La Taberna del Puerto Sergio Ponce
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Predeterminado Travesía a Melilla (En 3 partes)

Para ser leido por quien desee navegar un poco con la imaginación. Sé que esto no se parece en nada a la realidad, pero cuandoestás unos días sin subir a bordo, la imaginación hace travesías por su cuenta. Por eso comparto éste idilio con el mar. Os invito a todos, con un copazo de ron Barceló. (El mallorquín Don Antonio Barceló fue uno de los mejores marinos que tuvo España)

Melilla, una aventura cercana (Parte 1/3)


Esta es una travesía imaginada durante la última semana del mes de febrero de 2008. Espero que se realice muy pronto. Ahora solo la imagino y así la escribo.

Cruzar el Mar de Alborán es navegar de un continente a otro por las mismas aguas que fueron surcadas por antiguas naves de viejas civilizaciones… Y no se dejarán de rememorar las leyendas de piratas y bucaneros, como el famoso turco Al Borani, al que llamaban “Tempestad-tormenta”. Este pirata utilizó la isla que lleva su nombre, como cuartel y refugio después de sus correrías…

También nosotros navegaremos cerca de la isla de Alborán para visitar la ciudad de Melilla y poder descubrir su sabor, convivir con su amable gente, respirar ese ambiente donde conviven, con mutuo respeto, tan variadas y distintas culturas… Y navegaremos por la costa marroquí, para descubrir sus calas casi vírgenes, aparentemente desérticas.

La idea es de mi buen amigo A.M. Iniciativa que fue rápidamente aceptada y apoyada por mi hijo y por mí. Quizás tengamos la suerte de que nos pueda acompañar algún otro amigo, con quien ya hemos compartido otros días de navegación en este mismo velero. Para nosotros, la calidad de la tripulación es tan importante como el propio barco.

A.M. es capitán de yate y propietario de un impresionante Beneteau de 16 m. Un velero con un diseño casi perfecto, con aletas inferiores en la orza, que tiene la amplitud y las comodidades de los veleros modernos preparados para grandes travesías. Dispone de cuatro camarotes dobles con sus respectivos cuartos de aseo, que permiten navegar hasta un total de 10 personas con la máxima comodidad. Al tiempo hay que añadir que es un barco muy marinero. Inspira confianza tanto su potente motor de 80 CV, como su majestuosa y firme manera de cortar las olas. Las escoras nunca llegan a ser molestas.

La tripulación en otras ocasiones que hemos navegado, se compuso de A.M., A.O., J.E. y yo. Los tres primeros siempre acompañados de sus medias naranjas. Nos conocemos desde hace bastante tiempo y sabemos que nunca tendremos problemas de convivencia. Nos respetamos en nuestras diferentes opiniones. Mantenemos de continuo un excelente buen trato, buenas conversaciones, sentido del humor en cantidades industriales, buenos cantes jondos y andaluces, con excelente, exquisito y buen yantar cocinados in situ…Todos confiamos en todos, sin desconfianzas. Iríamos juntos donde fuera, si ellos pudieran salvar los compromisos laborales e industriales que les atan. A mí, jubilado, esos inconvenientes no me afectan desde hace años.

La idea inicial es cruzar el Mar de Alborán desde el puerto de Málaga hasta un puerto marroquí que, según A.M., está regentado por españoles. Después, casi seguro amarraremos en Melilla durante un día o unas horas, y disfrutaremos de ese ambiente que se genera en su españolísimo puerto.

Ya me imagino la travesía.

Seguro que al final por cuestiones de trabajo saldremos mas tarde de lo previsto. Verificamos que la meteorología es la mas favorable para cruzar directamente desde Málaga -nuestro puerto base- De acuerdo con las previsiones esperamos que, como mucho, tengamos Levante Fuerza 5 con rachas de 6 hacia alta mar y hasta las aguas costeras de la isla de Alborán. Así ganaremos barlovento pegados a la costa durante algunas horas teniendo después el viento por la aleta durante el resto de la travesía, con rumbo directo al sur. Salimos la tarde del jueves del día 28 de febrero.

Día primero. Jueves 28.

Pegados a tierra. No hay Levante, mejor dicho no hay nada de viento, por lo que vamos a motor y con la mayor izada.

Disfrutamos de la vista de la costa a menos de 3 millas. Vamos identificando pueblos de nombres tan evocadores como El Palo, Rincón de La Victoria, La Cala del Moral, Benajarafe, Torre del Mar, Caleta de Vélez, Torrox, Nerja, Punta de la Mona, Almuñecar, Motril… 24 millas más adelante alcanzamos el puerto de Adra. Desde esos momentos estamos gozando con la contemplación de la puesta de Sol por nuestra popa. La caída lánguida de la tarde nos hace pensar y tenemos la sensación de ser privilegiados. Como seres vivos nos sabemos partícipes de ese infinitesimal porcentaje de la materia del universo que es consciente de sí misma y de su entorno…

Desde Málaga a Adra hemos recorrido 70 millas. Nos faltan unas 11 millas más para encontrarnos frente al puerto de Almerimar.

La isla de Alborán, desde Almerimar, la encontraremos navegando al Rv de 186º y a la distancia de 45 millas. Y siguiendo el mismo rumbo llegaremos, unas 33 millas más, a Melilla.

