La Taberna del Puerto Almayer
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Antiguo 23-03-2012, 18:44
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Terral Terral esta desconectado
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Predeterminado Re: Tomar Rizos Empopada

He leido este hilo con gran interés, pero a pesar de aprender buenos trucos y astucias, no he acabado de ver la manera de haberlas aplicado cuando a mí se me presentó la ocasión.

En mi caso, estaba navegando "de paseo", un dia cualquiera de los que sales a dar unos borditos. Iba yo solo. La previsión, buena. El barco, pequeño (20 pies).
Cuando empezó a subir el viento iba ciñendo y, ya que no iba a ningún sitio concreto, abrí un poco el rumbo para disminuir la escora.
Al cabo de un rato, el descuartelar también se hizo un poco incómodo, de modo que volví a arribar hasta el través. Después de un tiempo disfrutando de este rumbo, pensé que aquél viento, a pesar de no venir reflejado en el parte, parecía que había venido para quedarse, de modo que pensé en tomar un rizo, por precaución. Pero para entonces, las rachas ya me habían hecho rendir el través a la aleta varias veces, así que terminé de claudicar y me mantuve en este último rumbo para preparar la maniobra con más seguridad.
Pensé en ponerme el arnés pues, visualizando el momento de aproarme a ese viento con todo el trapo arriba, recuperé la sensación que tenía en mi velita ligera instantes antes del inevitable chapuzón. Así pues, dejé el gobierno al piloto y me dispuse a meterme en la cabina para pertrecharme.

Lo que viene a continuación ya lo sabéis, pues pertenece al mundo de la "lógica aplastante", (una lógica que, en aquél momento, encontré alguna forma de esquivar).

Con unos pitidos desesperados (o eso me parecieron a mi), el piloto automático me avisó de que él no podía hacer más, y que si no corría a sustituirle en ése mismo momento, nos íbamos a dar un buen baño. De un brinco llegué hasta la caña y de un manotazo, el piloto quedó relegado de su cargo. Agarrado al guardamancebos para no caer y tirando de la caña como si quisiera sacar el barco del agua colgando de ella, vi como el portillo de babor se sumergía en el agua para ofrecerme una panorámica de mi próximo destino.

Después de aquella orzada, la razón volvió a mi con la resignación de quien vuelve de una feliz excursión. Estaba claro que en aquella situación no podía soltar la caña ni un segundo, el piloto no era capaz de corregir las enormes guiñadas que provocaba la creciente mar de popa.
De modo que allí estaba yo, con la caña en una mano y la escota de la mayor en la otra, al más puro estilo vela ligera, buscando un destino que coincidiera con mi proa.
Afortunadamente vi que, aunque no por mucho, con sólo terminar de arribar hasta la popa redonda, me evitaría tener que cruzar todo el atlántico para tocar tierra (en la península de Florida, según mis cálculos ). Pero no acabé de atreverme con un rumbo tan peliagudo para la ocasión, así que seguí a un largo, aprovechando el final de cada surfeada para abrir la proa y así, al descuido, irle robando grados a la derrota para no tener que pasar por encima (o a través) del espigón que ya se iba distinguiendo con claridad.
Al irme acercando a tierra, (y muy probablemente por efecto de esta), el viento roló ligeramente, pero lo justo como para poder corregir el rumbo y ahuyentar el fantasma de la trasluchada.
Ya casi llegando, me crucé con un velero que venía en rumbo opuesto, ciñendo a rabiar con una mayor que apenas le llegaba a las crucetas y un génova reducido al tamaño de un tanga de la talla M. Quiero pensar que se llevaban las manos a la cabeza para protegerse de los rociones no por verme pasar, como una exalación, despeñándome por las olas con todo el trapo arriba.
Por fin, al socaire del espigón, pude arriar y aferrar las velas y ya con el motor, me dirigí al pantalán de cortesía donde amarré con triples nudos gordianos.
En capitanía, aún con las piernas flojas y con la boca como un zapato,formalicé el amarre, pues a pesar de no poder borrar de mi cara una estúpida sonrisilla de loco, no tenía ni la más mínima intención de tomar el "camino de vuelta" almenos, hasta el dia siguiente.

Por supuesto la enseñanza, una vez más, es que hay que prevenir antes que curar, pero tened en cuenta que para un pequeño velero las condiciones extremas llegan mucho antes.

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