La capota tiene la ventaja de ser de quita y pon. Nosotros la usamos sobre todo con rumbos de ceñida para protegernos del viento y de los rociones. Por supuesto, si llueve, protege el tambucho y la escalera para que no entre agua en la cabina. Durante las guardias nocturnas, la capota es también un buen sitio para refugiarse. También hay que añadir que no pesa nada o por lo menos mucho menos que una protección rígida.
Al poder quitarse muy fácil, pues es práctico durante todas las maniobras en las que haya que corretar por la cubierta: se elimina el obstaculo y mejora la visibilidad.
Inconvenientes de la capota, pues este, sobre todo: se ve de maravilla cuando es nueva. Luego, aunque los "cristales" se vayan limpiando a menudo, el material pierde transparencia por culpa (como siempre) de la sal y del sol.
La tela protege de la lluvia durante un tiempo, pero a la larga acaba perdiendo textura e impermeabilidad con lo cual el agua empieza a infiltrarse.
Aun a pesar de estos incovenientes, me quedaría con la capota: me gusta más su versatilidad.
Pero ya sabéis... los gustos y colores...



