Buenas, cervecitas

El ansía de volver y el aliciente de la partida. La paz y sosiego de la llegada a la bocana del puerto y desesperar por partir de nuevo lo antes posible. El balance continuo de la empopada y el alegre andar de la ceñida, los golpes de mar imprevisto en las noches cerradas y surcar las olas de aleta. Culminar la aventura de tu vida de cruzar el Atlántico y planear una vuelta al mundo. El viento y la encalmada. La vela y el motor. El gennaker y él tormentin . Las travesías y los paseos. Las 100 millas y las 3000 millas. La ilusión …….. la conclusión.
Todo se convierte en la euforia y en la desesperanza del marino.
La compañía se hace imprescindible siempre que sea la que te complementa, para travesías cortas cualquiera, aunque yo en dos horas ya estoy harto de la tripulación, para travesías largas mi señora, marinero fiel, con experiencia suficiente como para no tener que hablar en las maniobras.
El perder norte no es lo mismo que ganar norte, no es igual navegar hacia 14º norte que acercarte a los 40ºN, la perspectiva del buen tiempo te anima frente al desasosiego de los fugaces fantasmas destellando en la noche, preludio de lo esperado y no deseado, pero que resignado a la entrega del sufrimiento te hace bajar apesadumbradlo a buscar tu equipo.
La soledad del patrón frente a los acontecimientos que se adivinan y que escondes en maniobras decididas, miradas perdidas intentando escapar de lo inevitable, navegar hacia el castigo, esperando el perdón.
Todo te hace llegar, todo te hace desear la partida. Eres golondrina o eres gorrión es el dilema del marino.
Salud

