La siempre triste despedida de la isla fue el 22, un día más tarde de lo previsto para asegurarnos la meteo. No hubo problema en prorrogar los amarres un día más. La previsión era de tiempo calmado, vientos variables y flojos, pero con algún chubasco aislado a medio camino, como el que nos cruzamos por la tarde a unas 60 millas. Gracias a los radares que llevaban dos de los barcos, pudimos esquivar el tornado y la tormenta.
Llegamos a Menorca el 23 al mediodía y a unas 10 millas de La Mola, la flotilla se dividió en tres, los del norte, los de en medio y los del sur. Los dos barcos ampolleros optamos por fondear en alguna cala más hacia Ciutadella, concretamente en cala Trebalúger. Baño vespertino en una cala ideal y cena conjunta para descansar la noche y prepararnos para el último salto al día siguiente.
Otra travesía increíblemente calmada, hasta el atardecer a vela con viento del SE-S y luego calma total. Se agradece por la noche poder cocinar tranquilamente a pesar de tener que oír el motor.
¡Y por fin a las 8 de la mañana entramos en la bahía del Fangar, com a casa enlloc!
¡Esto es todo amigos!


