Continuando con las bocinas de niebla, os pongo una foto del peine de cornetas de Cabo Peñas.
Podríamos decir que con los medios de navegación actúales, las bocinas de niebla - y los propios faros- ya parecen arqueología industrial - un vestigio de una época en donde se navegaba por estima vista desde la era en donde los vehículos terrestres ya circulan de forma autonoma y hay astilleros que ya han patentado el dron - mercante que puede cruzar océanos sin ningún tripulante abordó.
Todavía el mar nos deja esos resquicios abiertos a la aventura, en donde el hombre sometido a la inmensidad oceánica, toma su propia medida.
Escuchar estas bocinas no dejan de hacernos sentir una cierta añoranza de una era que ya no va a volver.