![]() |
|
|
|
| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
#11
|
||||
|
||||
|
Un poco más. (Llevo un par de días en la Taberna y mi mujer dice que estoy enganchado...
) −Te lo agradezco mucho.− Respondió Susana. −Yo casi siempre viajo sola también,− añadió −y en ocasiones intento cuidarme demasiado de los que me rodean. Peter saltó al muelle sonriente. −Entonces, en marcha. ¡A tu servicio, Peter el busca barcos! Un buen rato después se sentaban frente a frente en una de las mesas de uno de los restaurantes del puerto, separados por una fuente generosa de ensalada y algún que otro plato de pescaitos fritos. La gestión en la torre había resultado fructífera a medias. En efecto, había habido allí un barco llamado Saroyan. Se había marchado la semana anterior. Y sí, era posible que fuera en él una chica acompañando al patrón. Tras aquella mala noticia, Peter se había dado cuenta de que la joven se había quedado algo descolocada. Parecía que no había pasado por su imaginación que su amiga no estuviera allí aguardando su llegada. Daba la impresión de no tener previsto el siguiente movimiento. Él, por su parte, la verdad es que también se había visto sorprendido. Había soñado desde el principio lo que le gustaría llegar a intimar con aquella muchachita tan atrayente, pero nunca había creído que pudiera llegar a resultar tan sencillo. Sin su amiga y completamente sola, bueno, se hacía algunas ilusiones. Por lo pronto, aprovechando un momento de debilidad de Susana, había logrado convencerla para que ahogara sus penas delante de una buena comida. Como había supuesto, había tenido que vencer una primera resistencia. Al final había conseguido que ella aceptara sentarse en la mesa con él, aunque con la condición de pagar a medias. Luego, después de enterarse, entre otras cosas, de que era cierto que ella no tenía la menor idea de lo que iba a hacer a continuación, un plan comenzó a madurar en su cabeza. Era algo bastante descabellado, lo reconocía. No obstante, podía resultar. −Verás.− Comenzó, tras echar un trago de la jarra de cerveza con la que se estaba acompañando. −Lo primero de todo es que no quiero que vayas a pensar mal de mí por lo que voy a proponerte.− Ella se echó hacia atrás y se quedó mirándolo directamente a los ojos, con una incierta sonrisa que podía significar muchas cosas, y que desde luego no contribuyó a apaciguar su creciente nerviosismo. −Ya sabes que vivo en mi barco.− Prosiguió él. −Que me gano la vida haciendo trabajillos aquí y allí. Sólo lo justo para vivir y mantener con cierta decencia mi cascarón. Que lo mismo estoy una temporada en este puerto, que en el de más allá, que al otro lado del charco.− Esto último era de momento un sueño, pero todo se andaría. −Lo que quiero decirte es que estamos en verano, hace buen tiempo en todas partes, ahora mismo he ahorrado lo suficiente para permitirme unas pequeñas vacaciones y, bueno,− Hizo una pausa para tragar saliva, bajó los ojos un instante y, cuando los levantó de nuevo, concluyó: −que estoy dispuesto a dejarte subir a bordo para buscar a tu amiga. Si es que no tienes otra cosa mejor que hacer, naturalmente.− Se apresuró a añadir. Las cejas de la muchacha se levantaron con una expresión de asombro y el trozo de calamar frito se quedó a medio camino de su boca. −Pero, ¿cómo vas a hacer una cosa así?− Respondió por fin, en un tono de absoluta incredulidad. El sonrió, mientras pensaba para sus adentros que algo le decía que aquello iba a salir bien. −Pues es lo que hago siempre.− Contestó, procurando sonar relajado. −Un día me levanto con ganas de viajar, suelto amarras y me voy. No veo qué diferencia puede haber entre hacerlo porque sí o porque voy buscando a alguien. Ella negó con la cabeza, al tiempo que permitía al calamar cumplir con su destino. −No me lo puedo creer. Al final va a ser verdad eso que dicen de que los marinos estáis todos un poco tocados. −Comprendo que te pueda sonar precipitado.− Insistió Peter. −Pero es que nos llevan una semana de ventaja. Por lo demás, es mucho más normal de lo que tú puedes imaginar eso de embarcarse en el barco del primer desconocido que se cruza en nuestra derrota. No debe sorprenderte demasiado. Si he de ser sincero, hay algo de verdad en eso que dices sobre los marinos. Formamos una comunidad especial, separada del resto de los mortales, lo que nos hace comportarnos de una manera un poco diferente a lo que otra persona, a lo mejor, consideraría como corriente. También es verdad,− añadió, no dejándola interrumpirle, −que no nos conocemos de nada. Pero eso no es un obstáculo, sino más bien un aliciente. Una mera cuestión de confianza. Yo te aseguro que soy un buen tipo y que te puedes fiar de mí; y opino lo mismo de ti. ¿Qué te parece? ¿Estás dispuesta a pensarlo, por lo menos? Ella seguía moviendo la cabeza con expresión de no dar crédito a lo que estaba oyendo. −Suponiendo que nos fuéramos de verdad a buscarles, ¿cómo íbamos a encontrarles? Él sonrió de nuevo y aprovechó para volver a prestar atención a la comida de su plato. Estaba seguro de que se iba a embarcar con él. ¡Lo iba a conseguir! ¿Quién se lo hubiera dicho aquella misma mañana cuando se despertaba? −Ya, el mar es muy grande, ¿verdad?