Cita:
Originalmente publicado por lunero
A mediados del siglo XVI, en una isla perdida en mitad del océano pacífico fondeó un galeón español.
En esa islita había infinidad de especies y se mantenía un equilibrio evolutivo entre ellas de miles y miles de años. La vida bullía por doquier.
El caso es que el galeón se fue; pero se dejó en la islita media docena de ratas. Este animal que no era producto de la evolución del microecosistema de la isla tenía un poder depredador y capacidades de supervivencia adaptadas a un medio donde la lucha por la supervivencia era más "sofisticada". ¡Vamos!, que podía más, era una "mega-competidora".
Ejerciendo tal poder las ratas vivieron holgadamente durante unos años, comían a destajo y se reproducían como tales. Su "megapoder" rompió el equilibrio trófico de la islita y empezaron a desaparecer las especies no tan poderosas y luego las medio-poderosas y al final las mega-ratas se empezaron a comer unas a otras porque las demás débiles especies habían desaparecido.
Como las mega-ratas eran pocas, la verdad es que el festín entre ellas duró poco.
Ahora la isla es un desierto. No hay vida. Probablemente en un par de millones de años la islita volverá a ser un sitio agradable para vivir con papagayos y ranas y ratoncitos y mucha variedad de especies con capacidades... huuum... ¿adquisitivas? en consonancia con sus congéneres.
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Creo que capto el sentido del relato...
Los navegantes portugueses y me imagino que los españoles, que realizaban la misma travesía en años sucesivos, para aprovisionarse con facilidad, solían dejar una pareja de cabras en islotes fácilmente accesibles y no demasiado grandes, para que se reprodujeran y poder parar allí en otras visitas.
Es recurrente, al menos en la costa africana, el nombre de Ilheu das Cabras, y también es normal que, a pesar del tiempo ya pasado, sean islas notablemente menos verdes que las que las rodean...