Empieza a cubrirnos el manto de la noche y nos vamos acercando a nuestro primer punto de referencia: Almerimar. Sobre las 23:00 comprobamos que nuestra posición se encuentra exactamente al sur del puerto de Motril. Por través de babor vemos las luces de la bocana del puerto. A esas horas se despierta nuestra sed y alguno de nosotros lanza la gran idea de abrir una cerveza bien fría, acompañada de lonchas de jamón y unos taquitos de queso, que arranca aplausos entre nosotros. Dejamos atrás Motril. La mar sigue como un plato y la navegación nocturna es casi un ensueño del que disfrutamos todos. Desde nuestra posición podemos divisar enormes cargueros que se encuentran fondeados. El puerto de Motril es muy grande y tiene una gran actividad comercial.

Es la primera noche, y entre el mar de fondo de levante que comienza a sentirse y la animada conversación que mantenemos acompañada de cerveza y algún que otro excelente Chivas Regal con hielo…, el caso es que no nos apetecía dormir, y en nuestros corazones veníamos estibando todas y cada una de las vivencias de esos momentos de camaradería, de sincera amistad, de buen saber estar y mejor navegación.

Gozamos del mar, de la brisa, de la navegación, y de la felicidad personal de compartir una entrañable compañía tan difícil de describir. Hé de confesar que, aunque navegaba en compañía de mi hijo, J.E., echaba en falta el brillo azul de los ojos de una de mis nietas, L.L., a la que tanto le gusta la mar. ¿Qué extraño hipnotismo de amor tienen los hijos y los nietos, sobre los abuelos? ¡Siempre están presentes en el corazón!



Día segundo. Viernes 29.

El capitán (A.M.) nos designó turnos nocturnos de guardia entre los varones. Se cumplieron con exactitud, aunque ninguno de nosotros estuvo solo durante su guardia. Quizás pensábamos que dormir la primera noche era un desperdicio de sensaciones. Claro que las medias naranjas estaban cansadas y utilizaron los respectivos camarotes.

El amanecer del nuevo día se anunciaba por levante con una tenue claridad. La coronilla del huevo frito gigante se asomó tímida sobre la línea del horizonte, tornando lentamente del rojo al naranja y al final, triunfante, en un oro vivo que impedía la mirada directa. ¿Por qué siempre nos maravilla contemplar el amanecer en la mar? Aunque el fenómeno natural de la salida del Sol se repite desde hace millones de años, no creo que ningún ser humano en la mar, durante el amanecer, no se quede extasiado durante minutos absorto contemplándolo. Todos los amaneceres parecen siempre diferentes a los demás.

Todos nos levantamos temprano. Desperezar del cuerpo y refrescante aseo personal. Desayuno como mandan los cánones y las buenas costumbres, esto es, dos veces.

Habíamos dejado muy atrás Motril y comenzábamos la mañana de un sábado que casi nos parecía veraniego. Nuestro rumbo nos llevaba directo hacia Almerimar. En la pantalla del Reymarine nos veíamos navegando separados de tierra unas 6 millas, como habíamos previsto. Hay levante flojo, pero el magón, la mar de fondo, empezaba a incordiar un poco.

Pasando por el cabo Sacratif y por Adra, nos aparecen los característicos invernaderos almerienses… ¡Como brillan los plásticos! No nos extraña que se vean desde el espacio como un gran espejo de enormes dimensiones. Esa fue la descripción que hizo el primer astronauta español Pedro Duque, cuando en los primeros días de noviembre de 1998, observó la piel de toro de España. El vuelo espacial del primer astronauta español tuvo una duración de nueve días y nuestro compatriota se dedicó a la investigación del estado en falta de gravedad y al estudio del Sol. También Duque se responsabilizó, entre otras cosas, de las cinco instalaciones científicas de la ESA a bordo del transbordador, así como del sistema informático empleado en el transbordador. ¡Magnífico representante de España ante el mundo entero!

En esos momentos, la sorpresa de unas tostadas de pan de molde fregadas con tomate y lonchas de jamón, acompañadas de un café riquísimo humeante, nos supo a gloria y nos mató el gusanillo. Nos encontramos, mirando al norte, frente a Almerimar.

Mi hijo y yo fijamos la vista y allá a lo lejos divisamos la torre del puerto… Allí se encuentra amarrado nuestro FARAMÁN. Tenemos la sensación de que nuestro barco también sabe que estamos cerca y seguro que está alzando su mirada por encima del malecón para observarnos con nostalgia. ¡Qué extraños lazos unen al hombre con su barco!

En el puerto de Almerimar siempre hay sitio para un amarre improvisado y, la verdad es que el personal que lo regenta mantiene siempre un trato muy amable. Es, por otra parte, un puerto con mucho trotamundo. En él hemos visto banderas holandesas, alemanas, americanas, subafricanas, canadienses… además de las francesas e inglesas que nunca faltan. En los restaurantes y los bares se hablan todos los idiomas.

Por radio solicitamos información meteorológica fresca, y ante sus datos decidimos cruzar rumbo sur, a 187º Rv.

