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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Hola a todos
![]() Siempre me ha gustado navegar de noche. Lo hice desde que me inicié en la navegación y han pasado de esto muchos años… Nunca me asustó la oscuridad ni la soledad que te envuelve durante las guardias; es más considero que es necesaria la soledad para el ser humano: todos vinimos al mundo solos y solos lo abandonaremos. A mí me pasa que, al abandonar los prejuicios de la convivencia, me empieza a envolver como una cierta paz interior muy gratificante y a su vez se me activa la imaginación, con esa especie de recogimiento, que me proporcionan los sentidos. Yo no sé si a vosotros pero yo regularmente necesito esta droga. Os pido perdón por esta reflexión, que solo viene a cuento porque a mediados de este mes navegué por la noche con motivo de ver la lluvia de las Perseidas también conocidas como “Las lágrimas de San Lorenzo” por la cercanía a esta festividad. Hacía tiempo que no lo hacía. Cuando era más joven y tenía más inquietudes astronómicas, me tumbaba sobre la cubierta con un planisferio (que habrá que ver donde está ya que lo he buscado infructuosamente) que tenía una máscara de acetato que rotándola según las horas y la latitud te descubría en una ventana, la porción de cielo visible con sus correspondientes estrellas y constelaciones. Me pasaba horas con una pequeña linternita roja escudriñando las casi 6000 estrellas que se podrían ver a simple vista. Ahora digo veían por que ahora no se las ve. Efectivamente siguen ahí pero… ¡es que ni siquiera se ve la Vía Láctea! Estábamos a 10 millas de la costa y seguimos navegando hacia la mar huyendo de esta polución lumínica. - Nos protegerán los 100.000 ha. del Espacio Natural de Doñana. – dije- A su largo través las emisiones de luz seguían: Matalascañas y El Rocío nos cegaban localmente y las ciudades de Huelva, con los esperpénticos artefactos lumínicos ineficientes de su polo industrial, Jerez de la Frontera, la distante Sevilla, Cádiz y la correspondiente luz difusa desperdiciada de sus industrias, hacían valer su derrochador halo lumínico cegador. De la lluvia de meteoritos ni rastro, por mucho que mirábamos al sur en dirección a donde debía de estar Perseo y de las demás no sé cuantas estrellas vi, pero con esfuerzo, a no más de doscientas. Me acordada, sentado solo en el púlpito de proa, y amparado en la noche que antes comentamos, de Galileo Galilei que subido a la terraza de su casa y con un telescopio de tres centímetros de diámetro terminó con el cuadro que nos habían pintado de la concepción geocéntrica del Universo y también de Asimov y Silverberg que escribieron una muy interesante y conocida novela de ciencia ficción que se llama Anochecer. En el argumento habla del planeta Kalgash que está a punto de desaparecer y sólo unos pocos lo saben. Este planeta sólo conoce la luz porque desde hace dos milenios sus seis soles lo iluminan perpetuamente. Estos soles se irán poniendo por una extraña conjunción cósmica descubriendo un cielo cuajado de estrellas pero la locura del anochecer marcaría su final… ¿Cuántas millas habrá que navegar para contemplar ese cielo? Lamentablemente, ya es un reto predecirlo. Saludos Andrés
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#2
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Cita:
Y sí, lástima de tiempos modernos (ya lo decía Chaplin), yo también traté de huir de la contaminación lumínica sin éxito el pasado jueves...De hecho se trataba de otra de mis escapadas en solitario para cogida la horizontal y enfrentado a las Perseidas, dejar lo mundano por unas horas, y abordar temas más trascendentales. Pero nada, no hubo manera... |
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