"El viajero camina y el Luisardo hace historia y me cuenta que el fundador de Tánger es un viejo conocido nuestro. Se trata de Hércules, pichita. Y lo hizo por amor a una mujer a la que llamaban Tingera. Por ella Hércules
arrejuntó las aguas que bañan el Estrecho y por ella también murió Anteo, pichita, el bigardo que oficiaba de esposo y que le hacía gustos a la bella hasta la llegada de Hércules, cuenta el Luisardo. Según su versión, Hércules, después de sodomizar al ganadero Gerión, fue incitado por Anteo, celoso por el cortejo que se traía con su esposa. Hijo de Neptuno y de la Tierra y también hincha del
Atleti, Anteo medía cien pies de altura de los de la época. La pelea que sostuvo con Hércules, según el Luisardo, que parecía haberla vivido de cerca, fue de las más sangrientas. Hércules, astuto y mañoso, le agarró del rabo y le lanzó por los aires. Antes de caer sobre la Tierra, antes de que su madre lo impulsase de nuevo a la riña, Hércules le tronchó entre sus brazos. Hubo roturas de huesos y salpicón de vísceras. La bella Tingera, espectadora de la masacre, recibió a Hércules con los muslos mojados de deseo carnal. En plena luna de miel, Hércules fue requerido de nuevo por el rey de Micenas, otro encarguito consistente en robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, cerca de lo que ahora es cabo Espartel, pichita, y el Luisardo me señala la costa extranjera, flotando entre nubes negras el trazo de un faro perdido en la otra orilla".
Montero Glez "Cuando la Noche Obliga",
