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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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![]() Editado por barbagris en 23-02-2009 a las 12:24. Razón: corrección ortografia |
| 7 Cofrades agradecieron a barbagris este mensaje: | ||
capitan maxorata (23-02-2009), charran (23-02-2009), cierraelpico (23-02-2009), McWhirr (23-02-2009), montañes (23-02-2009), peleon (23-02-2009), pixuetu (25-02-2009) | ||
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#2
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Buen y real artículo. Gracias por el enlace
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#3
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Por favor, ese ReBerte me hace daño a la vista!!
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Mi blog en: Sailing Florence May. |
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#4
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Buen artículo. A ver si esta vez no se rompe nada......
![]() para todos.
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“Beati Hispani, quibus vivere bibere est.” "....hoy no es día de mojar la polvora." ![]() |
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#5
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Ya lo he corregido.![]()
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#6
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Creo que tiene toda la razón del mundo....
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#7
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Hola, como siempre, en los articulos , magistral
![]() salud ![]()
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MMSI 224447770 |
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#8
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Más razón que un santo. Lo peor, es que lo que dice es sentido común en estado puro. Y sin embargo, nos vemos abocados a lo que nos vemos.
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![]() ![]() ![]() Desde el navío "El Montañés" |
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#9
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Saludos a todos aparte de coincidir con su punto de vista, personalmente me parece "un lujo" que alguien del nivel de Perez Reverte escriba artículos sobre naútica en medios de difusión masiva. Esto si que creo que ayuda a dar a conocer nuestra maravillosa afición y además no nos cuesta dinero a los contribuyentes. Saludos. Coronadobx
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#10
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Es un privilegio tener a Reverte del lado de la náutica y subido a un velero. Seguro que conoce este foro de la Taberna del Puerto, y me gustaría que se animara a participar.
![]() ![]() bien por Reverte. Saludos y buena proa![]() ![]() ![]() |
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#11
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Bueno desde mi admiración por Reverte, en mi opinión no es tampoco de los mejores que ha escrito. Me parece interesante lo que dice de los boletines marinos de AEMET. ¿Por que son tan escasos?
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#12
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Cita:
completamente deacuerdo con esto. aemet es el canal estatal de informacion meteorologica y me parece q es mas importante saber la prediccion para alguien q puede tener serios problemas q para saber q ropa me voy a poner mañana. A menudo nos vemos obligados a completar la escasa informacion de aemet en otras fuentes. No esta mal, hay q contrastar, pero me parece escaso |
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#13
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Reverte, desde luego tiene razón en lo que dice. Además su novela "la batalla de Trafalgar" me encantó.
Saudos.
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Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad,mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar... José de Espronceda
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#14
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Cita:
... hace algunos años, leí en ese mismo medio, otro artículo de D. Arturo, en esa misma tercera o quinta página, pues si, los sigo, quejándose de lo contrario, de que la meteo española, con un gran despliegue económico, fallaba más que una escopeta de feria... fiel a esa tradición tan española de criticar lo nuesto como lo peor del mundo. Su acidez, o tal vez la presión editorial le ha llevado en no pocas ocasiones a escribir algo y tiempo despues lo contrario. Me alegro y brindo porque haya cambiado de opinión, demuestra que es sabio ![]() |
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#15
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la valentía de apuntar la descordinación, el decir que falta sentido común, la claridad al indicar la escasez y lentitud de los boletines marinos, al menos por VHF, el valor de señalar el egoismo y la insolidaridad.La meteo es sólo un modelo de predicción que busca el menor error posible, pero es eso probabilidad, y debe ser que en la sociedad del "tienes derecho a internet" también está el "tener derecho a saber/decidir lo que del cielo me caiga" Salud y buena mar
