No puedo no darte la razón LP706, ya que pienso igual que tú.
Aun así, cada cual con su movida y la administración francesa es todo menos tonta (y también tiene vigilados a sus listillos dentro de sus propias fronteras, no te vayas a pensar!)
Para certificar tu residencia (o sea establecer lo que se llama una "attestation de domicile"), hay dos vías posibles:
1) resides efectivamente en Francia. Puedes probarlo con tu contrato de alquiler, cualquier factura de suministros a tu nombre, tu tarjeta de elector, etc.
2) resides en casa de un conocido o familiar (sería pues éste el caso): dicho amigo tendrá que darte a ti los documentos acreditando la residencia y responder, mediante carta firmada, del hecho de que compartes esta residencia. O sea, mentir descaradamente ante la administración.
No te quepa duda alguna que en caso de que el armador con su bandera francesa se salte alguna de sus obligaciones le saltarán al cuello, cuanto más si ha cometido un fraude frente a la administración, cosa que se suele castigar con contundencia. En efecto, al contrario de lo que a menudo pasa aquí, la administración francesa presupone la buena fe del administrado (muchos certificados son simples atestaciones sobre el honor, por ejemplo), pero no dudará en multarlo, o castigarlo de peor modo aún, en caso de fraude.
Dicho eso y dado el contexto actual, es lícito imaginar que la administración se muestre algo liberal mientras el armador vaya pagando religiosamente su impuesto anual, ya que ingresos les hace falta a las arcas galas también, resida aquél de un lado o otro del Pirineo. Eso sí: algún riesgo hay, desde luego. En caso de no pago del impuesto, le caerá el pelo al complaciente amigo de Francia...

