En la vida, a algunos nos toca sobrevivir a los camaradas de navegaciones, de penurias, temporales, amaneceres y recaladas gloriosas. Nada une más que superar las adversidades y juntarse fraternalmente con otros marineros para celebrar la vida.
En el caso de tu padre es normal que notes esa doble ausencia, la de un compañero, un maestro y de quien se ocupó de confortarte, de apoyarte y servirte de ejemplo desde tu infancia hasta la madurez. Con los padres siempre se da un ciclo, los admiras y después imbuidos en el espíritu de la reafirmación de la adolescencia, te revelas hasta que maduras y los comprendes. En ese momento debes prepararte porque empieza una etapa en la que es él quien te necesita, quien espera que tú seas el apoyo y eso supone un aldabonazo en nuestra conciencia porque se nos exige pasar de protegidos a protectores.
En el proceso de maduración de un marino, pasa un poco los mismo. Empiezas pensando que el barco y el patrón te guían y se ocupan de ti. No entiendes el sentido de todo, lo acatas y te dejas llevar, pero un día tomas el mando y eres tú el que se ocupa. Otros envidiaran tus galones, pero en el fondo de añoras la infancia y la etapa de marinero en la que soo obedecías. En ese momento entiendes porque te decían que para saber mandar, antes has tenido que aprender a obedecer.

por ti padre.