(Si nos hubiésemos quedado en Almerimar habríamos soltado amarras a las 5 de la madrugada. Sería noche oscura. Aseo y reparto rápido de tareas, -uno prepararía un frugal desayuno, otro comprobaría los niveles del motor…-, para estar saliendo de puerto a las 6:00 a.m. Salir de madrugada de un puerto tiene un encanto especial. La tranquilidad y el silencio que imperan te dan la auténtica dimensión de lo que es un puerto, nada más y nada menos que un refugio donde los barcos permanecen seguros y las tripulaciones descansan)

Noche cerrada aún, la mar sigue bastante calmada. El Mar de Alborán nos espera. Sigue sin haber suficiente viento y seguimos a motor y arriba la mayor. Poco a poco, a medida que nos alejamos de la costa, va clareando el día. Poco antes, A.O. pudo fotografiar un amanecer espectacular. Y a medida que nos alejábamos de la costa, el viento de levante empezó a refrescar, lo que nos permitió sacar génova y ver como el barco se alegraba, porque los veleros están hechos para navegar a vela. Paramos motor.
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Predeterminado Re: Travesía a Melilla (En 3 partes)

(Travesía a Melilla - parte 2/3)

Seis nudos de media y ya nos han visitado varias veces los delfines.

La tierra del continente europeo se desvanece por la popa y comenzamos a sortear el intenso tráfico de mercantes que, unos van hacia el estrecho de Gibraltar y otros vienen de él.

--“¡Tráfico por estribor, tomar marcación y esperar! –Fue la consigna del capitán en aquellos momentos-- ¡Este nos pasa por la proa sin problemas. Este otro por la popa!” -- No tuvimos que maniobrar ante ningún mercante, aunque siempre estuvimos muy atentos a sus derrotas.

A medida que nos adentramos en alta mar y se acercan las horas centrales del día, el viento del Este comienza a arreciar. Se cumple la previsión de encontrar áreas de fuerte marejada y el capitán, A.M., decidió enrollar unos metros la mayor (como coger rizos). Después decidió también enrollar unos metros de Génova. Los trapos impulsan al velero con solo 3 ó 4 grados de escora que no resultan incómodos. Después navegamos horas y horas sin ver un solo barco.

Cuando comenzó a encabritarse un poco la mar enormes olas comenzaron su baile a nuestro alrededor. Las fuimos sorteando dándoles la aleta de babor, por lo que consideramos más oportuno dejar sin trabajo al piloto automático, que fue relevado por las manos en la rueda. Este velero dispone de dos ruedas gemelas.

Vemos multitud de delfines surfear las olas. --¡Habrase visto bichos más juguetones!-- El mar es un espectáculo. Olas rompientes por doquier. Espumarajos de sal por todas partes. Algunas veces una ola más grande que las otras, nos rompe justo al tocar el casco y nos rocía de espuma. Nuestros trajes impermeables chorrean mediterráneo. Hace algo de frío pero no nos molesta. El día va avanzando y nosotros con él nos aproximamos a la costa africana.

Seguimos sin ver un solo barco y casi de repente, como un enorme fantasma surgido de entre las olas, divisamos el perfil de la isla de Alborán. Hemos recorrido unas 45 millas desde Almerimar.

La isla parece un enorme portaaviones. Yo estoy seguro que, en su día, será un lugar donde se construirá un Parador Nacional y un pequeño puerto desde donde saldrán embarcaciones que sacarán a los turistas a ver cetáceos, tan abundantes en estas aguas. Pero eso será en el futuro. Ahora solo se aprecia en el extremo Oeste de la isla un edificio de figura cuadrada coronado por la torre de un faro. El edificio es una pequeña construcción donde se alojan los militares que la custodian y ejercen nuestra soberanía.

La isla bien podríamos recorrerla entera, de norte a sur y de este a oeste en un corto paseo, pues su reducido tamaño lo permite. Su longitud es de 605 metros por 265 de ancho. En total, una superficie de poco más de 71.000 metros cuadrados de roca horadada por el mar. Y lo más sorprendente es que además podríamos recorrer sus entrañas atravesando en barca la isla de punta a punta en un día de mar en calma por uno de sus canales subterráneos llamado "Cueva de las Morenas", denominada así por estar habitada en gran medida por este tipo de peces. Alborán cuenta con otras cuevas que la atraviesas e incluso con un pequeño lago subterráneo. Junto a la isla, al Este, encontramos un pequeño islote formado también por rocas volcánicas y denominado "Isla de Nubes".

Continuamos viaje sin acercarnos a la isla, -la meteorología no es propicia-, mientras va cayendo la tarde y la mar se va tranquilizando poco a poco.

Más delfines. Estos son pequeños. Juegan en la proa como si le echaran carreras al barco. Algunos saltan con inusitada fuerza y, ya en el aire, golpean con fuerza la superficie del mar, como si quisieran decirnos --¡¡Mira lo que sé hacer!!-- Apreciamos sus miradas desde el agua junto a la proa. Nos observan como nosotros a ellos. Se aprecia que los humanos no estamos muy lejos de ellos en el enorme árbol de la vida.

Poco a poco hace acto de presencia la oscuridad y por fin aparecen entre la bruma, las montañas que constituyen el cabo Tres Forcas. A unos metros del barco vemos nadar los enormes lomos negros de otros animales marinos. Estos no vienen a jugar. Pensamos que pueden ser calderones aunque no estamos seguros pues, con la oscuridad reinante, ya no se ven bien.

Entramos por la cara Este de la península del cabo Tres Forcas. Llamamos por radio a Puerto Noray en Melilla y nos contestan de inmediato, cosa que nos reconforta.

No hay problema de atraque, nos esperan.

