Pues ya hace años volvía de cruzar el Atlántico con bastantes bonitos abordo y se me ocurrió empezar a llamar a todos los amigos para quedar con ellos en tierra, repartirlos y hacer una fiesta. Sin que me diera cuenta me quede sin nada de batería y sin viento en medio de la ruta de los mercantes. - cuando ya te ves en tierra puedes hacer todo tipo de tonterías y relajarte hasta la estupidez. El mar estaba como un plato, pero no tenía ni una luz de posición en la perilla del palo. Subí todas las sartenes con la driza y cuando se acercaban los mercantes, iluminaba las velas con la linterna.
Ni olas, ni temporal, ni embarrancadas, ni vías de agua... creo que nunca pasé tanto miedo.
