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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#28
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X. DE LOS IMPERIOS DE ESTOS TIEMPOS
Díjome el docto Don Diego que no existe sobre la tierra el imperio de España, que hubo luego muchos a cual más codicioso que quisieron erigir ingleses, franceses y germanos, rapaces entre sí y sanguijuelas del nuestro, que acabó comido de deudas y conjuraciones. Amén de esto, que he de contar luego, díjome que es otro imperio de nuevo cuño el de estos días, que se llama de los Estados Unidos y que es un nuevo gobierno de Indias, hijo bastardo de Inglaterra, aledaño de México por el Norte, en lo que no fue en mi siglo más que nido de fieras por hurgar. Y fue este señorío conquistado por escarramanes, rufianes, tahúres y busconas de la Gran Bretaña, que siendo escoria y desecho de la chusma, botáronles en galeras hacia tales inhóspitos parajes. Sin reparo en miriñaques con los indígenas que allá había y en lugar de evangelizarlos como la Fe obliga trocaron la comunión por el cañonazo y diéronles sepultura sin bendecirles. Tantos indios pasaron por la pólvora que cuando fue menester hacer esclavos ni uno quedaba y hubo que acarrearlos del África. Con estas malas artes apropiáronse tierras muy vastas de Levante a Poniente, que eran de gran riqueza en oro, pastos y caza, tanto que en pocos años viajaron a ellas gentes de acá y de allá ansiosos de fortuna, los más para encontrarse con el desengaño y la gualdrapa, y se construyeron metrópolis y fantásticas industrias donde antaño no había ni rastrojos. Y aprendí de boca de Don Diego que es este imperio bisoño muy parecido al de la Roma de los césares, pues se juzgan a sí –no sé si por vanidad o por esconder su flaqueza- mejores que otros países y en verdad tienen en sus polvorines más arcabuces que cualquier otro, y creyéndose en derecho para ello, o eso dicen, salvan el mundo de los males a su manera, despachando soldadesca acá y allá y haciendo llover munición donde les place. Y es en esto en lo que se parecen a césares y centuriones, que igual que aquellos robaron de los griegos las sciencias y artes, las hicieron suyas y las despacharon por el mundo con las milicias, así sustrajeron estos americanos las ideas de Europa e hiciéronse fuertes engolondrinándose con ellas. Es el césar emperador, supremo jefe de este corrincho, uno que llaman Presidente, que vive en una casa blanca en nosequé ciudad de guasa sin ton ni son y desde allá lanza órdenes que acata el pentágono, una fábrica de la cual sale soldadesca y polvorín por los cinco costados, algunos de ellos en unos endriagos que llaman helicópteros, como caballos de Troya hechos mosca que vuelan por los aires con grandísima pedorrera. Así andan sus enemigos dándose ya por semidifuntos con sólo la visión de tales monstruos. Y dícese que más le vale al pícaro y al homicida esconderse de alguaciles y corchetes, pues es la pena capital como el pan de cada día, sólo que ya no está en estima la horca ni la hoguera y que pincha el verdugo al reo de patíbulo un veneno en las cañerías del cuerpo que le deja cadáver en mojama en lo que se canta un avemaría, o bien le hacen chicharrones en un sillón al uso. Con todo, jáctanse de su moda de gobierno, que dicen es la práctica de la libertad y por eso quieren imponerla por la fuerza en otros reinos sin respeto a las tradiciones de éstos. Es decir, que esta libertad se te obliga la quieras o no. Emplea este gobierno en primer lugar al susodicho presidente, que es tan poderosos que no fía en validos, y andan todos los príncipes, caudillos y generales de otros reinos, amén del español que fue siempre lamprea de calzón, limpiándole los botines a puro lametazo. Y también emplea este gobierno un Senado, como hicieron los Romanos e imitaron luego venecianos y genoveses, y un Congreso donde los hidalgos y su cohorte de escribanos escupen las leyes. Y dicen que es lo más notable de este gobierno el ser popular y por eso se llama democracia, loable utopía que ya cataran los antiguos, pero que hasta tal punto es carnaval, mascarada y engañifa en estos días que por fuerza se han de retorcer en su hipogeo los grandes de Atenas. Es hipocresía este gobierno del pueblo, pues igual que hubo esclavos y plebeyos en Roma, acá hubo esclavos consignados, traídos de las Áfricas como dije con la ley del azote y el grillo, que tras concedérseles falsa amnistía tornáronse plebeyos y son allá señalados de gente baja, aspirando cuando más a camareros, cocheros y porqueros. Y es meritorio que en su desprecio y mala ventura estos negros hayan parido la única cultura verdadera de esta nación en pañales, que es una música frenética que tan fresca sale de sus corazones que lleva puesto siempre el pálpito como ritmo pero que se rige más de lo improvisado que de lo escrito. De los blancos, aunque los más son pobres, por cierto, que en eso no ha hecho mudanza el mundo, vive buena parte en mucha abundancia a costa de mamullar y hurtar de otros países de las Indias donde todos son piojosos y mórbidos, que de pura miseria que malcomen cagan lombrices en pampringada. Aprendí que, como el romano, caerá este imperio americano desde adentro y por sus vicios, que ya es sabido que lejos de la Verdadera Fe, una mayor parte idolatra el dólar, que es éste su dinero y así lo llaman acaso por los dolores que sufren sus avarientas almas codiciándolo. Y los más espilorchos de estos usureros son judíos, de los que sus católicas majestades pasaron de puertas afuera en las Españas, y aún así a éstos y a los luteranos, que también abundan en este