− Repuso. Tomó un nuevo trago de cerveza y se recostó sobre su propio respaldo. Le gustaba hablar de lo que más conocía. −Sin embargo, para nosotros los navegantes, no es tan inconmensurable como para los demás. De hecho, hasta resulta bastante pequeño. Es muy sencillo. Estamos en un puerto de Almería, de manera que tu amiga ha zarpado o hacia estribor o hacia babor. Ir hacia el oeste no se suele hacer mucho por estos lugares. El Estrecho está muy cerca y después, ¿qué? Los que van a cruzar el Atlántico son los únicos que enfilan esa dirección, junto con los extranjeros que vuelven a casa. A tu amiga no la veo yo en ese rumbo. Por supuesto que me puedo equivocar.− Concedió, echándose hacia delante. −Sin embargo, algo me dice que no. Para alguien que no ha navegado mucho, eso de lanzarse al otro lado del mundo en un velero es un poco fuerte. Me parece mucho más probable que hayan preferido partir hacia el este. Hay un montón de puertos, todas las playas que quieras y, sobre todo, están las islas. Si yo fuera el patrón del Saroyan, desde luego, ése habría sido el rumbo que habría tomado.− Hizo una última pausa, y concluyó: −El resto es suerte. No dejar una cala o un puerto sin explorar y tarde o temprano los encontraremos. ¿Tienes prisa? Susana volvió a sonreír, todavía incrédula. −No, prisa no. Yo vivo un poco como tú, aunque en tierra. Trabajo lo justo para sobrevivir una temporada donde me apetezca. No estoy ligada a ningún sitio, ni a ninguna fecha. −Que diferente era cuando estabas en casa, ¿verdad?− Peter había soltado esto último sin pensar y enseguida se arrepintió. −¿Vas a hablarme ahora como mi madre? −¡No, claro que no!− Se apresuró a responder. −Era una broma. Bien, no tienes prisa, ni tienes ningún compromiso ineludible. Lo que sucede es que así, de sopetón... Te comprendo perfectamente. La verdad es que esto suena un poco precipitado. ¿Sabes una cosa?, lo que ocurre es que la vida me ha enseñado que las ocasiones hay que aprovecharlas cuando se presentan. Las segundas oportunidades no existen. La muchacha volvió a recostarse en su asiento, para terminar respondiendo en tono irónico: −Así es que yo soy una ocasión de esas... Peter agachó la cabeza. Él solito se había ido complicando. −En el buen sentido, mujer.− Contestó conciliador. −Colócate en mi lugar. Llevo ya demasiado tiempo atrapado en este puerto. Tanto, que estoy permitiendo que crezca caracolillo entre mis pies, como decimos nosotros. De repente, llegas tú esta mañana. Una especie de aparición, salida de nadie sabe dónde, y consigues extraerme de mi monotonía con sólo cuatro palabras. Eres una ocasión, de verdad, no te ofendas. Zapar a la aventura y con alguien con quien charlar. Es todo lo que te ofrezco, no pienses mal de mí. Ella seguía con el ceño fruncido, aunque no parecía molesta. Tenía cara de estar sopesando a toda velocidad los pros y los contras de lo que Peter le estaba proponiendo, de manera que éste decidió dedicar unos minutos de atención a la comida, mientras ella llegaba a alguna conclusión. −¿Y si dijera que sí?− contestó por fin. Peter se rascó la cabeza y comenzó a calcular en voz alta. −Bien, pues hoy es martes, me parece, o sea que está todo abierto. Podríamos ir dentro de un rato a comprar algo de comida a tu gusto, porque yo repuse provisiones precisamente ayer. Luego, llenamos los tanques de agua y gasoil, le damos una baldeillo al barco y zarpamos. Es bastante temprano. Si nos damos prisa en todo eso, podemos fondear esta noche en Genoveses. ¿Qué tal? −Bien. Bueno, supongo que bien. La verdad es que todavía pienso que esto no puede estar sucediendo. La primera persona a la que le pregunto por mi amiga, y se ofrece a llevarme en su barco a buscarla. ¿Es normal esto entre los navegantes?− Peter iba a contestar, pero ella no parecía esperar respuesta a su última cuestión. −No importa. Lo que sí quiero que sepas es que no soy una de ésas. No me voy con el primero que me lo propone, puedes estar seguro. −Ya, ya, desde luego. Nunca he pensado tal cosa.− Terció él. −Es sólo que esto es especial. −Por supuesto. Y, descuida, que ya te he dicho que puedes confiar en mí. De todas formas, no estamos haciendo nada extraordinario. Estoy seguro de que has hecho autostop más de una vez en tu vida. Venir conmigo tienes que tomarlo como algo semejante. Sólo que menos peligroso que un coche, puedes creerlo. En realidad es como si te hubiera recogido en la carretera con una caravana. Cambiando de tema, ¿quieres postre? ![]() ![]() ![]() |
| 11 Cofrades agradecieron a Yan Yun 3 este mensaje: | ||
AILANAUTIC (07-03-2015), Antonio_Mataelpino (09-03-2015), ayapitas (07-03-2015), Coda di lupo (08-03-2015), forner82 (06-03-2015), iMystic (07-03-2015), jacarejack (06-03-2015), jotayes (17-03-2015), leviño (06-03-2015), miguel76 (06-03-2015), pixuetu (10-03-2015) | ||
|
|