No sé donde leí una vez que muchos pueblos del mundo comparten esta tradición y que en el norte de Europa se embarcaban con las cenizas del difunto, ponían rumbo a alta mar y aprovechaban el viaje para hacer un gran festín en honor al muerto y arreglar cuestiones de herencias. Lo cual me parece de lo más inteligente: en caso de discrepencias, siempre resulta más fácil resolver el problema lejos de las costas

. Una vez acabado el ritual y compartidos los bienes del muerto, volvían a tierra... y la vida continuaba.
Aquí no.
Después de haberle tocado al marino los c*****es toda su vida con títulos, despachos, certificados, revisiones y homologaciones, también hay que homologarle el último viaje. Toma ya. Como si los chupatintes no le hubieras incordiado ya bastante. Es el colmo.
Ya que no nos dejan vivir en paz, al menos que nos dejen descansar en paz...¿no?

