Sírvanse unas rondas a mi costa, señores cofrades y permítanme que les explique que en el Mare Nostrum, hubo, hay y ha de haber, si el hombre no lo impide, escualos de varias especies. Desde el cuasi inofensivo y asustadizo cazón, al que los hombres de ciencias letrados llaman Galeorhinus galeus, pasando por la que el vulgo llama tintorera ó tiburón azul y los sabios Prionace glauca, hasta el muy peligroso y harto voraz marrajo, que los libros apellidan como Isurus oxyrinchus, y que entre nos, sencillos marrajeros, a veces decimos tiburón mako ó de corta aleta. De este último conviene huir, escapar, alejarse si la mala fortuna nos lo ha de poner delante. Aunque dicen bravos marrajeros que un simple golpe en su hocico, ha de causar tanto daño al mencionado tiburcio, que este huirá, como alma que lleva el diablo. Nos se fíen voecencias de semejante dicho, que por confiados mas de uno perdió dedos y aun mano entera y anda ahora descorchando botellas de ron con el garfio que luce en la punta de su muñón. Permítanme añadir, caballeros de fortuna, que si bien resulta fiero el marrajo, mas aun resulta bello y poderoso cuando se ha ocasión de observarlo. Todo músculo y potencia. Y dícese entre las gentes de este oficio, que si no se le reta o molesta, tal animal no ha de atacar a ser humano, pues desconoce si se trata de posible sustento, ó peligroso enemigo. No ha de causar sin embargo este relato zozobra o inquietud alguna a cuantos nautas deseen aplacar los rigores del estío con un sano y saludable chapuzón en alta mar, pues en general, estos escualos son solitarios y escapan de los bullicios y ruidos que los seres procuran al ejercer eso que llaman los modernos deportes acuáticos... Aun así señores cofrades no se han de fiar sus señorías ni medio cabello de dama remilgada, que accidentes siempre hubo y ha de haber y los mencionados animales, eso son... animales que a razones no atienden.
Tabernero, tenga a bien proporcionar otra ronda a los presente y una doble para el parlante , que seca tiene la boca de tanto hablar.


