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Predeterminado Re: Sobrevivir a una tormenta electrica

Os pongo dos trozos del diario de navegacion, que fuí escribiendo durante una travesia oceanica, hace unos años, en la que narro como vivimos la experiencia de tener encima una tormenta con aparato eelectrico.

Frente a barbate


24 noviembre 2003

La mar se ha puesto muy incómoda. Las olas nos empiezan a zarandear a base de bien y decidimos capear el temporal que una vez más ha decidido venir a visitarnos. La bañera se ha convertido en una auténtica ducha. Los rociones son constantes, pero las nubes tampoco lo hacen mal. Constantes e intensísimos chubascos nos pasan por encima. El piloto automático, decide que esto es mucho para él y continuamente se desconecta, por lo que hay que llevar el barco a mano, debajo del agua. Los jefes de guardia la pringan bien. No solamente se nos echan encima chubascos. Tenemos que evitar varios mercantes que no vemos por la lluvia y que en el radar están tapados los chubascos.
El aparato eléctrico es, como poco, espectacular. Los rayos, cuando nos alcanza un chubasco, caen casi con la misma frecuencia que la lluvia y no precisamente lejos. Apagamos entonces toda la electrónica para evitarle posibles averías. Por otra parte el GPS hace rato que se quedó sin señal, posiblemente por lo espeso de las nubes. El ruido es ensordecedor, la sinfonía comenzaba con una obertura titulada: el viento silbando en las jarcias, a la vez que la lluvia golpeaba como si fuera “a casico hecho” contra el toldo bimini, inútil en estos casos.
La pieza iba ” increchedo” con los golpes de mar, algún ensayo de pantocazo y un compendio de diversas variaciones sobre el rocion; adagio con brio por babor; andante vivace por estribor; allegro moderatto por arriba; por abajo no, porqué, al parecer, las leyes de la física no se lo permiten; y como los menuettos que entraban por detrás, parece ser que le preguntaban a la física si tenia algo que objetar y esta les respondía: ah no se, yo en estas cosas no me mojo. Pues el rocion popero que es muy cuco, se aprovechaba del pasotismo de esta ciencia abstracta, y nos ponía hechos sopicaldo.
Para terminar, un “allegro molto troppo” que es cuando te cae una culebrina al laico y tu guiñas los ojicos y metes el cuello entre los hombros, porque esperas lo que efectivamente ocurre a los pocos segundos: oyes un ruido pavoroso, algo parecido al barco partiéndose por la mitad, te tiemblan las piernas, se te seca la boca y poco a poco el sonido se aleja dejando un retumbe. A todo esto miras al de al lado y le dices: ¿este ha sido bueno, eh? Y el otro contesta, con un hilo de voz, vamos como si tuviera algo en la garganta, que le impidiera hablar bien; ¡hay que vez lo cerquica ca´stao!


Y esta fue una tormenta tropical, que no fue a mas, afortunadamente, a la cual hasta le pusieron nombre, y que en principio no se dató, por no evolucionar a huracan, a los pocos dias, se constató con el nombre de PETER, pero nos dio bien por el saco. Estabamos a 650 millas a oeste de las islas de Cabo Verde.



