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Predeterminado Re: Cruzar El Charco?

Vuelta al mundo en familia en un velero de 6,5 metros



Este relato apareció en la revista Voiles et Voiliers num.410 de abril del 2005. Se trata de una pareja alemana: Hans Habeck y Carola (40 y 34 años) con su hijo Andreas de tres años en el momento de salir, que se deciden a dar la vuelta al mundo con un velero que personalmente me encanta, el Etap 21i (www.etapyachting.com) durante los años 2000, 2001 y 2002. La verdad es que hay que echarle valor, no solamente porque pueda parecer más o menos peligroso, sino también por la falta de comodidad que implica un barco tan pequeño.

La ruta elegida es la más lógica: de Holanda a las Antillas, paso del canal de Panamá, Galapagos, Islas Marquesas, Samoa, Australia, Maldivas, Canal de Suez hasta Francia, paso al Atlántico por el Canal del Midi y llegada a Alemania...... en total 30.000 millas en tres años.

El coste total de la aventura es acorde al tamaño del barco:

* Compra del barco y equipamiento necesario : 30.000

* Coste total durante los tres años : 30.000 de los cuales 1.300 por la compra de un motor nuevo en Arabia Saudita, 950 por el paso del canal de Panamá, 550 por los visados en Australia para permanecer varios meses, y 700 por "estacionar" el barco en tierra durante dos meses en Maldivas.

La lectura de este periplo despierta muchas reflexiones sobre qué se necesita para navegar. El equipamiento del barco se reduce a: un motor de 3,5 CV (que luego cambiarán por un 15 CV) que sirve también para el anexo, una sonda, dos radiobalizas, tres GPS, un piloto de viento, un panel solar de 18 W, un VHF portátil, un receptor de onda corta, y un sextante (que no salió de su caja). Disponían de una única batería de 31 amperios y una cocina de un fuego de alcohol.

Es evidente que hay que tener cierta disciplina física para conseguir vivir tres años en estas condiciones, pero resulta ilustrativo que en ningún momento se enfrentasen a un riesgo real de naufragio, ni ningún tipo de "accidente náutico". Habrá quien diga que son unos locos, pero leyendo su relato se aprecia una sensatez y prudencia mucho mayor que las de otros navegantes con barcos mucho mayores.

Es gracioso que al llegar y pasar su hijo un examen psicofísico para entrar en el colegio, le preguntan al padre : "¿Pero que es lo que le impulsa en realidad a hacer algo así?" a lo que responde: "el viento.".

Quebec-La Rochelle (Francia) en un barco de 7,70 metros

Este relato, aparecido en Voiles et Voiliers num. 265 de marzo de 1993 es más atrevido que el anterior, pese a utilizar un barco más grande.

Christian Bouly, su mujer y uno de sus cinco hijos recorren el Atlántico en un Fantasia de 7,7 metros ... Hasta aquí nada especialmente extraño, a no ser el reducido tamaño del barco. Lo curioso es que el autor de la travesía, nunca se había interesado por la náutica. Hasta que durante una vacaciones le engancha en gusanillo de la navegación, y decide cambiar completamente de vida. Vende su casa, decidido a volver a su país (Francia) con barco incluido. No tiene ninguna experiencia por lo que se estudia el Curso de Glenans de arriba a abajo y sus únicas experiencias son en el lago Champlain, en Canadá.

En verano de 1990 se decide a llevar el barco hasta el mar vías el río Hudson (aparece en Nueva York), y sube hasta Salem para la gran salida. En este primer trayecto ya pasa innumerables peripecias fruto de su inexperiencia. Se da cuenta de que tiene que tomar una decisión: o la casa o el barco. Lo ve todo negro: dejar el trabajo, sin dinero, con un barco demasiado pequeño..... Amplia sus conocimientos náuticos (navegación astronómica, etc...) y se decide: vende todo y se lanza a la aventura.

Cuenta que antes de salir no tiene más que pesadillas. El día de la partida, tiene un miedo terrible y desea echarse atrás, pero no lo hace. Hace viento y mala mar, se estropea el piloto de viento, se marean. Al final el viaje se desarrolla sin problemas, y eso que elije una ruta directa más bien difícil. Tras el viaje, el mayor deseo de su mujer es un barco más grande y con ducha y WC, el de Christian, una cabina para ellos solos, que se pueda cerrar, y con una buena cama.

El texto obtuvo el premio "Pavois de la Croisiere 1992" al mejor relato de un marino aficionado. Constituye una prueba más de que los viajes no están limitados por el tamaño del barco.


os pongo estos dos relatos para hacer ver que como en el sexo el tamaño no importa o si?
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KIBO (20-02-2013)
 

El seguro de mi barc

Etiquetas
atlantico, dufour 28, navegacion en familia, preparacion de un barco


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