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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#28
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Era cierto lo que dijo Lin: La Poule se comportaba como un dragón feliz que volase rozando la superficie del agua, cabeceando suavemente para adaptarse al perfil de las olas. Hacía un día radiante y el cielo era tan azul que pensé que en el cénit más bien parecía un concentrado, una mermelada de cielo.
No me dolía nada, nada me inquietaba, no tenía hambre, ni sed, ni ningún deseo específico. Estaba en paz y eso es algo que. por experiencia, sé que no debo pensar demasiado porque enseguida me asaltan preguntas metafísicas. ¿Qué méritos eran los míos para haber accedido a un premio así? ¿Qué me pasaría si, de pronto, la desgracia, la enfermedad o la miseria me alcanzasen? ¿No merecería algún tipo de castigo mi sistemática huida de los compromisos? Acudí al recuerdo de las palabras de mi hijo cuando, al verme azorado por no saber cómo agradecerle el regalo que me hacía, simplemente me dijo: tómalo, te lo mereces, tú has cumplido. Yo había cumplido. Sonaba bien, pero no me parecía suficiente como mantra. Entre las muchas cosas que Julia me dejó grabadas, quién sabe si guardadas en algún archivo de la mente que yo esperaba estudiar en un futuro que nunca llegó, estaba una frase que, según me dijo, había escrito, en un libro terriblemente doloroso y personal titulado Una Pena en Observación, el mismo autor de la serie de cuentos llamada Crónicas de Narnia. La frase, aplicada a la triste historia de la enfermedad de su mujer y elaborada en un momento de remisión del cáncer que sufría, decía algo así como que “la felicidad de ahora es parte del dolor de ‘entonces’”. Y ese entonces se refería al momento, no muy lejano, en que le llegaría la muerte. Se suponía que, cuando ese entonces llegase, el dolor sería incrementado por la carga de la felicidad vivida. Yo sostuve, cuando hablamos de ello, que ese entonces podía también pertenecer al pasado y que, siguiendo una dirección inversa, un dolor antiguo podría llegar a formar parte de la felicidad futura. Luego, la vida me enseñó que hay ciertas cosas controladas por una especie de válvula antirretorno del destino que impide las inversiones de sentido de según qué. No se es más feliz por haber sufrido. Bueno, pues ya veríamos, me dije en voz alta mientras veía, en el horizonte de Levante, surgir la silueta de Ibiza envuelta en el color de la distancia. |
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