![]() |
|
|
|
| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
#76
|
||||
|
||||
![]() ![]() ![]() Sonría, por favor. ![]() ![]() ![]()
__________________
No llores nunca al sol que se va, las lágrimas te impedirán ver la KK que hay en el suelo. De todas formas es igual que llores o no, estará todo oscuro y la pisarás igual. ![]() ![]()
|
|
#77
|
||||
|
||||
|
|
|
#78
|
||||
|
||||
![]()
__________________
Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo... y por los mismos motivos. (George Bernard Shaw) |
|
#79
|
||||
|
||||
|
Cita:
Yo estoy con el pobre chaval. ..... ! ASÍ NO SE PUEDE ! ![]() ![]()
__________________
"Busquemos lo que es mejor, no lo que es más común, o frecuente, y lo que nos lleve a la posesión de la felicidad" Del filósofo Séneca (Córdoba, Hispania 4 a.C. - Roma 65 d.C.) |
|
#80
|
||||
|
||||
|
Cita:
SSSEGURO QUE ESA MISMA SEMANA VENDIO EL VELERO ![]() ![]() HAY CA UNO , ,
__________________
EL GARFIELD. Restauración integral de un velero de 5,50. http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=166786 El WISPA RESTAURACIÓN INTEGRAL DE UN VELERO DE 26 PIES https://foro.latabernadelpuerto.com/...d.php?t=182808 LAS RONDAS DEL JORDI BMW LAS PAGO YO ![]() (AL) LA IGNORANCIA SE CURA LEYENDO Y EL RACISMO SE CURA VIAJANDO. (UNAMUNO) |
|
#81
|
||||
|
||||
![]() ![]() De regreso del Perú, en el que he pasado las últimas semanas, donde por cierto he podido navegar por el lago más alto del mundo, entro en la TdP y me encuentro con tu divertido hilo. Creo que si se profundiza más en esta historia revela ante todo tu honestidad porque no todo el mundo es capaz de revelar un hecho que para la mayoría puede ser especialmente vergonzoso, pues dicen los expertos en estos temas que más del 95% de los seres humanos tiene en su memoria hechos propios que no revelan a nadie para evitar su deshonra o lo hace fingiendo que el secreto pertenece a otro con el típico “tengo un amigo que le ocurrió…” para obtener el perdón indirectamente o para juzgar la reacción de los contertulios y así preparar el siguiente asalto, pero rara vez se hace a pecho descubierto en primera persona. Algunos se han animado y han puesto su granito de arena en esto de la sinceridad culpable y los quiero imitar contando uno de mis muchos inconfesables. Esto que empiezo a narrar no es una historia como la tuya, pues al fin y a la postre las protagonistas son las llaves que podrían ser náuticas o no, pues fue un puro pecado náutico y como tal una transgresión libre y deliberada de nuestras santas leyes. Aunque la mayor parte de mi vida profesional transcurrió en lugares con mar o río navegable, cuando nació mi hijo trabajaba en Madrid, que sí, tiene río; ¡pero qué río! De resultas a esto mi compadre, madrileño de pura cepa, es más del campo que las amapolas. El siempre había admirado mi azarosa vida marina anterior y siempre estaba ironizando sobre ella comparándola con mi entonces apacible y sereno trabajo matritense. Aunque no me lo ha confesado, creo que en fondo había soñado convertirse en un marino, un aviador o quizás un aventurero; en fin las cosas que tienen los genes capitalinos. Cuando dejé la capital por otros destinos nunca hemos perdido el contacto y siempre se interesaba sobre mi vida de aficionado náutico aunque jamás se había embarcado conmigo; es más, jamás se había embarcado excepto de joven en las barcas del lago del Retiro o de la Casa de Campo para pelar la pava. Un verano quedamos en pasar unos días juntos en Punta Umbría y aproveché para sorprenderlo náuticamente con una travesía Mazagón – Punta aprovechando que disponía de un trawler clásico holandés de más de 50 pies de eslora movido por dos preciosos motores Lister que le daban un majestuoso andar de 7 nudos. El plan era navegar plácidamente aprovechando la ausencia de viento matutina (En esta zona se entabla un viento térmico vespertino llamado foreño ) y con la mar como un plato entrar con marea alta en la ría puntaumbrieña y atracar en el muelle del Club para darnos los