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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#5
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Adbocat, en el fondo todos admiramos a esos echaos pálante, pero sabemos lo que sacrifican, salvo que sean rentistas y tengan la vida resuelta por otras vías.
Mi viaje iniciático en la vela fue en el Barabah, un shoner-goleta de 30 metros propiedad de Rick, un holandés guasón con unos bigotes enormes, y su encantadora y escultural mujer, Marion. Él trabajaba en una empresa informática y a los cuarentaytodos se echó la manta a la cabeza, compró el Barabah, lo acondicionó de lujo, y Marion y él se dedicaron al chárter por el Mediterráneo. Lejos de las brumas de Rotterdam, con base entre Malta (por las facilidades fiscales y tarifas de hivernaje) y Siracusa (puerta de Sicilia y las islas Lípari), disfrutaron del Mediterráneo haciendo amigos nuevos cada 15 días entre mayo y octubre. Yo fui uno de esos amigos que hicieron, y que conservaron hasta que les perdí la pista. Rick y Marion se reservaban una cabina a popa de auténtico lujo. Un día me la enseñaron, la elogié y Marion dijo: "Sí, pero yo quiero un cuartito en tierra donde no se caiga la foto de mis padres". Un par de años después, Marion se buscó el cuartito en tierra y Rick estaba solo y triste hivernando en Málaga con el Barabah; las cosas no le iban del todo bien: los gastos eran muy altos, siempre había imprevistos, por no hablar de la competencia feroz de las compañías de charter al uso. Acabé por perderle la pista, pero a través de Internet localicé al Barabah, que ahora se llama de otra manera, y el armador ya no es Rick, sino una compañía de chárter que tras reformarlo de nuevo lo ha sumado a su flota de varios barcos. Yo ya no sueño con romper las amarras a hachazos; hasta mi pequeño Raitán tuve que vender por falta de tiempo y dinero... ahora sólo me pregunto hasta qué edad estaré en condiciones de poder romper amarras y cadenas; de disfrutar de la salud suficiente como para ¿a los 60, los 65, los 67 años? rescatar parte de los ahorros de mi vida, armar un pequeño velero y zarpar para mi última y mi gran travesía. Brindo por ello y brindaría por ello hasta carer en coma etílico, si no fuera porque eso me puede restar la salud que necesito conservar.
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El mar, la mar El mar. Siempre la mar |
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