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En la mar, ni tiempo ni marea paran o esperan. Los doctores son hombres que prescriben medicinas que conocen poco, curan enfermedades que conocen menos, en seres de humanos de los que no saben nada. Voltaire (1694-1778) Albaid en youtube |
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#16
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Cita:
![]() ![]() ![]() publicado el 28 de abril de 1996 Telebingo maritimo Todo el mundo sabe que la Meteorología no es una ciencia exacta, sino una aproximación más o menos razonable a lo que puede caer. O sea, que sale Paco Montesdeoca, verbigracia, contándonos en el telediario que este fin de semana podemos ir tranquilamente a la playa con los niños y con la suegra; y como nos lo dice delante de un mapa lleno de huevos fritos, sin una nube, pues igual le hacemos caso y luego, en Matalascañas, nos llega una manta de agua que te vas de vareta. Pero ésas son cosas del tiempo y de la vida: y ni Paco, ni la tele, tienen la culpa. Las isobaras, y las isotermas, y los frentes fríos y la zorra que los parió, son caprichosos y van muy a lo suyo. Estamos de acuerdo en que la predicción del tiempo es sólo eso: relativa, sujeta a variables, con errores que pueden considerarse con indulgencia. El problema es que al arriba firmante la indulgencia le desaparece en el acto cuando tiene que vérselas con un invento del Instituto Nacional de Meteorología, vía Telefónica, que incluye información marítima costera y de alta mar. Un presunto servicio que tiene el cinismo de llamarse Teletiempo; pero que igual podía llamarse Telemorro, o Telebingo. Uno navega para matar los diablos, igual que otros juegan al ajedrez o se van de putas. Y en la mar, cuando te embarcas, la predicción del tiempo supone, a menudo, la diferencia entre un acto placentero y un mal rato; y en ocasiones extremas, la diferencia entre seguir vivo o cascarla. Pero en España, al contrario de otros países como Francia, o Inglaterra, la navegación deportiva está desamparada. Sales a pescar de madrugada en tu lanchita, o te dispones a hacer vela ligera, o vas navegando cinco, diez o quince millas mar adentro, y no tienes a qué santo encomendarte. Por no haber, ni siquiera Radio Nacional de España dispone de un servicio regular de información marítima. Aquí te haces a la mar para unas horas o para quince días, y salvo que dispongas de un carísimo sistema de recepción facsímil por satélite, te ves obligado a calcular el estado del tiempo a ojo, a base de vistazos al cielo y al barómetro, e intuición marinera. La única alternativa es marcar el número telefónico de Teletiempo. Y entonces la cagaste, Burlancaster. Lo malo no es que, como corresponde a Telefónica, a veces el servicio te dé señal de estar comunicando o fuera de línea durante ciento diez minutos seguidos reloj en mano , cosa que ocurre a menudo en horas nocturnas. Lo malo no es tampoco que te anuncien viento de fuerza 2, mar buena, rizada, y lo que te salte sea un viento de fuerza 6, con una marejada que echas la pota. Lo peor viene cuando una agradable voz femenina y enlatada, tras informarte de las tarifas, te endilga la casette con una predicción meteorológica grabada doce o veinticuatro horas antes los fines de semana, sin duda por falta de personal, suelen dejarlos grabados para un par de días, o poco menos que igual dice: « válida hasta las veinticuatro horas del día tres» y tú la estás oyendo, mientras juras en arameo, a las cinco de la madrugada del día cuatro, peleándote con un levante de treinta nudos, y con la costa media milla a sotavento. Por ejemplo. Un caso reciente: hace tres semanas, navegando entre Águilas y Cabo de Palos con una previsión de Teletiempo de noreste fuerza 3, con marejadilla, a las 8.00 de la mañana y válida hasta el día siguiente, el arriba firmante se encontró a las 9.00 con fuerte marejada y un lebeche asesino, un suroeste de treinta y siete nudos; o sea, fuerza 8. El velero abatia, incapaz de ceñir proa al viento, que arreciaba. Por suerte aún estaba a cinco millas de la costa, con barlovento suficiente para encontrar refugio en Cartagena en vez de terminar en los acantilados; y allí nos fuimos corriendo el temporal por la aleta, con sólo el tormentin izado y olas de tres metros en la popa. Todavía, a las dos horas de amarrar, y con 42 nudos de viento dentro del puerto, entró por la bocana el queche holandés Amazone, que acababa de comerse un temporal fuerte de grado 9 en la escala de Beaufort, allá afuera. Después de ayudar a amarrar al holandés era un solitario, y había pasado siete horas a la caña luchando por su pellejo , fui a un teléfono y marqué el 906 36 53 71, por curiosidad. Eran las cuatro de la tarde. La misma voz enlatada no hablan cambiado la cinta en todo el día- insistió en que teníamos buena mar, noreste fuerza 3, marejadilla. Colgué el teléfono y estuve un rato mirando cómo las olas saltaban en la escollera de San Pedro, más arriba del palo de las fragatas amarradas en el muelle. Ahora comprendo lo de la Armada Invencible, me dije. Felipe II telefoneó a Teletiempo. |
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#17
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Facsimil?
