A quienes nos toca entrar o salir a vela dando muchos bordos por un canal estrecho contra el viento y la corriente, estamos acostumbrados a que nos miren los pescadores y los tractoristas con cara rara. Seguro que piensan que somos unos rácanos, que perdemos mucho tiempo por no comprarnos un motorcito y gastar un poco de combustible. Sin embargo, son esos momentos los que te hacen sentir la vela. Cuando tu atención está al 100%, y consigues metro a metro ganarle el pulso la corriente. Y lo duro que es, después de haber ganado unos metros, que caiga el viento o escasee y los vuelvas a perder, y vuelta a empezar. ¿Quién no ha quedado varado en alguna ocasión por un mal cálculo o para evitar el abordaje de alguien que deriva sin gobierno?. Es la Escuela de la Vela Ligera, o la vela sin motor; muy recomendable para todo navegante, y es por ello que casi todas la Armadas y Facultades Náuticas tienen sus veleros de instrucción.
