De como un pañal de bebe es capaz de hundir un barco de 12 metros o de la vigencia del efecto mariposa en el mar.
Tengo un Moody 376, velero capaz y seguro, se lo compré a una dama inglesa viuda de ingeniero. El barco estaba y está perfecto, tiene todos aquellos detalles que un técnico pondría en el barco de sus sueños.
Cuando uno hereda un barco, toma con él algunos modos y maneras de su predecesor en el mando, aquellas que no cuadran con tu personalidad marinera, las cambias antes o después, otras se mantienen e incorporan a tu, siempre limitado, saber marinero.
Nuestros colegas ingleses, experimentados marinos por otra parte, disponían allí donde alguna gota indeseada aparecía, por la simple condensación a veces, un pequeño pañal de bebé que la absorbiera, dejando así seco el rincòn correspondiente.
Nada que objetar al procedimiento. Si un súbdito inglés, pragmático y con la tendencia a la economía de medios y dineros que son propias a esa ciudadania, consideraba este gasto necesario, lo tomaríamos en consideración al menos.
El barco disponía de sistema tradicional de eje con prensa estopa, y como no, allí estaba el pañal correspondiente para recoger la recurrente gota. Todo perfecto hasta ahí, un invento digno de ponerlo en la sección de trucos de a bordo de este foro.
Adopté este sistema Brit y lo hice mío. Durante un par de años el barco navego con sus Dodotis correspondientes, aunque su edad para llevarlos hubiera pasado hacia mucho.
Quiso el destino que estando en Ibiza con mi hijo de veinte años, se embarcaran dos amigos suyos en Port Roig.
Por principio, no embarco nunca niños para hacer travesías y desconocidos con muchas reservas, sea como fuere embarcamos dos hermanos sin experiencia náutica para el regreso a Valencia.
Tras recalada en cala Bassa zarpamos con buen tiempo y mar en calma para lo que iba a ser un rápida travesía a vela hasta Valencia. El parte meteorológico era bonancible y el viento SW F4, todo perfecto.
A la espera de que se entablara el viento previsto iniciamos la travesía a motor, al termino de las primeras 10 millas, aparecieron los delfines y se diò aviso a la tripulación para verlos. Uno de los hermanos que faltaba y que dormitaba en la cabina, salió a ver el espectáculo y al poco de estar en cubierta y como de pasada me comenta que había agua en el suelo de la cabina, creyendo yo ingenuo que se refería a gotas, les recordé la obligación de secarse despues de la ducha, me comenta al hilo que no son gotas que son mas que gotas.
El siguiente fotograma, es el dantesco espectáculo de pequeñas olas saliendo de tanto en tanto de las panas del sollao levantándolas al ritmo del los cabeceos del barco. Mi cerebro se pone a trabajar buscando entre aquellas paginas, tantas, que había leído. Alternaba aceleradamente unas sobre taponamiento de vías de agua con otras mas numerosas de protocolo de abandono de buques...
Viré en redondo hice proa a San Antonio, puse a la tripulación a la bomba manual y baje pitando a enfrentar el drama.
Atrincherado en la posibilidad de un escape de agua dulce, mentiría si dijera que me sorprendió el sabor salino del agua...Porca miseria.
En el avispero de literatura nautica que tenia en la cabeza, mis neuronas del hemisferio sensato se abrieron paso y optaron por seleccionar la bocina como probabilidad uno de aquella ecuación y allí me fui. Cuando abrí el panel lateral que da acceso al motor, el espectáculo impresionaba, un haz cilíndrico de agua a presión salía entre el eje en movimiento y la bocina,
se expandía en una circunferencia concéntrica mas grande y chocaba con el mamparo opuesto a metro y medio de distancia, entraba mucha agua y el nivel subía con rapidez. La verdad es que si no nos hubiera ido el pellejo en ello, la cosa hubiera tenido su belleza, el chorro tenia reflejos turquesa de mar que se filtraban por los mismos agujeros por los que entraba el agua, jodido Dodotis, malditos ingleses!!!
Es el tercer barco inglés que tengo y cuando surge un problema, las primeras maldiciones son siempre para ellos, sorry about that guys.