La luz diurna ha caído y en la oscuridad apreciamos a otras embarcaciones, en su mayoría pequeñas barcas pesqueras alaüitas. De pronto aparecen unas potentes luces frente a nuestra derrota. Al principio nos asustamos, pero conforme nos acercábamos pudimos comprobar que era una barca pequeña con una potente luz de gas y un tipo tumbado dentro. Está pescando, seguramente calamares.

Por fin entramos en el puerto de Melilla. En un momento dado, miramos hacia atrás y vemos asombrados como la enorme proa del ferry que une Melilla con la península la tenemos a menos de 30 metros. Hemos tenido suerte de que no nos haya pitado, que si lo hace, nos da un infarto del susto. Entramos en Puerto Noray, un refugio dentro de otro refugio. Nos dan atraque y nos tratan con mucha amabilidad.

Son las 12 de la noche y nos vamos inmediatamente a cenar a uno de los muchos restaurantes que, como los demás bares de copas, se encuentra totalmente lleno. La juventud, y no juventud, de Melilla sabe disfrutar de la noche del fin de semana. A mi me parecía que estaban de feria.

Conseguimos unir dos mesas y rodearlas de sillas suficientes para nuestra tripulación.

Nos sentamos a la mesa cansados, salados, resecos por el viento y algo hambrientos. La mente llena de imágenes de olas. Olas y mar, mucho mar y delfines… Nos miramos y sonreímos con complicidad. Hemos llegado.

Durante la cena, sazonada de sonrisas y bromas, cada uno de nosotros supo comentar los mejores momentos de la travesía. Algunas anécdotas quedarán eternas para nuestra biblioteca de recuerdos.

No puedo aquí dejar reflejo de todas, pero no quiero dejar en el tintero la que narró M.R., la joven y guapa pareja de A.O. Nos confesó que era la primera vez que embarcaba en un velero, y que su mayor preocupación durante la travesía fue indagar por su cuenta intentando descubrir, dónde escondíamos la fregona, el cepillo de barrer y el tendedero para secar la ropa… ¡Qué ocurrencias! ¡Hay gente para todo!

Día tercero. Sábado 1 de marzo.

Habíamos dormido en el barco como lirones. A las 10:00 de la mañana desayunamos en tierra y nos dispusimos a recorrer Melilla.

Visita a mil tiendas. Compra de regalos y especias. Recorrer el mercado donde compramos fruta fresca para avituallar el barco y curioseamos entre los puestos de pescado, que está a muy buen precio. Esta ciudad tiene un encanto especial, quizás por ser cabeza de puente de un continente a otro.

A medio día comemos a base de cervecitas con tapas, reforzadas con algunas raciones. Si visitáis Melilla os aconsejo que pidáis una buena ración de coquinas a la marinera. Es un manjar exquisito. Además de que saben prepararlas muy bien, es que son de un paladar finísimo y de gran tamaño. Después un té moruno, con hierbabuena y mucho azúcar que nos reconforta. Sabia combinación propia de estas latitudes.

Por la tarde subimos a la ciudad vieja, fortaleza testimonio de otros tiempos que se conserva como recién construida. Y los museos de armas. Y los aljibes de agua en previsión de asedios… Melilla guarda el encanto de la historia de España en tierras africanas.

Inesperadamente nos encontramos con unos buenos amigos, Natacha y Javier. Tienen su puerto base en Almerimar, aunque son de Melilla y se les nota que la morriña les atrae continuamente. Tienen familia en esta ciudad. Nos enseñan su precioso barco velero y después nos llevan a cenar en un todo terreno, con el que dicen que han recorrido medio Marruecos. La conversación es amena. Han tenido experiencias que nos son muy interesantes.

Con la promesa de que nos veremos dentro de unos días en Almerimar, nos despedimos, pues zarpamos de nuevo al día siguiente. Ellos y nosotros sabemos que volveremos a encontrarnos y a retomar los temas de conversación tan interesantes que nos describen las tierras marroquíes.

Día cuarto. Domingo 2 de marzo.

Potente desayuno antes de zarpar. Lo hacemos con cierta tristeza pues nos damos cuenta que quedan con muchas cosas sin ver y sin disfrutar de Melilla… Nos encantó su recinto antiguo amurallado sobre el mar. Los túneles del que fuera antiguo convento, con sus ventanucos de observación al mar. ¡Cuantos piratas desistieron de acercarse creyendo que tras ellos dormían las bocas de fuego de cañones y lombardas!

También echaremos de menos su variada y marinera gastronomía. … pero así hay motivo (como si hiciera falta), para regresar a la primera ocasión que tengamos.

Navegábamos y pusimos proa a la cara Oeste del cabo/península de Tres Forcas. Buscamos la cala de Tramontana pues nos habían contado que en la cala de al lado, más al Sur, te preparan un pollo a la moruna para chuparse los dedos. Llamamos a Javier por teléfono móvil para que nos dé la meteorología que saca de Internet. Es día de role de levante a poniente y se espera que el viento arrecie sobre las 12 UTC del día siguiente. Decidimos pasar el día bañándonos en la cala de Tramontana y partir rumbo directo al puerto de Málaga al atardecer.

Vamos disfrutando de la espectacular vista de la costa marroquí. Pasamos entre el cabo y los islotes que hay a levante de éste. Luego el propio cabo. El paisaje es magnífico. En ciertos aspectos recuerda al de la costa del cabo de Gata. La mar está calmada y nos permite disfrutarlo. Tenemos cuidado con el bajo del Cuchillo, del que ya teníamos noticias y bordeamos poniendo rumbo Sur por la cara occidental del cabo.

