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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#5
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Veo dos circunstancias poco esperanzadoras para los concesionarios de marinas y que se aunan en este delicado momento en que las concesiiones llegan a su fín.
En primer lugar la evidencia de que cuando en la economía pintan bastos, el barco y todo lo que le rodea está en primerísima línea en la lista de gastos prescindibles, máxime si buscas el ratio de coste anual dividido por días de uso. En segundo lugar, si una concesión dura veinticinco años, más los retrasos propios de convocar, celebrar y adjudicar un concurso, basta observar que circunstancias concurrían treinta años atrás entre el colectivo de optantes a contratar el uso de un amarre, y ciuales concurren en la actualidad. El precio de contratación era muy inferiors a las cifrascque se han barajado a lo largo de esos años de insólita fiesta mayor en que todo era posible; los optantes eran personas en el segmento d los 35/45/años, que la vida les sonreía en la posibilidad de trabajar tanto como quiisieran, de ganarse la vida sin estrecheces, y con la mayor parte de la misma por delante para poder disfrutar de su afición por la naútica. En tales condiciones todo estaba servido para que se apuntaran sin dudarlo a adquirir el uso de un amarre. Tres décadas después, a aquellas mismas personas contratar a veinticinco años vista cuando se encuentran en el mejor de los casos en la tercera edad y jubilados, les suena a auténtica provocación, salvo que se consideren irresponsablemente imperecederos... La actual tragedia que vivimos supone por si faltaba poco un mazazo letal. Los precios son comparativamente nucho más elevados que los que fueron entonces, y los hijos y familiares del optante, viven en una realidad en la que la prioridad no es ya disfrutar de un barco sino la de poder llegar a final de mes con los salarios basura que imperan en el mercado del trabajo conjugados con el nivel de dependencia de múltiples servicios y aficiones que sus progenitores ni vislumbraron en su juventud, y todo ello cuando lejos de que se produzca una estabilidad y arraigo en los empleos, tienen asumido que de la misma forma que hoy con suerte trabajan aquī, mañana pueden hacerlo en Sidney y pasado en Lisboa, sensación de falta de arraigo que les hace reacios incluso a comprar vivienda y obligarse con el pago de hipotecas. Con tales ingredientes deben lidiar las empresas y Clubes que se ven con el coraje de afrontar un nuevo periodo de concesión. En lugares selectos como Palamós, los precios contemplan el plus de ubicación, lo que hace incluso más inalcanzable el amarre. Saludos ![]() |
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