Las neuronas siempre al comando dictan parar el motor y así lo hago, el haz infame cesa en su virulencia. Dada la altura del agua aun no se aprecia si continua entrando. Tengo una bomba mecánica Jabsco, accionada por correa que instaló en su día el ingeniero para esta clase de eventualidades, a la espera supongo, como yo, de no tener que usarla. Decido arrancar el motor en punto muerto y embragar la bomba, sabia decisión, el agua baja rápidamente y seca la sentina en pocos minutos. Con la bocina a la vista, percibo que el agua continua entrando en forma ahora de inofensivo chorrillo que cae vertical, compruebo con horror que el causante del estropicio es el inocente pañal.
El eje, no me explico como, lo ha enganchando, lo ha hecho girar y enrollado húmedo, de alguna manera se ha deslizado por el eje inclinado llegando al prensaestopas y ganando despues el exterior del casco y con ello la mar oceana.
Mientras tanto arriba en cubierta seguían bombeando con un ritmo propio de los que no saben lo que hay en juego, explicada la crudeza de la situación en tono subido y bajando de nuevo a los infiernos sentineros, alcanzo aún a oír a mi hijo decir a sus colegas aquello de "no os preocupéis que mi padre siempre lo arregla todo" como si de una pantalla en negro del Windows se tratara.
Es de ley reconocer aquí que sin la circunstancia del tripulante con sueño,sinceramente creo, que el barco no se hubiera salvado, vaya una cosa por la otra. Obligatorio reseñar también que tanto los gemelos como mi hijo, son tíos templados, bragados y poco melindrosos, virtudes estas, mas de agradecer en determinadas ocasiones que el manejar con brío de naufrago una bomba, que visto lo visto tampoco te iba a salvar de la quema. Con la misma flema se hubieran embarcado los tres en la balsa llegado el caso, no me cabe duda.
Saco las herramientas y empiezo tirar de la punta que veo visible del pañal y poco a poco moviendo a mano el eje, aflojando el prensa estopa y metiendo un destornillador doblado a modo de gancho, saco el cuerpo del delito casi completo, acciono la bomba de nuevo y vuelvo a secar el agua acumulada en la operación.
Vuelvo a su posición la parte de la estopada que estaba fuera, la prenso y engrano avante, el eje empieza a girar y aguardo el resultado de la reposiciòn...la frecuencia es de una gota cada 15 segundos con el eje a 2500 rpm de motor, muy asumible dadas las circunstancias, a estas alturas estoy como púgil que cae por KO en el asalto catorce, molido.
El viento fuera se entabla al fin y hay previsión de que sople el resto del día, estudio la situación, los medios con que cuenta el barco, la animada conversación sobre temas variados de los pupilos y decido virar y hacer rumbo Valencia.
Llego a puerto y entrego a los gemelos tarde pero enteros a sus padres y vuelvo con mi hijo a casa, se van todos con ganas de mas, creo que valen para este negociado.
En cuanto a mi, veo que de algo han servido las toneladas de letras leídas y la infinidad de horas pasadas entre grasas,alambres y herramientas de todo pelaje.
Continuo navegando con los pañales como una declaración de independencia frente al destino, pero no tengo ninguno en la sentina del motor, eso si seria tentar la suerte, chulerías las justas.
Tengo instalada una bocina seca desde aquel día y como prevención a su falla, tengo las alarmas acústicas, tres bombas eléctricas, una por sentina, la Jabsco de gran caudal y la manual de palanca. Ante la posible rotura del sistema tengo previstas cámaras de bicicleta y moto para improvisar un tapón de emergencia si llegara el caso, aunque obviamente no lo he probado (aún) creo que funcionaria o al menos esa presunta certeza me tranquiliza.
Del ingeniero heredé también ademas de varios jerseys shetland de primera, una detalle de seguridad sencillo pero clave: Cada grifo de fondo lleva atado con un cordel un espiche de madera de la medida del paso correspondiente a cada uno, para que el taponado sea fácil e inmediato si fuera necesario.
Nunca salgo o levanto un fondeo sin hacer inspección ocular de las sentinas.
En las travesías en solitario que hago a menudo, pienso a veces en el ingeniero inglés que tanto amaba este barco, de alguna manera navega conmigo.