Vamos descubriendo calitas preciosas, hasta que llegamos a la grandiosa cala de Tramontana cuyo paisaje es sobrecogedor. Montañas desérticas la rodean y cercanas a la playa algunas dunas de arena que casi llegan al mar. No hay construcciones, pero no está desierta. En su orilla Norte algunos toscos embarcaderos para las pequeñas barcas de pesca de los locales. Hay otros barcos, un par de yates a motor que vienen de Melilla como nosotros. Fondeamos y nos damos un baño refrescante. J.E. se coge unas aletas, gafas y tubo y se va de reconocimiento.

La cala siguiente a la de Tramontana, alberga una pequeña, muy pequeña aldea. Entramos en la cala por donde nos recomienda la pantalla del Reymarine y fondeamos.

Entre nosotros se constituye un equipo que va a tierra a por el pollo a la moruna. Los elegidos cogen los pasaportes, y la radio VHF portátil y salen con la zodiac para la playa. Allí preguntan a un señor que ven tranquilamente sentado bajo una sombrilla y resulta ser de Melilla. Está allí todo el verano con su familia y les ofrece unas cervezas frías. Amabilidad y educación a raudales. Cuenta que podemos estar absolutamente tranquilos, que no hay delincuencia alguna. Indica donde hacen el pollo. J.E. y A.O. se acercan a encargar el pollo, mientras A.M., las medias naranjas y yo, nos quedamos a bordo tomando cerveza. La tasca donde preparan el pollo es del todo auténtica. Al principio del enorme mostrador el esqueleto de un descomunal bogavante te mira con ojos saltones, rodeado de caracolas que aún huelen a la vida marina que albergaron antaño. El dueño saluda cortésmente en español y saca varios pollos vivos para que J.E. y A.O. elijan los que mejor les plazca. El nativo dice que tardará una hora y cuarto en estar cocinados y que añadirá patatas fritas y ensalada.

J.E. negocia el precio con el dueño que se da cuenta que le vá el regateo y pronto llegan a un acuerdo. Mientras esperan la preparación de los pollos, el marroquí les invita a té con hierbabuena. Nos informan por radio: --“Carpanta base, aquí carpanta en tierra, los pollos tardarán una hora y quince minutos y vamos a esperar tomando té”-- No se equivocó el dueño en el tiempo, y una hora y quince minutos después, estaban de nuevo a bordo con los pollos guisados, además de un tuper ware lleno de patatas fritas y otro con ensalada. Añadieron dos panes catetos y una bolsa con el contenido de un cubo de hielo picado. Todo por 15 euros.

Nos zampamos el excelente manjar que constituía el pollo a la moruna, esto es, guisado con aceitunas, dátiles y ciruelas pasas. Acompañamos al pollo con dos botellas de vino tinto de Rioja. Alguno de nosotros resumió así el momento, al tiempo que levantaba su copa: --¡Vá por nuestras madres!! ¡¡Qué bien se vive en España!!--

Otro bañito corto y zarpamos hacia Málaga.
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Predeterminado Re: Travesía a Melilla (En 3 partes)

(Travesía a Melilla - parte 3/3)

Todos los barcos de la cala Tramontana nos responden a nuestro adiós con las bocinas, es decir, los tres que había: dos motoras de Melilla y un catamarán a vela con bandera italiana que habíamos visto atracado también en Melilla.

A nosotros nos parecía que todo tenía un aspecto especial… y que nos bañaba una luz también especial... Estoy seguro que alguien pensará, “eso es por las especias con que os aliñaron el pollo”, pero no. Tiene más relación con lo bucólico del paisaje, con su belleza, con la sensación de soledad, donde los seres humanos somos más solidarios, más amables, tenemos más necesidad de encontrarnos unos con otros.

Nos despedimos de la cala de Tramontana y de los pocos barcos allí fondeados, con la sensación de que cualquiera de ellos nos hubiera acogido gustoso, deseoso de compartir conversación y compañía.

Zarpamos hacia Europa. En nuestra mente nos llevamos los recuerdos, las imágenes de los habitantes de la cala, del pollo, del té moruno, de las cervezas. De aquella visión de las mujeres lavando la ropa en una pila común, de los niños correteando por la playa de aguas transparentes, incluso del burro que deambulaba tranquilo por la orilla. -- ¡¡Adiós a todos…Hasta la vista…!!

El Sol va cayendo sobre el horizonte a medida que la tierra va alejándose por nuestra popa. Nos espera navegar toda la noche y gran parte de mañana. La mar está calmada cosa que agradecemos. Establecemos turnos de guardia, de 12 de la noche a 4 de la madrugada y de 4 a 8 de la mañana. Ninguno de nosotros nos defenderemos del ataque de sueño. Se cerrarán nuestros ojos y nos vencerán los recuerdos acumulados durante el día. Se inicia la noche.

Día quinto. Lunes 3 de marzo.

Son las 01:00 am. Estamos a unas 30 millas de la costa africana cuando aparece A.O. por el camarote de proa y nos larga: --"¡¡Oíd, oíd!! ¡Tenemos relámpagos en la proa!" Casi al unísono todos nos preguntamos: --¿Comorrrrr?, ¡¡Pero si no estaba previsto en la meteorología!!

