo al tanto de las circunstancias y que estuviese atento ante la posibilidad, de que el comprador presentase su propuesta. El día siguiente, nada más desayunar, nos fuimos al Geminja, para encontrarnos con Manuel y ver que tal habían ido las peticiones de presupuestos. Ya tenía los precios y para sorpresa mía, no se disparaban. Igual, hacer ese mismo trabajo en España, hubiera resultado más económico, pero había que calcularlo con los precios de allí y me acordaba de los 100$ la hora que cobró el técnico que vino a reparar el compresor del arcón frigorífico y se me antojaba un disparate el arreglo. Pero cuando me dio la cifra, quedé más tranquilo. Si sumábamos el arreglo de la ósmosis y el cambio de los obenques, la cantidad dejaba mucho margen para poder cerrar la operación. En un par de días llegó la contra-oferta del comprador. Y para sorpresa mía, la rebaja que solicitaba, estaba por debajo del precio del arreglo de la ósmosis. Y además, no hacía mención a lo de cambiar los obenques. Así que, sobre la marcha, le dije a mi bróker que la aceptábamos y que se pusiese en marcha con la documentación. Mientras se elaboraban los contratos (tanto en inglés como en español), me dediqué a buscar amarre, para dejarle el barco en puerto al comprador, que vendría a recogerlo una vez estuviese yo de vuelta en España y hubiese resuelto varios trámites relacionados con la solicitud de la baja de bandera, la radiobaliza ... y el más importante, que hubiera enviado los euros a una tercera persona en España. Ante la complejidad de la operación, el comprador, además de bróker, decidió nombrar a un abogado de Mallorca, para que mediara en la operación y se asegurara de que la documentación estaba toda en regla. El recibía el dinero de los EEUU y luego me pagaba, tras ir presentándole los papeles que nos solicitaba. Y después de haber cobrado, yo le daba autorización al puerto en San Martin, para que le diesen las llaves del barco al comprador y se llevase el barco. Todo muy medido, para que no hubiese ningún tipo de fraude, ni por mi parte, ni por la suya. Como el abogado era mallorquín, me dirigí a un amigo que tengo allí, que por cierto también es abogado, para pedirle referencias de la persona que había contratado el yanqui. Mi amigo me comentó que era una persona muy formal y que podía estar tranquilo con su mediación. Entonces, le llamé personalmente (al abogado de la parte contraria), para presentarme. Le dije que había tenido muy buenas referencias de un amigo común y que eso, por mi parte, facilitaba las cosas. En estos casos, la confianza que te ofrecen las personas con las que negocias, es primordial. Para cerrar el tema de la venta, tras varios días confeccionando el contrato, al que hubo que hacer alguna pequeña modificación, se firmó y quedamos en que le dejaría el barco en la Marina Port Royal, dentro de la laguna, en su extremo NE, frente a los restaurantes Le Main à la Pâte y el Spinnaker, lugares que solíamos frecuentar casi a diario. Luego, el tema de la documentación no llegó a cerrarse del todo, hasta el mes de Diciembre, con el envío de los últimos documentos y la entrega por parte del comprador, de un "piquillo" que se dejó pendiente, precisamente para cuando se entregasen todos los papeles. Y aquí se dio un ejemplo, de lo que supone la confianza entre las partes. El yanqui no se fiaba de mandar el dinero, si antes no le enviaba los papeles. Entonces hablé con el abogado de Mallorca y le pregunté: ¿tu tienes los euros?. Me dijo que si, que se los había mandado, pero que no me los podía entregar hasta que no intercambiásemos la documentación. Le respondí: pues como tu no vas a venir a Sevilla para esta simpleza y yo no voy a ir a Palma, te los voy a enviar por correo certificado y cuando los tengas, ya me mandas una transferencia. Dicho y hecho. Diego, regresó unos días antes que yo. Tuve que esperar a que la operación estuviera totalmente cerrada y el barco en su atraque. Es más, si me volví pocos días después, fue porque tenía que hacer los trámites en España, antes de que se pudiesen llevar el barco para los EEUU. Y aunque había reservado un mes de amarre en la marina, tampoco sabía cuanto tiempo me iban a llevar las gestiones a realizar, así que la vuelta tampoco se demoró mucho. Y aunque fueron pocos días, los recuerdo con agrado. Me resultaron parecidos a los que había pasado el año anterior, cuando Urtzi y Piedi se marcharon y me quedé solo fondeado en Fort de France. Continuará ..... Salud y ![]()
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