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#22
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Una rondita para todos!!!
No soy ningún expertos en jarcias, pero me dedico a la construcción de obras civiles, y utilizo acero de forma regular en las construcciones en las que participo. Especialmente cables de acero para pretensado estructural de elementos de hormigón. Aunque el acero que utilizamos no es inoxidable, que es menos flexible, os puedo asegurar que la durabilidad de los cables y de sus características mecánicas, bajo las tensiones para las que son dimensionados, son muy superiores a los plazos de los que estaís hablando. El acero, en condiciones normales de trabajo, es prácticamente eterno con un mínimo de mantenimiento. Alguien ha puesto el ejemplo de las grandes estructuras metálicas, indicando que perduran mucho tiempo gracias a su exquisito mantenimiento. Esto es cierto, pero no es menos cierto que las que adolecen de ese mantenimiento aguantan mucho más de lo que nos creemos. Como dato os diré que las estructuras de hormigón sobre las que circuláis con vuestros coches (obviamente con nemumáticos de menos de cinco años), se proyectan con esperanzas de vida superiores a 50 años. Y los cables que llevan en su interior, y de los que depende toda su capacidad estructural, no se cambian nunca. Eso sí, quedan embutidos en una masa uniforme de lechada de cemento, y por tanto no expuestos a la atmósfera. En resumen, las capacidades del acero inoxidable, dejando a parte casos de corrosión química motivada por la presencia de componentes extraños en la atmósfera, se mantienen mucho más tiempo del que estáis barajando. Entonces... ¿dónde está el problema? En un fenómeno que se llama "fatiga de materiales", que todos reconoceréis enseguida con una breve explicación. Los aceros aguantan tensiones muy elevadas bajo cargas estáticas y permanentes, siempre que no se supere su límite elástico. Este límite es la carga a partir de la cual la deformación del acero deja de ser elástica, y pasa a ser "plástica". Esto siginifica que, a partir de esa deformación, el acero no recupera su forma original. Sin embargo, si lo sometenemos a cargas localizadas dinámicas y repetitivas se debilitan mucho más rapidamente. Muchos habréis podido comprobar esto intentando partir un vara de acero (o de plástico) a base de flexionarla. Doblándola una sola vez es muy difícil de conseguir, pero si la doblamos y enderezamos repetidamente terminamos por "plastificarlo" en la zona del doblez, y conseguimos partirlo. En el caso de la jarcia de cable, en todo aquello que no es zona de arraigo, la flexibilidad del cable es enorme, y nunca se producen movimiento que doblen tanto el cable como para alcanzar deformaciones que impliquen esfuerzos localizados que supongan un problema, ni siquiera por repetición. Es imosible que el cable entre en regimen plástico en ningún momento. Sin embargo, en las zonas inmediatas a los puntos de arraigo el cable no ex felxible. Es un problema de escala. Intentad doblar un cable de 8 mm y sólo un centñimetro de longitud: "no es flexible". Pues bien, en esas zonas los continuos movimientos de la jarcia durante la navegación, y aún cuando no se navega, acaban por producir problemas de fatiga que provocan la plastificación y consenuente rotura del cable. Por eso las jarcias siempre se rompen por ahí. Es como si estubiésemos doblando y enderzando continuamente el cable (recordad la facilidad de romper un vara de acero con este procedimiento). Como podréis entender, este fenómeno es más acusado en el caso de la jarcia de varilla, por el simple echo de que es mucho menos flexible, y se puede producir el problema en más zonas. La fatiga de los materiales se puede ensallar, y se puede conocer a partir de qué rango de ciclos de deformación repetitiva corremos el riesgo de que rompa. Entonces... ¿por qué tanto problema para definir cuándo debemos cambiar la jarcia? Pues el problema está en que es imposible saber a cuántos ciclos de deformación hemos sometido a los arraigos de nuestra jarcia, lo que hace imposible predecir cuánto puede aguantar. Los plazos que dan los manuales de mantenimiento estan basados en la experiencia, y no en ensallos de envejecimiento de los materiales. Lo único que sabemos es que en condiciones normales los problemas pueden, insisto... "pueeeden" aparecer a partir de los 10 años clásicos que todo el mundo comenta. Pero esto no significa que vayan a aparecer necesariamente. Ahora viene la segunda parte del problema. Lo importante no son las posibilidades de que rompamos la jarcia a partir de los 10 años. Lo realmente importante son las consecuencias que esa rotura pueda tener. Os contaré una historia que me contaba un jefe mío cuando llegaba la hora de asumir riesgos en una obra. Suponeros que os ofrecen 1 millón de euros por cruzar una autovía con mucho tráfico en un par de minutos (tiempo más que de sobra). Eso si, si no llegas a tiempo, te cortan las dos piernas. ¿asumirías el riesgo? Ese es el dilema que tenéis que resolver. Los aviones se revisan constantemente, y no es porque duren menos que un autobus, sino porque las consecuencias de una avería en un avión son mucho más graves. No puede haber lugar a un error, porque no hay arcén dónde parar. Perdonad el rollo, pero creo que estabáis equivocando la discusión. Saludos a todos |
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