No cambiaría nada de lo que menciona Enric. En mi caso, procuro,
- Llegar descansado a la travesía. Hay alguna vez que, navegando en solitario o incluso a dos, todo se ha complicado -meteo, sobre todo- hasta el punto de no poder soltar el timón en toda la noche. Y, ahí, haber descansado bien la noche anterior marca una diferencia importante entre terminar cansado o mucho más que cansado.
- Evitar rumbos próximos a tierra o, incluso, 100% directos en rutas muy concurridas (ejemplo: Denia - Ibiza). En travesías largas, la geometría hace milagros y, sin aumentar de forma apreciable el tiempo de ruta, se puede aumentar significativamente la distancia a la costa, distancia siempre inversamente proporcional a los problemas que encuentras (no sólo relativos al RIPA)
- En mi caso, mis cabezadas son de 10 minutos, con AIS pero sin radar. En su momento, calculé en cuánto tiempo puede echárseme encima una luz que no tengo a la vista (asumiendo una conservadora velocidad máxima de acercamiento de 30') y tomé esos 10 minutos como norma, tras los que estoy despierto 1 o 2 y vuelvo a echar otra cabezada.
- Llevo, siempre al alcance de la mano, una linterna potente y la bocina de niebla.
Si todo lo anterior falla, proyectar una buena luz sobre la vela mayor es una manera efectiva de hacerse ver (salvo que el "contrario" esté en brazos de Morfeo). Y, si es necesario, me apoyo en la bocina de niebla. De hecho, la bocina de niebla me parece imprescindible llevarla siempre cerca y en buen estado; recuerdo una ocasión en Cerdeña donde fue lo único que nos salvó de ser arrollados por una motora de gran eslora que nos daba alcance a unos buenos 25 nudos, a plena luz del día y sin apenas capacidad de maniobrarles; de no haber llevado la bocina a mano, el susto habría sido mucho mayor.
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