Bueno, aparte de los típicos coscorrones al bajar y subir a la bañera, uno de los recuerdos más dolorosos aunque al contarlo a posteriori me

, fue una travesía en el barco de un amigo, una especie de gabarra con fondo plano, de hierro, 14 metros y dificilísima de maniobrar, en la que al agacharme para sacar un cubo de agua del mar, sufrí una lumbalgia aguda que casi me impedía estar en pie. Rápidamente mi amigo saca unos trapos de la sentina y me los enrolla a la cintura. Imaginaros mi aspecto, sandalias, bañador y liado con trapos a modo de momia

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Pero lo mejor viene a la llegada al puerto ( desconocido, mucho viento y rodeado de barcos de lujo) cuando mi socio me dice que baje a tierra para ayudarle al atraque y al hacerlo, caigo de rodillas por el dolor y de esa guisa me dispongo a amarrar al noray, cuando se acerca un caballero elegantísimo y me dice, “por favor señor usted no está para esos esfuerzos....” y coge las amarras para acabar la maniobra. Bueno pues el final de la historia es que el buen samaritano era el armador de un barco maravilloso donde acabamos, ya mejor vestidos, tomando unas copas y casi amigos.
En fin historias y lesiones en la mar.
Saludos y
