La Taberna del Puerto Osmosis
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Antiguo 30-07-2014, 10:55
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Predeterminado Re: El hilo didáctico de las cagadas y pifias

- Pequeño saltamontes, si quieres impresionar a tus amigos acercando el barco al pantalán sin esfuerzo, apoya tu peso sobre una amarra y deja que la gravedad trabaje por tí... no olvides comprobar antes que la amarra está firme al barco y al pantalán.
- .... PLUFFF
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J.R. (30-07-2014), MilkyWayExplorer (10-02-2019), Reivah (30-07-2014)
  #2  
Antiguo 30-07-2014, 11:30
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Predeterminado Re: El hilo didáctico de las cagadas y pifias

Son dos encadenadas y unidas por un error: hacer caso a los locales. Mi conclusión es que nunca debes fiarte de nada ni de nadie, solo de la información que te aportan tus recursos de abordo.

Navegando por canal viejo de las Bahamas un día delicioso en dirección oeste, teníamos un contacto en un pequeño cayo en donde acababan de inaugurar un pequeño resort. Antes de llegar nos estaban esperando en la bocana de la barrera coralífera con una motora, nos metieron dentro y nos invitaron a comer y a una jornada de buceo entre corales. Al patrón de la lancha de buceo le preguntamos si el fondeadero era seguro porque se avecinaba viento fuerte del norte. Nos dijo que tranquilos que allí estábamos seguros y que la barrera impedía que entrara el mar. No habíamos pasado más de una hora haciendo apnea entre los corales y gorgonias, cuando empezamos a notar como el cielo se ponía negro. El patrón nos dijo que había que retirarse y cuando llegamos al barco ya había mucha ola y la orza estaba golpeando el fondo. En un momento el viento aumentó de forma exagerada y se hizo de noche. No había luna y no se sabía dónde estaba la barrera porque todo era una rompiente. La decisión era salir a riesgo de perder la vida y el barco, o quedarse cómodamente en el resort isleño a contemplar el espectáculo de ver como el barco acababa desmembrado en despojos sobre la playa. No sé si por valentía o inconsciencia, pero decidimos salir, aunque en esta ocasión ningún “practico” nos giraría entre el laberinto de la barrera. Casi a ciegas, apenas con el reflejo que dejaba pasar alguna nube y con el compañero trincado al estay cabeceando entre las olas, yo veía la sonda que subía rápidamente. Pasé uno de los momentos más duros de mi vida, pero cuando la sonda ya está en dos metros, de repente empezó a marcar más y sentimos como el ruido dela rompiente empezaba a quedar atrás. Nos quedaron dos días y dos noches capeando en el canal viejo de las Bahamas, entre la línea de arrecifes y el tránsito de los grandes mercantes, cuando a última hora de la noche conseguimos llegar a pocas millas de matanzas. Lo que debimos hacer era esperar el día, pero estábamos tan cansados que llamé por la radio a vigilancia costera ( a donde debes reportar en Cuba antes de tu recalada) les informé que mis cartas no eran detalladas, que mi intención era quedarme fuera dado que había mucho mar y consideraba que era peligroso acercarse sin visibilidad alguna. – aquellos días el viento persistente había generado grandes olas e incluso se escuchaba en la radio que muchas poblaciones costeras habían tenido problemas por penetraciones del mar-
Nuevamente cometimos el error de fiarnos de los que considerábamos interlocutores cualificados. Si antes había sido de unos que presumían de “prácticos” conocedores de la zona, en esta ocasión era personal de vigilancia costera que ostentaban de conocer todo aquello como la palma de su mano. Nos pidieron posición por coordenadas y por demora y distancia y así lo hice. Prometieron guiarme y tomada la decisión : para dentro.

Rápidamente nos acercábamos a una mancha en el radar y yo les comunicaba.

Supongo que debe de ser cayo Mono, por donde debo dejarlo por babor o por estribor. Me dejaba muy desconcertado el hecho de que me indicaron que esperara un momento, que lo consultaban. Llamé varias veces porque el velero avanzaba a toda velocidad desde que habíamos abierto el rumbo, hasta que a la tercera o cuarta llamada me dijeron.

Por babor.

No hice más que corregir el rumbo (directo a la mancha hasta entonces) y sentí otra voz por la radio que decía:

No no, vais mal, os vais a encontrar con la barra de arena.

Justo en ese momento sentimos un ruido enorme. Me parecía que tenía el motor de un avión a mi lado. Miré por estribor y no vi nada, todo estaba negro. Hasta que alcé la vista y vi la rompiente allá arriba de la montaña de agua. No pude más que agarrarme al winche y esperar la embestida. Antes de eso, el barco tocó con la orza en el fondo y se tumbó ofreciendo el pantoque. (años después me enteré que eso fue lo que nos salvó porque instintivamente hubiera puesto la proa y como explicaba en otra entrada, eso es lo peor que puedes hacer en una barra, pues fácilmente rompes la rota o el timón, mientas que el pantoque es lo mas fuerte que puede ofrecer el barco.

El caso es que la ola pasó por encima. Yo estaba boca abajo con mis dedos clavados en el winche aguantando la respiración mientras la arena me laceraba la cara. Instintivamente sabía que si me soltaba ese hubiera sido el último día de mi vida.

El barco aguantó perfectamente y el golpe nos sacó de la barra de arena. La siguiente ola ya fue más pequeña pues ya había roto antes de llegar a nosotros.

Cuando recuperamos el aliento, en la radio escuchaba voces desesperadas. La persona que no puedo avisarme a tiempo resultó ser un patrón que me conocía de otros viajes – aunque no sabía que era yo porque el velero era otro distinto al de anteriores travesías. Me dijo que al no escucharnos durante tanto tiempo había pensado en lo peor y que habíamos tenido mucha suerte por haber podido superar aquella situación. Días después cuando salimos y aunque el mar estaba mucho más calmado, puede comprobar la terrible situación que era verse allí metido en la rompiente que rugía como un león hambriento y que había sido la perdición de muchos barcos y tripulaciones, entre las cuales, nosotros deberíamos haber sido los últimos de la lista.

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J.R. (30-07-2014), Jadarvi (31-07-2014), kivuca (31-07-2014), Michael Faraday (06-08-2014), riskfactor (30-07-2014)
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