De repente, todos salimos a cubierta y, el paisaje imponía. Una noche brumosa, con ambiente pesado. El agua de la mar calmada, el cielo casi cubierto y una brisa de levante que nos parece más caliente de lo normal. Y, efectivamente, tenemos jolgorio en la proa. Allá a lo lejos, se aprecian muchos, rápidos y fuertes fogonazos que parecen fuegos artificiales. Cada descarga eléctrica iluminaba por unos instantes el horizonte delante de nuestra proa. Tras unos minutos, empezamos a ver con claridad la trayectoria de los rayos, o sea, ¡que nos estamos acercando a la tormenta!

En aquel trance yo expreso mi opinión: --"Capitán, hay que quitarse eso de la proa como sea"

Pues muy bien. El capitán pensó que, aunque lo más probable es que no tengan ni idea, va a hacer lo que considera correcto en esa situación: llamar a Málaga Radio por el canal 16, contarles que vemos una tormenta eléctrica en nuestra proa y solicitarles información de hacia donde se está moviendo esa tormenta, para poner un rumbo adecuado para evitarla. De paso comprobamos que tenemos enlace radio con España, lo que quita algo de hierro al asunto.

--"Málaga Radio, Málaga Radio, Málaga Radio, aquí el velero Argos, aquí el velero Argos. Cambio" Después del segundo intento responde Málaga Radio y nos manda al canal 26, su canal de trabajo, pero allí no nos responde por lo que volvemos al 16 y nos dice que le contemos que nos pasa.

-"... nuestra posición es 35º 52’ 48” Norte, 3º 32’ 98” W. Nuestro rumbo 319º Repito nuestra posición es 35º 52’ 48” Norte, 3º 32’ 98” W. Nuestro rumbo 319º Tenemos en la proa una tormenta eléctrica. Solicitamos información de hacia donde se mueve esa tormenta, al objeto de poner un rumbo adecuado para esquivarla"

-"Málaga Radio para el velero Argos, Málaga Radio para el velero Argos. El parte meteorológico que tenemos para esa zona no prevé tormentas eléctricas. Repito el parte meteorológico que tenemos para la zona no prevé tormentas eléctricas. Es lo único que podemos decirles..."

-"OK, Málaga Radio, muchas gracias de todas formas, que tengan buen servicio"

Lo que pensábamos, no tienen información actualizada de la meteo de la zona. A ver ¿para donde ponemos rumbo? El viento que notamos en superficie es claramente de levante, con lo que la primera idea es que la tormenta se desplaza desde el E hacia el W, con lo que nosotros deberíamos de poner rumbo al E, para alejarnos de ella.

Pero entonces mi hijo, J.E., observa un claro donde las estrellas están siendo ocultadas por las nubes en altura de W a E, con lo que debemos suponer que en altura, el viento es del W. Eso hace decidir a A.M. como capitán el poner rumbo 270º y ver que pasa.

Pues acertamos. La tormenta pasamos a tenerla por el través de estribor y poco a poco los fogonazos van quedando por la aleta. Después de un par de horas, apenas se ven y volvemos a nuestro rumbo inicial. El resto de la noche es más tranquila, diríase que nos parecía preciosa. Las nubes bajas se abren cada vez mas para dejar que la Luna, casi llena, ilumine parcelas de mar, creando paisajes fantasmagóricos. Las aguas alrededor del barco se iluminan con las fosforescencias de miles de medusas, algunas de ellas enormes. A menudo, delfines nadan a nuestro alrededor como torpedos fosforescentes...

Cuando atravesamos alguna parcela iluminada por la Luna, el mar no parece de agua, más bien tiene el aspecto de metal líquido, un metal espeso, oscuro y brillante a la vez. No hemos visto un solo barco desde que salimos de la cala de Tramontana. El parte meteorológico suena en la radio y da como un PAN PAN que existe visibilidad reducida en aguas del estrecho debido a bancos de niebla, rogando a todos los buques que extremen la vigilancia.

Creo que en algún momento de esta travesía hasta Málaga, todos hemos pensamos en el barco y que hemos recordado las muchas horas que A.M. dedicó a su puesta a punto y su mantenimiento…. Te alegras de conocer bien el barco, casi íntimamente. Lo consideras como un acompañante imprescindible, como si de un ser vivo se tratara y le agradeces que te mantenga a flote, seco y que continúe llevándote a casa.

Oteas el horizonte oscuro y te preguntas a que distancia estará el puerto. ¿Tengo unas pocas decenas de metros de visibilidad, o varias millas? Escrutas con los prismáticos esa incierta línea. De vez en cuando, aún se aprecian algunos fogonazos allá lejos, por la aleta de estribor. Confirmo en pantalla y nos faltan solo 47 millas para llegar a Málaga.

Por fin empieza a clarear el día y lentamente vas viendo como tu horizonte es más amplio de lo que pensabas. Estamos en mitad del cruce, en mitad del Mar de Alborán cuando a las 9 de la mañana entra el poniente bruscamente. Sumado a la corriente general entrante hacia el E, nos hace ir muy lentos. Compruebas en el GPS y verificas una arrancada de solo tres nudos, no más de tres nudos y medio… Hay que poner proa más al Norte. Rectificamos rumbo y se alegra la arrancada… Ahora nos parece una sinfonía más alegre… ¡Qué maravilla es navegar! ¿Qué tiene la mar que nos enamora tanto?

Después de 26 horas de navegación, entramos en el Puerto de Málaga, algo extenuados, somnolientos, curtidos por la sal y el viento, pero, sobre todo, satisfechos.

