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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#16
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Cita:
Respecto a la baliza apagada, fue por un cúmulo de circunstancias, pero principalmente porque la ruta automática del Navionics apura demasiado. Ya nos había jugado malas pasadas con el calado y comprobé que no aplica un margen de seguridad al calado que has atribuido a tu barco. Yo inicialmente le puse 1,50 metros (el calado real es 1,40) y me hizo pasar por zonas con 1,60 de profundidad, y cuando lo amplié a 2 metros me hacía pasar por zonas de 2,05. O sea, con cualquier olita habría tocado el fondo. Pues lo mismo pasa con los puntos que elige de cambio de rumbo: suele aprovechar las balizas existentes y te hace pasar a pocos metros de ellas, suponiendo que las verás y que te servirán como referencia. Pero de noche y si les falla la luz es un peligro añadido e innecesario. En este caso era ya noche cerrada, y aunque había luna llena no se veía nada porque el cielo estaba cubierto. Pues de repente me apareció en la proa una columna oscura, que era nada menos que una de las marcas cardinales Oeste del canal, que no le funcionaba la luz de destellos. Casi me la trago, y me libré de ella dando un golpe de timón cuando faltaban pocos metros para la colisión. Un ejemplo de por qué es imprescindible la vigilancia en el mar y siempre tiene que haber un tripulante vigilando visualmente la proa. En ese momento era mi guardia, Mario estaba durmiendo, y si hubiera entrado a hacerme un café o al baño el Corto Maltés habría quedado allí para secula seculorum, porque son estructuras de hierro o de hormigón duras como un menhir y habría sido como chocar con un escollo. Respecto a la etapa entre Boulogne-sur-Mer y Cherburgo, sólo puedo decirte que cuando cuento algo suelo ser sincero con el lector y no tirarme faroles. De la redacción habrás deducido que no estoy totalmente orgulloso de la decisión que tomé, aunque salió bien, y a eso me refiero con las grandes dudas de conciencia. De hecho al final del viaje se produjo una situación parecida a punto de llegar a Santander, en Laredo, y tomé la decisión contraria: volver a puerto nada más salir. Los dramas en el mar suelen producirse más que por un suceso aislado terrorífico (como la rotura del palo o el choque con un contenedor) por una serie de pequeños hechos aleatorios que coinciden. Sin querer pontificar yo suelo resumirlos en cuatro factores: 1) Meteorológicos. La explicación es obvia. En el caso que comentamos su interpretación era dudosa, porque había un temporal pronosticado pero para dos días después, y nosotros teníamos previsto llegar a Cherburgo en un día y medio y con un viento muy favorable. Como ves, alguien podría pensar que la meteo era favorable, y alguien que desfavorable. 2) Del terreno. Se refiere al estado del mar, de la costa (costa a sotavento o no, existencia de puertos de refugio y su accesibilidad, etc.). En este caso la interpretación era favorable, ya que íbamos a navegar bastante lejos de la costa, atajando el enorme que hay golfo entre Le Havre y el Cabo de la Hague, y había bastantes puertos de refugio si no llegábamos. 3) Del barco. En este caso su interpretación era desfavorble, con un fallo en el arranque no diagnosticado. Aunque lo habíamos resuelto por nuestros medios en Boulogne, no podíamos estar seguros de que no se reprodujera. En cualquier caso la propulsión principal del velero es la vela, y pensé que habría sido mucho peor desconfiar de la jarcia (como nos pasó en Laredo) que del motor. 4) El factor humano. Hace referencia al estado físico, la experiencia y la predisposición a asumir riesgos de la tripulación. En este caso la interpretación también era dudosa. Mario y yo estábamos frescos después de 5 días inmovilizados en puerto, pero a la vez nerviosos e impacientes porque en esa parte del viaje, planificada para dos semanas, ya llevábamos 6 días inmovilizados por los temporales y dudábamos que fuéramos capaces de recuperar el tiempo perdido y no dejar plantados a los siguientes tripulantes. O sea, de cuatro factores teníamos dos dudosos, uno favorable y uno desfavorable. No hay una regla fija, pero yo me imagino que es un banco con cuatro partas: si falla una el banco cojea, y si fallan dos ya es muy posible caerse. En este caso lo hablamos Mario y yo, y conociendo los riesgos decidimos salir. Si hicimos bien o no no lo juzguéis por el resultado (una etapa maravillosa de vela de 165 millas y sin volver a fallar el motor) sino por lo que habría podido pasar en el peor de los escenarios. Aunque claro, tener siempre los cuatro factores a favor es una utopía en la vida real, y a lo mejor así no navegaríamos nunca. Con cuidado, Itxasfree.
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Las navegaciones y los libros del Corto Maltés: https://cortomaltes2012.blogspot.com/ |
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