Yo tuve dos barquitos de madera, las típicas bucetas de pesca y coincido con lo que aportan algunos cofrades sobre los encantos del mantenimiento y la restauración. Si te gusta la carpintería y eres creativo, disfrutas como un enano.
Pero hay que ser inflexible con las calidades de la madera durante la construcción, sobre todo con la estructura y el forro. En una ocasión se me pudrió una cuaderna, de roble ni más ni menos (que no habría sido secado adecuadamente, etc. etc.) y tuve también malas experiencias con alguna traca de pino. En ambos casos, el arreglo no es inmediato y necesita de medios técnicos, mucho arte y también dinero para repararlo. Muchas veces también, del asesoramiento o servicio de un carpintero de ribera. Y ya no quedan muchos.
Asumiendo esos inconvenientes, todo lo demás es belleza y disfrute. Yo mismo volvería a la madera si tuviese tiempo.
Una ronda y mucho ánimo,