Tenemos la mente repleta de imágenes. De extraordinarias vivencias. De muchos recuerdos que serán nuestro refugio, hasta que dentro de unos días podamos hacer realidad esta travesía que mi imaginación marinera escribió hoy para tí.

NOTA:

La verdadera travesía Málaga-Melilla-Málaga la hicimos realidad varios meses después. Exactamente entre los días 1 al 4 de agosto 2008, en circunstancias diferentes a las aquí reflejadas, y como complemento a las actividades previas a la celebración de la “XII Semana Náutica de Melilla. Trofeo V Centenario. Días 9 al 13 de agosto

Pero eso fue diferente, muy diferente.

Todo lo tengo escrito en mi Cuaderno de Bitácora. Otro día os lo contaré.

(José López – Dobleazur)
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Cedemont (07-10-2010), El Moro Juan (09-10-2010), ENRIAERO (09-10-2010), jologa (28-04-2016), Solera-jcoc (10-10-2010)
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Predeterminado Re: Travesía a Melilla (En 3 partes)

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Originalmente publicado por dobleazur Ver mensaje
(Travesía a Melilla - parte 3/3)

Todos los barcos de la cala Tramontana nos responden a nuestro adiós con las bocinas, es decir, los tres que había: dos motoras de Melilla y un catamarán a vela con bandera italiana que habíamos visto atracado también en Melilla.

A nosotros nos parecía que todo tenía un aspecto especial… y que nos bañaba una luz también especial... Estoy seguro que alguien pensará, “eso es por las especias con que os aliñaron el pollo”, pero no. Tiene más relación con lo bucólico del paisaje, con su belleza, con la sensación de soledad, donde los seres humanos somos más solidarios, más amables, tenemos más necesidad de encontrarnos unos con otros.

Nos despedimos de la cala de Tramontana y de los pocos barcos allí fondeados, con la sensación de que cualquiera de ellos nos hubiera acogido gustoso, deseoso de compartir conversación y compañía.

Zarpamos hacia Europa. En nuestra mente nos llevamos los recuerdos, las imágenes de los habitantes de la cala, del pollo, del té moruno, de las cervezas. De aquella visión de las mujeres lavando la ropa en una pila común, de los niños correteando por la playa de aguas transparentes, incluso del burro que deambulaba tranquilo por la orilla. -- ¡¡Adiós a todos…Hasta la vista…!!

El Sol va cayendo sobre el horizonte a medida que la tierra va alejándose por nuestra popa. Nos espera navegar toda la noche y gran parte de mañana. La mar está calmada cosa que agradecemos. Establecemos turnos de guardia, de 12 de la noche a 4 de la madrugada y de 4 a 8 de la mañana. Ninguno de nosotros nos defenderemos del ataque de sueño. Se cerrarán nuestros ojos y nos vencerán los recuerdos acumulados durante el día. Se inicia la noche.

Día quinto. Lunes 3 de marzo.

Son las 01:00 am. Estamos a unas 30 millas de la costa africana cuando aparece A.O. por el camarote de proa y nos larga: --"¡¡Oíd, oíd!! ¡Tenemos relámpagos en la proa!" Casi al unísono todos nos preguntamos: --¿Comorrrrr?, ¡¡Pero si no estaba previsto en la meteorología!!

De repente, todos salimos a cubierta y, el paisaje imponía. Una noche brumosa, con ambiente pesado. El agua de la mar calmada, el cielo casi cubierto y una brisa de levante que nos parece más caliente de lo normal. Y, efectivamente, tenemos jolgorio en la proa. Allá a lo lejos, se aprecian muchos, rápidos y fuertes fogonazos que parecen fuegos artificiales. Cada descarga eléctrica iluminaba por unos instantes el horizonte delante de nuestra proa. Tras unos minutos, empezamos a ver con claridad la trayectoria de los rayos, o sea, ¡que nos estamos acercando a la tormenta!

En aquel trance yo expreso mi opinión: --"Capitán, hay que quitarse eso de la proa como sea"

Pues muy bien. El capitán pensó que, aunque lo más probable es que no tengan ni idea, va a hacer lo que considera correcto en esa situación: llamar a Málaga Radio por el canal 16, contarles que vemos una tormenta eléctrica en nuestra proa y solicitarles información de hacia donde se está moviendo esa tormenta, para poner un rumbo adecuado para evitarla. De paso comprobamos que tenemos enlace radio con España, lo que quita algo de hierro al asunto.

--"Málaga Radio, Málaga Radio, Málaga Radio, aquí el velero Argos, aquí el velero Argos. Cambio" Después del segundo intento responde Málaga Radio y nos manda al canal 26, su canal de trabajo, pero allí no nos responde por lo que volvemos al 16 y nos dice que le contemos que nos pasa.

-"... nuestra posición es 35º 52’ 48” Norte, 3º 32’ 98” W. Nuestro rumbo 319º Repito nuestra posición es 35º 52’ 48” Norte, 3º 32’ 98” W. Nuestro rumbo 319º Tenemos en la proa una tormenta eléctrica. Solicitamos información de hacia donde se mueve esa tormenta, al objeto de poner un rumbo adecuado para esquivarla"

-"Málaga Radio para el velero Argos, Málaga Radio para el velero Argos. El parte meteorológico que tenemos para esa zona no prevé tormentas eléctricas. Repito el parte meteorológico que tenemos para la zona no prevé tormentas eléctricas. Es lo único que podemos decirles..."

