Conozco a varias personas que tripulan Copa América y otros barcos de regatas. También a algunos que participan en regatas transoceánicas cuando se tercia. También he conocido a algún armador que ha trasladado su residencia al barco.
Cuando les hablo de la taberna y de lo divertida que es y de lo que se aprende en ella, en el mejor de los casos, se pasan un par de veces y, sin haberse registrado, no vuelven más.
Cuando les pregunto por qué, me responden que no tienen tiempo.
Ergo (conclusión estadística dentro de mi "campo de datos") los que tienen tiempo para navegar, navegan. Los demás somos meros aprendices, ilusos, atados a un escritorio y a un ordenador, que entramos por aquí para engañarnos tratando de quitarnos el mono porque hablamos de mar.
También hay alguno que trata de recabar información mientras prepara su larga travesía pero en el tiempo en que he estado en la taberna no conozco a ninguno que, tras su regreso, haya entrado tanto como antes de. Los más, ni vuelven.
Quizás sería motivo de otro hilo. Es posible que esté equivocado, pero es mi conclusión. Quizás es que en algún rincón de mi inconsciente siento la imperiosa necesidad de soltar amarras para hacer alguno de esos viajes sin fecha obligada de retorno. Quizás, si lo hiciera no volvería a entrar a la taberna. O quizás esté desvariando
Pero aquí es donde cobra sentido la cita del encabezado: