A mí me sorprendió cerrando mi barquito. Había salido a echar gasolina a Puertochico y a mover un poco el motor (he estado dos meses fuera). Me metí encogido debajo de la lona de fondeo, pensando que el chaparrón serían dos minutos. Cuando ya había contado a mi mujer, y repetido a mí incrédulo hijo mi ridícula, pero nada preocupante situación, salí de mi escondrijo y me fui, mojándome hasta el coche, que por suerte no estaba lejos.
Hoy os deseo un buen descanso en Cantabria. Va a estar complicado, a pocos familiares y amigos que tengáis, que seguro que no son pocos.
Ah, y recuperad fuerzas, para que la última etapa de esta ejemplar hazaña sea un sencillo y placentero paseo.
Gracias


