La captura de grandes ballenas entendida como una industria estable requiere organización, técnica y gran número de pertrechos. Se cree que
los primeros en capturarla fueron los vascos, que ya en el siglo XII capturaban
ballenas francas del norte en el Golfo de Vizcaya. Los pescadores para cazar las ballenas salían en barca desde la orilla, pero más adelante se emplearon barcos, y en el siglo XVI se habían aventurado, atravesando el Atlántico norte, hasta Terranova. Existían atalayas con vigías que daban aviso cuando se divisaba una ballena, y las barcas estaban preparadas para salir inmediatamente. Muchas poblaciones de la costa vasca tienen ballenas en su escudo; en el siglo XII los miembros de la realeza otorgaban privilegios a esas poblaciones para impulsar la captura de ballenas.
En las aguas cercanas al País Vasco las ballenas empezaron a escasear a causa de la explotación a que eran sometidas; su población nunca debió ser demasiado grande, y a mediados del siglo XVIII los marineros vascos ya habían empezado a capturar ballenas en Terranova. Sus largas travesías en persecución de las ballenas no pasaron desapercibidas a los ojos de otros (también con una considerable experiencia marítima) deseosos de extraer riqueza del mar.

El descubrimiento del estrecho de Davis (1585) y el redescubrimiento de la isla de los Osos y las Spitzberg (1596) atrajo en seguida la atención de los balleneros vascos. Pronto les siguieron marinos holandeses e ingleses que olfateaban el olor del aceite de ballena. La
Compañía de Moscovia, formada por aventureros ingleses a los que la reina Isabel I había estimulado a comerciar con Rusia, emprendió la primera expedición ballenera inglesa en 1610 hacia las Spitzberg. Durante los 6 años siguientes se enrolaron arponeros vascos para ir con los dos mayores barcos de la compañía y actuar como instructores. Ese mismo año, otras partes interesadas iniciaron la caza: franceses, holandeses, daneses, noruegos, alemanes y portugueses, y por supuesto los vascos, que estaban dispuestos a colaborar con los demás (especialmente los holandeses) por una paga.
Las ciudades de Amsterdam, Vlissingen, Middelburg y otras de los Países bajos contribuyeron al establecimiento de una verdadera ciudad ballenera en las Spitzberg. En pleno auge de la actividad de Spitzberg los holandeses aseguraban tener 300 barcos y 18.000 hombres en la zona.