nuevo imperio, hay que envidiarles la Fe, pues otros practican herejías que fueran codiciadas por las hogueras del Inquisidor, doctrínulas de secta de marranos compradas al primer charlatán de paso, predicador sólo de sus faldriqueras. Pues es también sabido que son estos americanos fáciles de sorber el seso y es paradoja que en su ociosa vida anden con más miedo que vergüenza, de modo que basta un bufido de su presidente soberano, pregonando falsa plaga o fingida invasión de infieles, para que ya se vean en los cuernos del toro y escondan todos al punto la medrosa testa cual tortuga o avestruz. Tan recelosos andan que se dice que hasta los imberbes andan pertrechados de pólvora y balas por las calles, que es como dar un arpón a una mona aunque buen comercio para los que engordan con tal negocio, y se dice también que se les va la vida sin vivirla, pues la invierten en prevenir quiméricos males que se la pudieren arrebatar. Amén de asustadizas son estas gentes viciosas en lo cotidiano y esto se vee en que los más son cachetudos y gordinflones cuales ballenatos, como enmollecidos en armadura de crasitud de la de papo en cintura, que haylos que no pueden ya sus huesos alzarles el culo del asiento y van a morir de puro desaliño, fistulosos y podridos de llagas. Aprendí también que andan estos americanos espoleados en estos días, pues habiendo construido para envidia del coloso de Rodas en lugar significado dos torres iguales de prodigiosa altura, como de más de ciento de plantas alzadas, que no fue cosa de poco pagar la peonada de esta babel dos veces, acometiólas un atajo de infieles con una suerte de máquinas voladoras que son como galeones para el aire y llaman aviones, que no vencejos ni pichones. Dícese que en este suceso desplomáronse las susodichas torres con grandísimo estrépito pereciendo en ello infieles y fieles por millares, con lo que el presidente rabió más que gato escaldado, y así dispuso que a no mucho tardar iban a resonar bombardas y morteros en las tierras que habían visto parir semejantes villanos, que según convenció a su parroquia eran de la carne y barbas del mismísimo demonio. Y así fue, que se llevó buena tunda de cañonazos algún reino remoto del infiel, allá por las montañas que atraviesa la ruta de la seda, y a esto siguió la Mesopotamia, que había en la mítica Babilonia un tal Sadam de Bagdad, bigotón corrupto y mal tirano de la cuna de Mahoma que escondía muy poderosas armas, se decía que para escarmentar al imperio americano. A la postre era todo un embuste que fueron enredando ellos mesmos, y luego que se destapó la olla, purgaron sus culpas diciendo que fue cosa de unos correveidiles que llaman espías y no saben hacer la o con un cañuto. Se cuenta que se descargó buena munición y quedaron estos reinos más lacerados que hombrillo de nazareno, y que el tal Sadam apareció en un abujero haciendo la cascaruleta con los dientes del miedo, sin más arma espantosa que sus calzones sucios. Es sabido, empero, que esta conquista premia con un aceite que llaman petróleo porque se suda de unas piedras y que es muy codiciado por salir de ello la golosina que tragan los coches, los susodichos aviones voladores, los barcos modernos y otros ingenios. Así critican los sabios que sale ganando el americano en este lance de despojarle deste precioso líquido al infiel y que toda la sangre vaciada es poco precio por este bien, haciéndose esta guerra y otras modernas más por codicia que por honor. Bueno ha de decirse de estos americanos que son gente industriosa, prodigando copiosos dineros en invenciones que hacen lo incómodo de la vida más pasadero. Cosas insólitas relató Don Diego destos americanos que van en la cima del mundo moderno y debe estar bien harto el infierno dellos, siendo la más milagrosa que hacen voto de haber pisado la luna y haber hincado en su suelo virgen su pendón, que es parecido al de Cataluña y Aragón, sólo que en plata y gules y, en un cuartel de azur, más estrellas de plata que en la visión de un descalabrado. ¡Válame Dios que ni los astros se libran de la avaricia humana en estos tiempos futuros! ¿Pues qué acogimiento tiene la soledad de los enamorados ya bajo la luna, no siendo doncella ésta, si pudieran sus amores ser vistos por uno destos astronautas, que así se llaman estos marinos del cosmos, que de seguro andan guarnecidos en su brutal armadura de indiscretos catalejos? Y no es nada esta profanación del infinito, que me dijeron que andan ambulantes por el espacio satélites a cientos, que desde el cielo ven las cosas, de modo que nunca hemos de estar a salvo de alguaciles. Díjome esto el licenciado Torres con gran admiración, pues había sido en vida sectario de astrólogos y alchímicos. Y explicóme al fin que la más ensalzable de las varias novedades que existen en el mundo moderno dignas de acuerdo es el cinematógrafo, que es una nueva arte de corral de comedias que muestra la vida en escenas como por encantamiento, y que los americanos habían progresado asaz en esto. Con tanta ilusión me presentó ello Don Diego que le hice jurar no abandonase el mundo sin mostrarme tal maravilla. Y así hizo. En esta conversación y con esta promesa llegóse la media noche, pero no quisimos visitar aún las sábanas, que yo había dormido ya varios siglos y Don Diego no quería perder su tiempo entre los vivos en necedades para irse cuanto antes al eterno descanso. De modo que pregúntele nuevamente qué había sido de las malogradas y desbaratadas Españas en mi ausencia, y sacióse mi curiosidad con lo que se relató de seguido. .../... ![]() Pirata |
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