-"OK, Málaga Radio, muchas gracias de todas formas, que tengan buen servicio"

Lo que pensábamos, no tienen información actualizada de la meteo de la zona. A ver ¿para donde ponemos rumbo? El viento que notamos en superficie es claramente de levante, con lo que la primera idea es que la tormenta se desplaza desde el E hacia el W, con lo que nosotros deberíamos de poner rumbo al E, para alejarnos de ella.

Pero entonces mi hijo, J.E., observa un claro donde las estrellas están siendo ocultadas por las nubes en altura de W a E, con lo que debemos suponer que en altura, el viento es del W. Eso hace decidir a A.M. como capitán el poner rumbo 270º y ver que pasa.

Pues acertamos. La tormenta pasamos a tenerla por el través de estribor y poco a poco los fogonazos van quedando por la aleta. Después de un par de horas, apenas se ven y volvemos a nuestro rumbo inicial. El resto de la noche es más tranquila, diríase que nos parecía preciosa. Las nubes bajas se abren cada vez mas para dejar que la Luna, casi llena, ilumine parcelas de mar, creando paisajes fantasmagóricos. Las aguas alrededor del barco se iluminan con las fosforescencias de miles de medusas, algunas de ellas enormes. A menudo, delfines nadan a nuestro alrededor como torpedos fosforescentes...

Cuando atravesamos alguna parcela iluminada por la Luna, el mar no parece de agua, más bien tiene el aspecto de metal líquido, un metal espeso, oscuro y brillante a la vez. No hemos visto un solo barco desde que salimos de la cala de Tramontana. El parte meteorológico suena en la radio y da como un PAN PAN que existe visibilidad reducida en aguas del estrecho debido a bancos de niebla, rogando a todos los buques que extremen la vigilancia.

Creo que en algún momento de esta travesía hasta Málaga, todos hemos pensamos en el barco y que hemos recordado las muchas horas que A.M. dedicó a su puesta a punto y su mantenimiento…. Te alegras de conocer bien el barco, casi íntimamente. Lo consideras como un acompañante imprescindible, como si de un ser vivo se tratara y le agradeces que te mantenga a flote, seco y que continúe llevándote a casa.

Oteas el horizonte oscuro y te preguntas a que distancia estará el puerto. ¿Tengo unas pocas decenas de metros de visibilidad, o varias millas? Escrutas con los prismáticos esa incierta línea. De vez en cuando, aún se aprecian algunos fogonazos allá lejos, por la aleta de estribor. Confirmo en pantalla y nos faltan solo 47 millas para llegar a Málaga.

Por fin empieza a clarear el día y lentamente vas viendo como tu horizonte es más amplio de lo que pensabas. Estamos en mitad del cruce, en mitad del Mar de Alborán cuando a las 9 de la mañana entra el poniente bruscamente. Sumado a la corriente general entrante hacia el E, nos hace ir muy lentos. Compruebas en el GPS y verificas una arrancada de solo tres nudos, no más de tres nudos y medio… Hay que poner proa más al Norte. Rectificamos rumbo y se alegra la arrancada… Ahora nos parece una sinfonía más alegre… ¡Qué maravilla es navegar! ¿Qué tiene la mar que nos enamora tanto?

Después de 26 horas de navegación, entramos en el Puerto de Málaga, algo extenuados, somnolientos, curtidos por la sal y el viento, pero, sobre todo, satisfechos.

Tenemos la mente repleta de imágenes. De extraordinarias vivencias. De muchos recuerdos que serán nuestro refugio, hasta que dentro de unos días podamos hacer realidad esta travesía que mi imaginación marinera escribió hoy para tí.

NOTA:

La verdadera travesía Málaga-Melilla-Málaga la hicimos realidad varios meses después. Exactamente entre los días 1 al 4 de agosto 2008, en circunstancias diferentes a las aquí reflejadas, y como complemento a las actividades previas a la celebración de la “XII Semana Náutica de Melilla. Trofeo V Centenario. Días 9 al 13 de agosto

Pero eso fue diferente, muy diferente.

Todo lo tengo escrito en mi Cuaderno de Bitácora. Otro día os lo contaré.

(José López – Dobleazur)

Dobleazur, magnífico relato y mi agradecimiento por lo que cuentas de Melilla, esa ciudad olvidada siempre más española que los leones de las Cortes y apetecida por "El Moro Muza" que se dedica a dar el santo por saco
al menos una vez al año. Esa ciudad en sus buenos tiempos tenía tres ferias, y era una gozada sobre todo en verano, el vicio local era ir de tapas a los bares ,a cual mejor, los mejores pinchitos morunos los hacía un... judio. Ahora la población es un 50% española , el otro 50% con DNI español hablan chelha, (ya me entiendes). Salí con 18 y creeme que se me ha puesto un nudo en la garganta leyendo tu relato, hace muchíiiisimo que no he vuelto, y va siendo hora, me hubiera encantado. Hay más calas : Yazanem, Cala Charrane, Cala Trifa, Cala Agua. Había meros increibles y se podía coger unos mejillones enormes con un sabor que no he vuelto a probar en mi vida. Saludos cordiales
P.D. El pollo a la moruna lo hacemos en casa, tambien el cus-cus auténtico con todo el ritual antiguo de su preparación ,lo que se come en la Península es una mariconada.

Editado por El Moro Juan en 10-10-2010 a las 19:41.
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Sergio Ponce


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