,... teletiempo? ,... cinta de casete?![]() yo por aquello entonces no navegaba aun,... pero ,.... habiais pasado ya del tam-tam a la radio?,... ![]() ![]() .saludos ![]()
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Winter is coming... |
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#18
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"Decía Joseph Conrad que la mayor virtud de un buen marino es una saludable incertidumbre.... "
Que hermosa cita. Por la cita. |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a churri | ||
genoves (25-02-2009) | ||
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#19
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Cita:
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#20
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!!!!Que gozada!!! no solo por lo que dice....verdades como castillos, si no por como lo dice. Si , si todo es todo un lujo leer a Don Arturo
![]() y además sobre temas náuticos![]() Gracias par el enlace. |
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#21
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Cita:
No me parece propio de un académico de la lengua, ni de un divulgador de su admirable talla... Nada que ver, como ha dicho otro cofrade, con mi muy admirado Joseph Conrad. Y conste que a Don Arturo le elevo a los altares por recrear y difundir, incluso crear afición por la historia de nuestra nación como es, sin recalar en los lugares comunes de lo políticamente correcto. Por eso, el lunes, cuando como todos las semanas leí su artículo de 'El semanal' con mi café con churros, dije para mi 'Chapeau Sr. Reverté, un punto a su favor' ![]() |
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#22
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Sería un artículo perfecto, de no ser porque.... si no se mete con la construcción y con los gobiernos autonómicos no es reverte. Creo que tiene un amigo que le propone retos, como.... a ver si eres capaz de meterte con los constructores en un artículo sobre.... la anatomía del pinguino, por ejemplo.
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#23
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El último , de el semanal, nautico y sin polémica.
Un saludo. Amarrar un barco bajo la lluvia, en la atmósfera gris de un puerto mediterráneo, suscita a veces una melancolía singular. Es lo que ocurre hoy. No hay sol que reverbere en las paredes blancas de los edificios, y el agua que quedó atrás, en la bocana, no es azul cobalto a mediodía, ni al atardecer tiene ese color de vino tinto por cuyo contraluz se deslizaban, en otro tiempo, naves negras con ojos pintados en la proa. El mar es verde ceniciento; el cielo, bajo y sucio. Las nubes oscuras dejan caer una lluvia mansa que gotea por la jarcia y las velas aferradas, y empapa la teca de la cubierta. Ni siquiera hay viento. Aseguras los cabos y bajas al pantalán, caminando despacio entre los barcos inmóviles. Mojándote. En días como hoy, la lluvia contamina de una vaga tristeza, imprecisa. Hace pensar en finales de travesía, en naves prisioneras de sus cabos, bolardos y norays. En hombres que dan la espalda al mar, al final del camino, obligados a envejecer tierra adentro, recordando. Esta humedad brumosa, impropia del lugar y la estación, aflige como un presentimiento, o una certeza. Y mientras te vas del muelle no puedes evitar pensar en los innumerables marinos que un día se alejaron de un barco por última vez. También, por contraste, sientes la nostalgia del destello luminoso y azul: salitre y pieles jóvenes tostadas bajo el sol, rumor de resaca, olor a humo de hogueras hechas con madera de deriva, sobre la arena húmeda de playas desiertas y rocas labradas por el paciente oleaje. Memoria de otros tiempos. De otros