Hola, de nuevo, y unas

para todos los cofrades.
Tras embarcar el hielo en Albufeira ( a 2 euros la bolsa pequeña)

y Siguiendo consejos de un amigo portugués, teníamos previsto recalar en Baleeira al atardecer del lunes 16 de junio para doblar San Vicente a primera hora de la mañana del martes. Salimos aprovechando la decreciente, mar incómoda y poco viento de levante, que rolaba a S. Todo abordo normal, hasta que vimos agua, que filtraba por el plan. La maldita prensaestopa volvía a las andadas. Simplemente, no la habían arreglado, pese a que carenamos en Albufeira y, además, se reparó la bomba de refrigeración y otros trabajos. Pero, como la vez anterior, entraba poca agua, tan poca que la bomba eléctrica era inútil. Decidimos tirar de cubo y bayeta hasta el fondeo previsto. Allí, con la experiencia anterior, pensábamos darle un "masaje" a la prensaestopa y ver si paraba la fuga. Rola el viento, abrimos más la mayor y, zas, el cabo de escota tiene daños por rozaduras y lo que, a simple vista, parece un enganchón con algo metálico. No lo hemos visto al zarpar, fallo propio. Hay que cambiarla y no llevamos cabo de respeto con la suficiente longitud. Decisión, arribada a Portimao. Con suerte llegamos con las tiendas náuticas abiertas. La entrada, con marea a favor, nos deja en buena hora atracados al muelle exterior de la primera marina, lujosa y tal, pero que no dispone de comercio náutico alguno. Amable, la recepcionista llama a un taxi y voy hasta el astillero, río Arade arriba, donde encuentro cabo adecuado y una bomba manual nueva (22 metros y la bomba, 70 euros)

que, días después, será mano de santo. Mientras, mi hermano y mi cuñado han "masajeado" la prensaestopa -que deja de filtrar- y han pegado la hebra con el jefe de un equipo de buzos que están trabajando en los herrajes del pantalán. Bromas sobre el mundial -Portugal estaba perdiendo con Alemania- y el buzo, que también es trapero, nos ofrece guiarnos hasta la marina municipal, donde tiene su barco, para que pasemos la noche "gratis total", aunque sin duchas. Pero hay que esperar a que acabe su turno de curro. Aceptamos, pasan dos horas y se invierte la marea. La subida del río, contracorriente, con el 10 cv, nos lleva casi una hora para hacer poco más de una milla. Tira de lo lindo, pero al atracar, por la banda de babor, no lo tengo en cuenta, pura inexperiencia, y corto gases como si estuviera en Gandía un día de sol y moscas. No me llevé por delante un velero holandés gracias a que el tipo, setentón y con más conchas que un galápago, estaba en el pantalán y me había visto venir. Me desvió lo justo, agarrándose y tirando del balcón de proa. Entonces comprendí lo que me gritaba el buzo portugués: ¡dale, dale, dale mais, joder! Disculpas, bromas sobre el 5-0 a la roja, reabastecimiento de hielo, cena en Portimao, noche tranquila y partida con la marea a la mañana siguiente: en diez minutos, estábamos en el mar.
Un saludo, perdón por el royo, y "continuará, si no hay demasiadas protestas.