cuatro un homenaje en condiciones a la hora del almuerzo. Pero eran las 12 y todavía no habían llegado. Un poco más tarde aparecen por el pantalán arrastrando dos preciosas maletas duras Samsonite, vestidos como para embarcar en el Orient Express y calzados como para asistir a una fiesta de fin de año. Pensé que el barco era lo suficientemente capaz para albergar los maletones y lo suficientemente amplio para que tranquilamente se vistieran adecuadamente, pero la hora ya no era tan buena. Al fin decidí zarpar siguiendo el plan previsto, movido más bien por la ilusión tanto de mi compadre como mía, pero algo en mi interior me decía que era un error, que lo suyo era una vueltecita por el canal del Padre Santo; ir hasta la estatua del monumento a Colón y volver tranquilamente por las calmas aguas de la ría. Entre pitos, flautas, saludos y ponerse al día zarpamos todavía más tarde. Cuando salimos de la ría de Huelva, en la confluencia con la mar, nos encontramos unos trenes de olas que no esperaba porque el puto foreño, con rachas de fuerza 5, saltó antes de lo debido y tuvimos que abrirnos para encararlos. El primer tren de olas fue emocionante para mis compadres. Eso de ver la proa enterrada en las aguas, el roción en la cara, la espuma inundando la cubierta, el pantocazo y la airosa salida no lo habían experimentado nunca y aferrados a la bancada de la cubierta del timón y con la misma cara de preocupación y ansiedad que puedes ver en las atracciones de las montañas rusas, sonreían tímidamente. En el segundo tren de olas la cara de mi compadre era entre un blanco prístino y un verde cerúleo y mi comadre gritaba aterrada desde abajo, entre el estrépito de los motores y el ruido del aguaje contra el casco, como funcionaba la bomba de la taza del WC. En el tercero ya estaban los dos abajo abrazados a la mesa mirando aterrorizados el vuelo de los enseres de cocina que yo no había trincado convenientemente. Y no quiero seguir contando lo que pasó en los siguientes porque al recordarlos me puede entrar una depresión. Una vez pasada la confluencia encaramos la entrada a la ría de Punta Umbría que entonces no estaba dragada y balizada como ahora, sino que había que averiguar cuál era el paso correcto cada verano pues los temporales de invierno variaban la canal por el traslado de los sedimentos de arena del fondo. Eso que se llama deriva litoral. A primeros de julio de cada verano me ponía a la popa de un pesquero y así iba tomando las marcaciones necesarias para una feliz entrada; pero ese año todavía no lo había hecho así que bajé revoluciones en torno a la boya de recalada para esperar el milagro del pesquero que desafortunadamente no se produjo; allí no navegaba nadie, el radar decía lo mismo y la marea ya hacía tiempo que vaciaba. No tenía más solución que dar la vuelta, pasar otra vez los trenes de olas y atracar en Mazagón con el rabo entre las piernas y encima muertos de hambre porque no tenía a bordo ni un colín o arriesgarme con las marcaciones del año anterior. La decisión no era más que mía. ¡Pero si Punta Umbría está ahí al lado, que veo hasta las caras de las gentes que se están bañando! decían cuando les conté el problema. Sus mentes estaban obnubiladas recordando los males pasados. Al final entré. A la segunda virada pinché. No sirvió de nada el traslado de pesos ni la fuerza de los motores ni la de la fuerte corriente vaciante. Estaba pinchado y bien pinchado. Al barco le quedaban largas horas esperando la nueva marea. Al menos se me ocurrió llamar y nos llevaron al Club en un rápido bote y mis compadres se pudieron recomponer y al final de la comida hasta se reían. De vuelta, y como penitencia a mis pecados, a mí me tocó esperar y esperar hasta la madrugada, para poder entrar en la ría, arranchar el barco y llegar a casa arrastrando los dos maletones. PS. Como no estoy en casa haber si encuentro una buena wifi para poder mandarlo.
__________________
Editado por anboro en 13-08-2015 a las 20:36. |
![]() |
Ver todos los foros en uno |
|
|