hombres y mujeres. De ti mismo, quizás, cuando también eras otro. Cuando estudiabas el mar con ojos de aventura, en los puertos sólo presentías océanos inmensos e islas a las que nunca llegaban órdenes judiciales de busca y captura, y aún estabas lejos de contemplar el mundo como lo haces hoy: mirando hacia el futuro sin ver más que tu pasado. En el bar La Marina –reliquia centenaria, sentenciado a muerte por la especulación local–, Rafa, el dueño, asa boquerones y sardinas. A un lado de la barra hay tres hombres que beben vino y fuman, junto a la ventana por la que se ven, a lo lejos, los pesqueros abarloados en el muelle próximo, junto a la lonja. Los tres tienen la misma piel tostada y cuarteada por arrugas como tajos de navaja, el aire rudo y masculino, la mirada gris como la lluvia que cae afuera, las manos ásperas y resecas de agua fría, salitre, sedales, redes y palangres. A uno de ellos se le aprecia un tatuaje en un antebrazo, semioculto por la camisa: una mujer torpemente dibujada, descolorida por el sol y los años. Grabada, supones, cuando una piel tatuada –mar, cárcel, milicia, puterío– todavía significaba algo más que una moda o un capricho. De cuando esa marca en la piel insinuaba una biografía. Una historia singular, turbia a veces, que contar. O que callar. Sin preguntarte casi, Rafa pone en el mostrador de zinc un plato de boquerones asados, grandes de casi un palmo, y un vaso de vino. «Vaya un tiempo perro», dice resignado. Y tú asientes mientras bebes un sorbo de vino y te llevas a la boca, cogiéndolo con los dedos y procurando no te gotee encima el pringue, un boquerón, que mordisqueas desde la cabeza a la cola hasta dejar limpia la raspa. Y de pronto, ese sabor fuerte a pescado con apenas una gota de aceite, hecho sobre una plancha caliente, la textura de su carne y esa piel churruscada que se desprende entre los dedos que limpias en una servilleta de papel –un ancla impresa junto al nombre del bar– antes de coger el vaso de vino para llevártelo a los labios, dispara ecos de la vieja memoria, sabores y olores vinculados a este mar próximo, hoy fosco y velado de gris: pescados dorándose sobre brasas, barcas varadas en la arena, vino rojizo, velas blancas a lo lejos, en la línea luminosa y azul. Tales imágenes se abren paso como si en tu vida y tus recuerdos alguien hubiera descorrido una cortina, y el paisaje familiar estuviese ahí de nuevo, nítido como siempre. Y comprendes de golpe que la bruma que gotea en tu corazón sólo es un episodio aislado, anécdota mínima en el tiempo infinito de un mar eterno; y que en realidad todo sigue ahí pese al ladrillo, a la estupidez, a la desmemoria, a la barbarie, a la bruma sucia y gris. El sabor de los boquerones y las sardinas que asa Rafa en el bar es idéntico al que conocieron quienes, hace nueve o diez mil años, navegaban ya este mar interior, útero de lo que fuimos y lo que somos. Comerciantes que transportaban vino, aceite, vides, mármol, plomo, plata, palabras y alfabetos. Guerreros que expugnaban ciudades con caballos de madera y luego, si sobrevivían, regresaban a Ítaca bajo un cielo que su lucidez despoblaba de dioses. Antepasados que nacieron, lucharon y murieron asumiendo las reglas aprendidas de este mar sabio e impasible. Por eso, en días como éste, reconforta saber que la vieja patria sigue intacta al otro lado de la lluvia. |
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#24
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Cita:
¿no te digo? Si no se mete con la construcción no es Reverte. No sabría como definir su prosa.... ¿costumbrismo populista tal vez? |
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#25
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Cita:
Salut! ![]() |
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