

Hace muchos años, yo tuve una historia parecida, Enturbiapozas: tenía una moto de 125, una Laverda, que había pagado la novatada de tener a un piloto novato (¡yo!). Además, era un modelo que ya no se fabricaba y me costaba encontrar recambios, así que quería cambiármela. Me gustaba mucho una Ducati, y ya tenía bastante apalabrada la operación con el comercial del concesionario. Me valoraba mi moto en 60.000 pesetas, que me parecía poco, pero, siendo un modelo que ya no se fabricaba y de una marca que en aquel momento no tenía importador en España, supuse que no podía pedir mucho más. Pero, cuando ya estoy dispuesto a formalizar el trato, va y me suelta: "¿Sabes? Me lo he estado pensando y, por esa moto, como mucho, te puedo dar 30.000. Es que es tan fea...".
Y yo le dije: "Antes me voy al puerto y la tiro al mar que aceptar 30.000 pesetas por ella", y me largué con mi Laverda.
Dos días después entré en un concesionario BMW a mirar. No tenía planes de comprar una BMW, pero acababan de sacar un modelo nuevo (la F-650-ST), la vi, la miré, la miré, la miré... y salí del concesionario ya habiendo dado una paga y señal. Por cierto, en BMW, los mecánicos examinaron a fondo la Laverda... ¡y me la valoraron en 60.000 pesetas!
Igual tendría que agradecerle su trato al comercial de Ducati, porque, más de 25 años después, aún conservo esa BMW, no creo que hubiera pasado lo mismo con una Ducati.