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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#11
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La crisis del régimen político está servida por más que sus defensores todavía se nieguen a reconocerla o adopten una actitud condescendiente con lo que sucede en las calles. Y es que lo que está en juego el 15M (precisamente por su carácter de ruptura constituyente) no es un cambio en el sistema, sino un cambio de sistema.
Aunque frente al estatismo republicano, el liberalismo reconoce a la sociedad de apellido "civil" la existencia en el marco de una esfera para la no-interferencia (directa) del Estado (que no necesariamente del mando), no es menos cierto que en esta esfera la "libertad" es siempre una libertad bajo control, una libertad vigilada, determinada de manera heterónoma por el juego complementario del mando coercitivo y la mano invisible del libre mercado. Desde las primeras formas de la democracia liberal (basadas en el sufragio censitario) hasta sus declinaciones actuales de mayor o menor calidad, la historia del liberalismo es la historia de una resistencia y readaptación elitista a la democratización. Por más que algunos grupos sociales originariamente excluidos hayan logrado ser acomodados a las nuevas elites (así, por ejemplo, ciertos estamentos profesionales de la sociedad espańola surgidos del Desarrollismo franquista), en líneas generales la tendencia histórica del liberalismo hacia su realización ha sido la del progreso de la exclusión social por medio de la mercantilización y privatización subsiguiente del mundo. No es de sorprender que no hace mucho, en relación a los cambios en América Latina, algún reputado politólogo liberal, sentenciase: "a veces hay que defender al liberalismo de la democracia". A nadie puede escapar, salvo por razón de alguna ceguera ideológica preocupante, que el 15M (y más aún las redes centrales al proceso) se sostiene sobre una composición técnica de clase que en poco o nada tiene que ver con las tradicionales clientelas sindicales, los seguros electorados de la izquierda funcionarial y otras figuras que hasta ahora hegemonizaban la escena política desde la simple gestión de las rupturas históricas sedimentadas en la representación política. En estos días, el movimiento agota una primera fase de ruptura, de expresividad, de afirmación autónoma. Tras el gesto de las plazas avanzamos hacia la reivindicación de la producción institucional, hacia la emergencia del poder constituyente de la multitud. Sólo si a esta primera fase sigue ahora un decantamiento progresivo por la autonomía, por el abandono del ciudadanismo y por la creación de nuevas instituciones, se traducirá el movimiento en progreso emancipador. Libremente extractado del original. Autoria por Raimundo Viejo Vińas (Vigo, 1969). Llicenciat en Geografia i Histňria i Doctor en Cičncia Política i de l'Administració, actualment professor a la UPF de Barcelona.
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..la lontananza sai
é come il vento che fa dimenticare chi non s'ama.. spegne i fuochi piccoli, ma accende quelli grandi Editado por malamar en 30-06-2011 a las 23:27. |
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