9 de Diciembre

El tiempo empeora. 21º 18.48´N, 29º 12.11´W vamos al 234. Nos sentimos como el jamon de York de un sándwich. A estribor, la compacta e interminable masa tormentosa que se ha ido acercando toda la noche . A babor nubes más bajas y chubascos se acercan con rumbo SE. Nosotros en medio.. Andamos a 7 nudos con viento de 20 nudos del SE.
Algunos chubascos nos alcanzan, pero el barómetro sigue marcando 1015 mb. ¡El sabrá lo que hace!.
A las 18:00 GMT, los chubascos por babor y el frente tormentoso, empiezan a coincidir, casualmente encima de nosotros. Más chaparrones.
De repente un objeto no identificado, (al principio), sobrevuela el barco. Se trata de un saltamontes del tamaño de un centollo pequeño que da varias vueltas sobre el barco buscándose donde posarse. ¿De dónde vendrá ese pedazo de bicho? Las islas de Cabo Verde están a 650 millas y el continente africano, aún más lejos. No cabe duda que está batiendo el record de vuelo de distancia para saltamontes.
Por fin se posa en cubierta, delante de la capota anti-rociones. Sin embargo enseguida despega otra vez. Parece que no le gustamos. Yo de él me dejaría de exquisiteces. No hay mucho donde elegir a la vista. No obstante se va y lo perdemos de vista. Allá él. Con lo que va a caer no me gustaría estar volando. Claro que a lo mejor ha leído las previsiones meteo de los americanos y le han dicho que nno hay tormentas por la zona, como mucho unas bajas presiones relativas, muy relativas.
Unas nubes bajas, negras muy, muy negras se nos aproximan desde el frente tormentoso, como si fueran los mensajeros de lo que se nos echa encima a más altura.
Anochece con división de opiniones, unos ratos sale la luna, otras nos pilla un chubasco.
Por la noche la tormenta decide por fin descargarnos toda su potencia. Empieza a llover torrencialmente. El mar está blanco, absolutamente blanco, como si fuera leche por la espuma levantada por el viento y la lluvia. En palabras de Basilio parece que están lloviendo monedas de diez duros con mala leche. El viento supera los 50 nudos.
Más espectacular, (a la par que acongojante), es la lluvia de rayos, no menos torrencial que la de agua. Nos caen muy cerca, cerquísima. Cada vez que un relámpago nos ilumina, que es cada dos por tres, se nos ponen por corbata. El espectáculo no es agradable, lo que ves te impresiona hasta prefieres no mirar y concentrarte en lo que debes hacer. Intentamos mantenernos a la capa, solo con la mayor con dos rizos. Y era ir pasados de trapo pero resultaba prohibitivo acercarse al mástil, aunque fuera atado, además tal era la tromba de agua que no se veía la proa
Para aumentar los efectos especiales, el generador eólico más ruidoso se suelta y empieza a hacer un ruido de mil demonios. La bocina de niebla eléctrica, que tiene el mando en la bañera, se comunica por la lluvia torrencial y empieza también a sonar. No hay manera de hacerla callar ni cortando los cables. El espectáculo es impresionante. El piloto automático se declara en huelga y hay que llevar el barco a mano, cosa no muy fácil dadas las circunstancias. A pesar de estar muy atentos a veces el barco deja de estar aproado y sin más gira 360 grados. En una de esas el carro de la mayor se suelta y traslucha rompiéndolo.
A pesar de la situación, no precisamente idílica no sentimos miedo. Tal vez resignación. No se puede hacer nada, salvo intentar mantener el barco amurado al viento (¡que ya es bastante!). Aceptamos la situación tal cual es. Ahora es cuando dices eso de : Virgensica, Virgensica que me quede como estoy ¡Esto es lo que hay!, como diría Rafael del Castillo cuando no da el parte meteo que te gustaría oír.
Pero la adrenalina te sube hasta parámetros desconocidos. Dependes de ti y de tus compañeros. no puede haber ayuda. somos un grupo de personas en mitad de una de las fuerzas de la naturaleza mas impresionantes que hayamos visto, y sentido.
Estamos experimentando esto por primera vez y curiosamente ¡¡ sabes que hacer!! No te sientes impotente, reaccionas en segundos, estas alerta y predispuesto, hasta intuyes lo que tienes que hacer. ¿será intuición o el aprendizaje de la de Barbate? También podría ser la aplicación del axioma fisio-psicologico de Paulof: todo reflejo condicionado conlleva una respuesta incondicional, en este caso con refuerzo positivo ¡toma ya! Cantidad de capulladas, estoy escribiendo. Moraleja: o te buscas la vida para salir de esta o te dan por el saco. Y espabilas, ya lo creo que espabilas.

Ya sabemos cómo responde el barco, que parece no estar sufriendo demasiado, para la noche que hace. Lo que no sabemos es cuanto va a durar esto y si va a aumentar.
En cualquier caso la situación no es cómoda. La mar esta gruesa y parece hervir. Las olas nos llegan por todas partes y nos calan.
Hay que concentrarse en mantener el rumbo del barco y olvidarse de todos los “y si” que se nos pasan por la cabeza.
Pensamos en el Vagabundo, que no debe estar a más de 100 millas de nosotros. ¿Cómo lo estará pasando, solo, en un barco de 28 pies si nosotros que somos siete en uno de 47 pies nos dan ganas de bebernos el agua y volver andando?
Vamos haciendo nuestras guardias ordenadamente. La tripulación mantiene la calma. Parece como si no quisiera nadie hacer caso de la tormenta. Como si no existiese. Hay gente que incluso duerme. Estamos cansados ha sido un subidon de la ostia y nos ha dejado huella
Cuando bajo de mi guardia me encuentro un escena que no podré olvidar. El Fernandico, para entretenerse, ha decidido hacer callos con garbanzos. No sólo lo ha conseguido sin derramar una gota del puchero, sino que los que están despiertos se los están cenando, tan panchos, como si afuera hubiera sol y moscas. ¡No hay tormenta que pueda con nosotros!.
Pero tras la noche toledana o turolense según afecciones, de nuestro inexistente PETER. La tormenta perfecta, no porque fuera como la de la película, aunque por hay, por hay; sino porque supo perfectamente darnos por el saco, y además bien, sin que nadie le pueda echar nada en cara, ¡si no existió pijo! Si la tarde y la noche de puteo fue de mentirijilla; si es que nos gustaba ponernos el traje de agua porque los rociones y el agua que entraba en la bañera no eran de verdad; y que el ir con el arnés y trincados a donde podías era realmente para que no llegaras a donde teníamos el tabaco; evidentemente los relámpagos que convertían la noche en día, pero como a la hora de la siesta en agosto, que te encandilabas, junto a los rayos que te caían tan cerquica que casi notabas el calorcito, no fueron reales; y las olicas de los coj…., parecía como si el Puerto de la Cadena se te fuera a caer encima. ¿Como puede ocurrir una cosa así y los americanos no enterarse? Nos preguntan ahora ¿Estáis de broma, no? ¡¡¡ Y una mier…. como el sombrero de un picaor!!! El PETER pasó por 20º N y 30º W. Fue el preludio de un huracán que afortunadamente se disolvió. Nosotros estábamos allí y nos lo comimos enteretico.
Gracias a dios por dotarnos con esa actitud ante las adversidades. Gracias a la Jeanneau por construir tan bien el Sun kiss. Y gracias a la buena suerte, que de esta también hubo mucha.
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Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero. Qué le voy a hacer, si yo nací en el mediterráneo.

"A veces es mejor callar y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas". Groucho M.
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