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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#20
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![]() ![]() Antes de proseguir con el relato, y con el fin de facilitar al amigo lector una mejor comprensión de lo que sucederá en los próximos días, creo conveniente dotarle de una descripción lo más fidedigna posible, de la tripulación del l'Aila en aquellos momentos. Por una parte tenemos a A.-, el que suscribe. Sin comentarios. Y por otra tenemos dos rapaciñas y dos “titulados”. Comencemos por aquéllas: Sara: Gallega pero de A Coruña -bueno, los gallegos me entienden-. La naturaleza le había concedido unas piernas y unos brazos largos y bien torneados, pechos pequeños y turgentes, un cuerpo grácil, una piel “inglesa” y un magnifico cabello dorado, además de una sonrisa capaz de iluminar los rincones más tenebrosos de la vida. De profesión bióloga en reputada empresa de producción atunera. En fin, una delicia de mujer. Laura: Gallega ejerciente, de las que saludan diciendo ¿y que?. Ancha pero alta, de prominentes pechos, pelo negro recogido en coleta, caderas y piernas macizas. En general se podria decir que estaba a punto de “reventar” cualquier prenda de ropa que se pusiese. Quizás por eso solo utilizaba tops y shorts cortos (sic). Sus ojos negros se clavaban de tal forma que hacia imposible sostenerle la mirada. En fin, un mujerón que apabullaba. Licenciada en fisica, ejercia de profesora de Bachillerato en un pueblecito pesquero de la Costa da Morte. Robert: Ofrecía un aspecto muy “nort-europeo”: pelo rubio, ojos azules, poco garboso y en apariencia desmadejado, cuello largo y nuez prominente. Le sobresalían mucho las orejas y con su andar premioso, parecia tambalearse. La verdad es que costaba imaginárselo de capitán en cualquier paquebote. Su apariencia infundía de todo menos autoridad. Pero por otra parte, su inocencia inicial desarmaba. Era muy complicado manternerle una posición. Cuando había que darle alguna instrucción, siempre acababa convirtiéndose en recomendación, y al final seguro que acababa haciendo lo que daba la gana, pensando él, que estaba haciendo lo que le habían ordenado. O al menos eso es lo que parecía. Ernest: Catalán de pro, o sea de Pedralbes. De complexión atlética tenia el aspecto de un guardaespaldas pero con cara de niño. De cabello corto, pero muy moreno -vamos que no necesitaba peine-, tenia un gracioso tick que consistía en rascarse el cuero cabelludo como buscando las ideas. El tick aparecía como remedio a su timidez o a sus nervios, o simplemente ante la sorpresa que produce cualquier situación nueva. Con estos antecedentes, le propongo un juego al avispado lector. El juego consiste en pronosticar -como si de una quiniela se tratase-, cuales eran las posibilidades de afinidad entre nuestra tripulación, cuya heterosexualidad damos por supuesta, solo para limitar el número de aciertos posibles. Todos eran solteros y sin compromiso -al menos asi se definieron en la presentación protocolaria que siempre propongo cuando reúno a tripulantes que no se conocen-. ¿Ligarían?, en caso afirmativo ¿quien con quien?. Después de estos preliminares, sigamos con nuestro “Relato Marinero”. Estábamos en Messina, en Marina Nettuno. Teniamos por delante un par de días de visita a las islas Eólicas y luego, el Jónico y Grecia. La meteo era francamente buena, de manera que el mismo día de nuestra llegada, y mientras mis clientes se recorrían Messina a pié, yo me dediqué a aprovisionar el barco, para por la tarde largar amarras hacia Strómboli, que es la isla más Meridional y la que permanentemente tiene a su volcán en erupción. La idea era llegar de madrugada, donde el espectáculo de la lava incandescente de la Sciara du Fuoco estaba servido, aprovechando el viento del SSW que todavia soplaba. Después, ya al amanecer, nos dirigiríamos a Lipari-Porticello, donde intentaríamos fondear y desembarcar para visitar la isla. Con la corriente y el viento a nuestro favor, enseguida Laura mostró sus dotes de regatista, pidiendo el Bomber (mitad de Código O y Genaker), y asignando a Robert y Ernest la escota y la braza respectivamente, mientras Sara controlaba la mayor. Robert y Ernest no dieron sintomas de mareo, toda vez que mantenían sus correspondientes esparadrapos debidamente homologados, tal y como pudieron comprobar nuestras rapaciñas, cuando decidieron darse un baño a la luz del volcán. El cachondeo que montaron las gallegas con los esparadrapos fue mayúsculo, pero los “titulados” se resistieron a despojarse de su “medicación”. Continuará |
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ayapitas (29-03-2015), Galeon de Manila (29-03-2015), leviño (30-03-2015), mapu23 (29-03-2015), Sorias (29-03-2015) | ||
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