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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#25
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Un poco más
Cuando Susana colgó el teléfono se quedó con la mirada perdida durante un buen rato. Acababa de dar un salto sin red para alcanzar una división superior en una liga a la que todavía no sabía si había sido convenientemente invitada. Hasta ese momento su trabajo había tenido sus riesgos, pero quería creer que estos riesgos siempre habían estado controlados. Al fin y al cabo, ella sólo había dado el paso final cuando había tenido todas las bazas a su favor. Tampoco es que hubiera hecho su numerito tantas veces, pero algo de experiencia sí tenía. Donde se estaba metiendo ahora, sin embargo, era diferente. Erika y aquel gili… de Fran habían sido hasta la fecha los que habían afrontado aquellos temporales en los que ella había preferido no navegar. Se llevaba un trozo del pastel que imaginaba ridículo. Pero sus necesidades en aquellos tiempos eran escasas y su ambición no excesiva. Después de todo, aunque ella se vendía muy bien, y aseguraba cuando tenía que hacerlo que su papel era el más importante en el negocio, no olvidaba tampoco que sólo se las tenía que ver con un pobre incauto, cuya voluntad disminuía en la misma proporción en la que ella iba enseñando partes de su linda piel. Jamás estaban en guardia cuando la verdad se ponía al descubierto. Sergi, en realidad Sergiev, era otra cosa. Se trataba del único nombre que ella conocía de lo que había al otro lado. Pero sabía que no estaba solo. Era un engranaje más de una organización con la que ella no hubiera querido tener que mezclarse nunca. Aquellos tipos sí eran peligrosos y cuanto menos supiera una de ellos, mejor. Todavía estaba a tiempo. Había concertado una cita, de acuerdo, sin embargo, podía no aparecer. Tan sencillo como eso. Podía no volver a acercarse siquiera al barco. No mucho, pero todavía le quedaba algo de dinero de su último trabajo, y no necesitaba a toda costa el pellizco que se iba a haber llevado por el velero de Peter. Desde Formentera había un ferry cada media hora a Ibiza, por lo menos. E Ibiza tenía muchas posibilidades. Ferrys diarios a la Península y, sobre todo, muchos puertecitos, muchos barcos, y muchos más en Mallorca. Un sin fin de oportunidades. Una tentación enorme. Y un enorme problema, también. Aunque al principio había sido una rabieta contra aquellos dos que había considerado sus amigos, y que la habían abandonado al primer pantocazo serio, sabía que le iba a costar mucho tiempo volver a relacionarse con ellos. Dudaba, sobre todo, que pudiera volver a confiar ciegamente en ellos. Eso significaba que se había quedado sin el enlace que había tenido hasta entonces en aquella peculiar cadena. Por eso, aunque abandonar aquel velero y empezar desde cero le tentaba, también comprendía que seguir adelante era su única oportunidad de seguir en el negocio. Había, además, otro detalle. Subir un escalón suponía eliminar un intermediario, con lo que sus ganancias se podrían incrementar. Pese a que siempre procuraba mantenerlo en nebulosa, no podía olvidar que ella era la que verdaderamente hacía el trabajo sucio. Ganar más sería una compensación que le ayudaría a aquietar una conciencia que, afortunadamente para ella, por el momento todavía no se le había despertado. Quedaba, eso sí, el problema de los papeles. Erika no había sido sólo un intermediario con los contactos adecuados. Ella y aquel patán de Fran tenían un valor añadido impagable. Gracias a ciertos círculos en los que daba la casualidad que trabajaba él, conseguía con relativa facilidad unos papeles nuevos y absolutamente legales para cada embarcación. Si ella no conseguía los papeles, no podía aspirar a cobrar nunca lo que imaginaba que se llevaban los otros por cada trabajito. Y lo que era peor, podía tropezar con el escollo insalvable de que Sergi y su gente no quisieran saber nada de sus futuras adquisiciones. Era probable que el barco de Peter estuviera ya colocado. Alguna vez se le había escapado a sus antiguos amigos que en aquel negocio se actuaba sobre pedido. Quizás eso había inclinado la balanza a su favor en esta ocasión. El futuro, sin embargo, podía ser diferente. Aunque en el futuro ella misma también podía dedicarse a hacer calceta… |
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