De todas formas, no olvidarse los cofrades de que cuando uno "compra un amarre" no es tal. Sino que por aquello de la concesión, y su caducidad, se trata más bien de un alquiler a más largo plazo. Aunque quizás con un descuentillo, no lo niego. O no, si uno se deja engañar. O también si se engaña uno solo, que también cabe es posibilidad.
Y que por tanto, aparte de no ser para toda la vida su uso y disponibilidad, se carece de muchos de los derechos que implica tener algo en propiedad de verdad. A la par de que cuando acaban las concesiones luego tampoco se suelen mantener los precios.
Una mierda, vamos, para lo que nos gustan los barcos, lo de los amarres.
