Un poco más....
El lunes amaneció algo nublado, pero con un poco de brisa. Desplegamos
todo el velamen y mantuvimos el rumbo WSW, a la espera de alcanzar una
zona donde los alisios estuviesen más entablados. A media que hacíamos
millas, la fuerza del viento iba subiendo y podíamos ir cayendo a babor, para
enfilar mejor las Islas Canarias. Fue ya durante la noche del lunes al martes,
cuando el viento alcanzó los 20/25 nk , enrollamos bastante la mayor y nos
pusimos lo más de popa posible, para que nos llevase a nuestro destino.
La mar se fue agitando, con olas por popa del viento real y con una ola
cruzada de mar de fondo, que nos entraba por estribor, consecuencia de
alguna borrasca que hubiese discurrido por el Atlántico Norte, azotando luego
las costas de las Islas Británicas, de Francia y de la Península Ibérica. Fueron
cuatro días donde el viento se mantuvo constante y donde las olas nos
zarandearon de lo lindo. Desde la mañana del martes, navegamos a la
francesa, con el génova cazado por babor, de manera que no se llegase a
desventar o se acuartelase. De vez en cuando, la ola de fondo nos sacaba de
rumbo, haciéndonos caer a estribor, a veces casi 90 grados, por lo que nos
atravesábamos al viento. Afortunadamente, el piloto automático, de brazo
hidráulico, recuperaba la posición poco a poco y no llegó a saltar ni una vez
en toda la travesía. Una tranquilidad, porque ya sabemos lo “coñazo” que
resulta tener que ir a la rueda cada dos por tres, porque el piloto no puede
gobernar en determinadas condiciones. Mucho más si es en una guardia de
noche.
Fueron casi cuatro días moviditos. Nuestro rumbo no nos llevaba hacia
Arrecife, si no que más bien pasaríamos entre Lanzarote y Gran Canaria. Pero
eso no me preocupaba. Hasta que no estuviésemos al norte de la primera,
siempre podríamos dar un bordo, cazar el génova por la banda contraria y
seguir bajando, intentando hacer un nuevo rumbo lo más directo posible.
A pesar de los vaivenes, llevábamos bien la rutina diaria. La maniobra, lo más
simplificada posible, no nos iba a dar mucho trabajo. Y la alimentación, con
mucha fruta (naranjas, peras, plátanos, uvas…) y verduras (lechuga, tomate,
aguacates…), lácteos (queso, yogurt…) y conservas de pescado (salmón
ahumado y atún mayormente) como proteínas principales; algo de pan,
mantequilla y jamón cocido en los desayunos. Frutos secos, dátiles, chocolate
(de 85% de cacao, no del de Ketama

). Unas magdalenas y galletas, para
acompañar. Poca cocina y platos ligeros, fáciles de elaborar, que quien me
acompañaba, si estaba abajo más de cinco minutos haciendo cosas (que no
fuese acostarse), se mareaba. La tostadita al alba, el plátano a media
mañana, el aperitivo al ángelus, la ensalada a mediodía, la fruta de la tarde y
un poquito de queso al caer la noche, una madalena y una chocolatina antes
de la guardia… vamos, todo el día picoteando. Y mucha agua. Que no falte.
Seguirá ....
Salud y
