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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#5
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Me ha gustado muchísimo.
Además de la historia, el libro en sí, por la calidad de la edición y la belleza de las ilustraciones, constituye un objeto precioso. He seguido las tribulaciones del español a bordo del submarino y creo que entre todas sus aventuras retendré dos imágenes. La primera, como no, en la página 92. El pasajero español charla con el doctor, un convencido pangermanista. Recordemos que la novela fue escrita el año 1917. Dice el doctor que los españoles algo germanos sí que son. Lo cual sorprende mucho al narrador, quien pregunta: ... Y siendo germanos como Usted dice, ¿cómo es que ahora no seguimos dominando [el mundo]? -¡Ah! ¿Por qué? Hay una razón terrible. En Europa hay dos clases de razas principales, que de una manera general podemos calificar así: una raza rubia y una raza morena. El individuo masculino de raza rubia se siente poderosamente atraído por la individua de raza morena, y la individua de raza rubia siente una tremenda debilidad por el individuo de raza morena. -Ve usted?, en esto ya estamos conformes-contesté. -¡Terrible consecuencia, la raza se ennegrece! -Que se ennegrezca. -¡No, no, jamás! Porque al ennegrecerse pierde las condiciones que la hacen apta para la civilización, para el sacrificio colectivo, para la organización. ¡Pobre España!, no tiene salvación si una nueva invasión de germanos no la blanquea. Hay demasiado moreno en su país; yo no me atrevo a decirle a usted cuál sería el medio radical, pero infalible de salvación para España. -Dígalo usted; ande, dígalo. -La degollina general de los morenos y morenas. -¡Pero habría que poner una guillotina de vapor en cada pueblo! -Se pone-dijo el doctor, y dio unos cuantos pasos, mientras levantaba la mano y la bajaba rápidamente, como quien siega cabezas de pelo negro. Yo me reía a mandíbula batiente, y el oficial Smidt, que fumaba recostado en la baranda, levantó la cabeza al oír mis carcajadas. Guillotinas de vapor, no, pero desde luego la industría aportaría unos recursos de lo más siniestros para mecanizar la masacre un cuarto de siglo más tarde y que acallaría de golpe todas las carcajadas de los incrédulos. Ahora que lo vuelvo a leer, no deja de sorprenderme el "Que se ennegrezca" que Baroja pone en boca de su personaje principal. Revolucionario para la época, cuanto menos. Otra imagen, más "romántica" esta vez, pero que traduce con toda la elegancia posible la nobleza que emana de la figura del capitán: ¿EL comandante? El comandante da la sensación justa del héroe. Se advierte en él, que conoce la enorme responsabilidad de sus terribles actos, se ve que en el fondo de su alma le repugnan, jamás le he sorprendido el más insignificante gesto de satisfacción, después de una horrible catástrofe, producida por él, a los enemigos, nunca la mueca de mofa ha aparecido en sus ojos al contemplar a sus víctimas hundirse para siempre en el mar. Si llega con vida al final de la guerra no hablará jamás de sus hazañas. Hoy he entrado en la cámara del periscopio poco después de que él hubiera salido; sobre la mesa, donde tantas escenas de horror ha reflejado el periscopio, había un libro abierto: La crítica de la razón pura". Y eso, en plena primera guerra mundial. Olé. ![]()
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