Yo no estoy en contra de todas estas evoluciones. Es más, me gusta verlas e intentar comprenderlas, pero me gustaría más que formaran parte de otro tipo de competición. A partir del momento en que la sustentación deja de actuar en el plano horizontal, como consiguió el aparejo Marconi, y pasa al vertical, como sucede en los aviones, por mucho que sigan estando en el mar, empieza a convertirse en aeronáutica más que en náutica. La única diferencia es apoyarse en una densidad del medio 800 veces superior y, en todo caso, la técnica de la maniobra al virar o trasluchar. Lo puedo encontrar incluso apasionante. Lo que me cuesta aceptar es que la Copa América, para mí el paradigma de la competición náutica, se convierta en aeronáutica.
De todas formas, los catamaranes de la edición anterior, con sus vuelos, sus pedales y sus perfiles vélicos rígidos, por mucho que me interesasen (que lo hicieron) me parecieron aún más distantes del espíritu de la náutica que estos monocascos. A ver si alguien mueve todo esto a otra Copa distinta. Si se recupera el espíritu de la Copa América de Valencia (no me hace falta remontarme más al pasado) podré disfrutar dos veces...
