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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#30
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https://i.postimg.cc/1XWXsjfc/2006-4.jpg
![]() El año 2006 estábamos en el puerto de Abidján para vaciar el barco de la pesca capturada y hacer los relevos. Pues el segundo maquinista, un gallego de Marín, se empeñó en que teníamos que embarcar un lechón vivo y criarlo a bordo para hacer la matanza en víspera de Nochebuena y darnos un festín la cena de Nochebuena y otro la de Fin de año. Al principio yo era reacio: -¡¿Cómo vamos a tener un gorrino a bordo!?- no me jodas!! -¿Porqué no?- porfiaba él -En los arrastreros de Gran Sol muchas veces embarcamos un porco o un cordero y a la semana hacíamos la matanza. Ten en cuenta que en un barco como este que vamos 28 a bordo hay tantas sobras de comida a diario que podríamos criar 4 porcos, no uno- argumentaba el marinés obstinado. Bueno pues al final me convenció y a la hora de la salida allá que se nos presenta el provisionista no con un gorrino vivo si no con una gorrina que tendría 1 mes de vida y unos 8 Kg. Para entonces ya habíamos acordado que el hábitat ideal para que se desenvolviera la cochina era sin género de dudas el parque de pesca, la cubierta inferior, porque de allí no podía escapar y correr el peligro de caer al mar o en una sentina. El simpático animalito permaneció escondido el primer día pero al segundo viendo que nada podía temer comenzó a confiarse y a darse sus paseos por el amplio espacio del que disponía. Desde el primer día asignaron a un marinero natural de Benín la manutención de la puerca a la que por cierto antes de que pasaran las primeras 24 horas de la estancia del pequeño paquidermo a bordo y dado que pertenecía al género femenino bautizaron como "Leticia". El marinero beninés al que llamábamos Novo porque su apellido era G´menovo recogía de la cocina a diario las sobras vegetales después del almuerzo y después de la cena y cebaba a su nueva "amiga" con una dedicación y un cariño encomiables, tal es así que la cochina reconocía al beninés en cuanto éste ponía los pies en el parque de pesca y corría a su encuentro como si de una perrita se tratara. A no ser que pilláramos temporal la gran escotilla de descarga que había en proa permanecía abierta y cuando el rubicundo Apolo dejaba caer sus cálidos rayos hasta la cubierta inferior a través de la misma la avispada "Leti" como ya llamábamos todos a nuestra mascota se tumbaba al Sol panza arriba sobre unos retales de paños de red que su amigo Novo había depositado en el lugar. La simpática gorrina se hizo de tal manera al barco, a sus ruidos y ajetreos que cada lance de red cuando se embarcaba el pescado por medio de las cintas transportadoras con la mitad de la marinería y el personal de máquinas trajinando entre las escotillas de las cubas, pescados cayendo por todas partes etc ella ni se inmutaba, es más, si caía en sus proximidades un pescado roto lo degustaba sin contemplaciones. Por lo visto gustaba variar su dieta cotidiana de toda clase de vegetales con pescado fresco. El contramaestre muy hábil había dictaminado que la mitad de marineros que bajaban al parque de pesca para ayudar en el embarque de pescado en cubas fueran todos católicos, y por consiguiente la otra mitad que quedaba arriba haciendo las labores de salabardeo fueran los musulmanes, de esta manera obviamente se eximía a éstos últimos de tener el más mínimo contacto con la Leti. Ay amigo!, pero este estado de cosas consistente en comer a saco, dormir y tomar el sol según el segundo maquinista harían que para cuando tocara la matanza la gorrina estuviera convertida en una gran bola de tocino. Así es que decidió administrar a la Leti sus sesiones de gimnasia diaria que consistían en poner al animalito sobre una cinta transportadora en marcha y obligarla a caminar ligero para que criara más carne y menos grasa. El marinés cuando nos informó del tema nos partimos de risa, se trataba de un elemento bromista, burlón, que siempre buscaba el lado cómico de las cosas, un individuo de mi edad que hacía reír a las estatuas. Pero todo lo bueno acaba, así como todo lo malo. Inevitablemente llegó el día 23 y había que sacrificar a la marrana de la que todos nos habíamos encariñado (yo creo que incluso los senegaleses). Entonces ni corto ni perezoso le solté al marinés que puesto que él había originado la situación sería él que tenía que encargarse del desagradable cometido. El segundo del departamento de hierros a regañadientes cumplió. Todos nos mostramos tristes pero no había otra, porque de no matarla se haría enorme con el transcurso del tiempo amén de los problemas que nos podría acarrear en puerto si continuaba con vida. Dado que la Leti en el mes que estuvo a bordo había alcanzado un peso superior al doble decidimos cortarla longitudinalmente en 2 mitades simétricas, una para Navidad y la otra para Nochevieja. Al día siguiente para cenar degustamos la primera mitad al horno, lógicamente y como siempre el cocinero preparó otro tipo de carne para los musulmanes pero el toque de fibra vino cuando Novo, el mejor amigo que había tenido la Leti y padre de familia se echó a llorar en la mesa compungido repitiendo entre sollozos: -Yo no querer comer Leti- Decidí que no volvería a embarcar un gorrino vivo. En años posteriores en los que me tocó hacer Navidades en la mar previamente metimos unos lechones sacrificados y limpios en la gambuza frigorífica y punto.
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Stemma Proderi In Primis Bermei Editado por TXELFI en 12-04-2020 a las 23:19. |
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