He pensado a menudo en los eremitas. Quizás fue porque me llamó la atención un graffiti que leí en lo más profundo del hipogeo de la pirámide de Micerino. Escrito con carbonilla decía simplemente "valete omnes" (saludos a todos) y su autor era, probablemente, un paleocristiano egipcio con un notable sentido del humor.
Si era un hombre de fe, debía creer firmemente en que dios había creado el mundo. Y me imagino que habría tenido tiempo de sobra, allí abajo y en la oscuridad, para preguntarse por qué.
Después de haber creado un universo, un cielo cuajado de estrellas, grandes ríos que se desploman en sobrecogedoras cataratas, pequeños pajaritos que se alimentan del néctar de las flores y, no muy lejos, gigantescos elefantes, tremendas ballenas, seres capaces de componer música sinfónica, de pintar cuadros hipnóticos y escribir historias maravillosas, después de haber creado todo eso, ¿puede desear dios que un tipo de encierre en el sótano de una pirámide? ¿no se lo tomaría como una afrenta?
Tal vez sólo forman parte del decorado: tiene que haber gente para todo!
