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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#11
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Saludos y rondas por doquier.
Mi esposa y yo construímos un balandro de 13 metros de eslora en laminado de poliéster con fibra de vidrio (PRFV), construcción sandwich con maniquí, sin molde. Navegamos con él desde hace veintidos años. Me libraré muy mucho de aconsejar a nadie que siga nuestros pasos. Personalmente, repetiría la experiencia, pues los años nos han dado la práctica y pericia necesarias para poder desarrollar con cierta garantía una construcción así. Otro tema son los acabados, que cada uno puede valorar en función de su criterio, habilidad, tiempo y dinero disponible. En mi opinión, no existe un material superior. Los barcos no son "buenos" o "malos" en función del material usado en la construcción, sino de un conjunto de factores que pueden o no terminar en una embarcación equilibrada, desarrollada correctamente para el fin perseguido. Un mal barco de fibra no soporta comparación alguna con un buen barco de acero. Y viceversa. Hay aceros mejores y peores, buenas y malas técnicas de soldadura, buenas y malas prácticas de taller, buenas y malas protecciones, buenos y malos mantenimientos. Exactamente igual con el PRFV u otra combinación de resinas y fibras. En el supuesto de que alguien lea estas líneas sopesando la elección del material con el que construir (o esté construído) su futuro barco, le diría que tuviera en cuenta aspectos como éstos: Para comparar la resistencia entre dos materiales, es preciso acordar unas reglas que nos permitan movernos en un territorio común, en el que las afirmaciones sobre tal o cual producto tengan sentido. En lo tocante a la resistencia, se acepta el concepto de resistencia específica. Básicamente, comparar el comportamiento frente a diversos tipos de esfuerzos teniendo en cuenta la densidad de las piezas a estudio. Aproximadamente 7,8 para el acero, 1,8 para el PRFV. El problema del PRFV es que su resistencia (pero apenas su densidad), varía enormemente en función de la proporción fibra/resina. Así, un laminado con baja proporción de fibra, tendrá una resistencia mucho menor que otro con alta proporción. Los laminados efectuados con mat (trozos de hilos de fibra apelmazados sin orden ni concierto) o con máquinas de proyección, tienen una baja proporción de fibra en el producto final. Para conseguir una mayor proporción, es preciso utilizar tejido o refuerzos unidireccionales que obligan (salvo que esté en un error, claro) a la aplicación manual del producto. La existencia de fibra en distintas presentaciones, permite al constructor utilizar en cada punto la combinación más adecuada. En general, el mat permite una mejor adherencia y el tejido proporciona laminados de mayor resistencia específica, motivos por los cuales se suelen usar ambos, combinándolos en función de los requerimientos a los que vaya a estar sometida la zona en construcción. Para zonas amplias y lisas, no sometidas a esfuerzos puntuales, pueden laminarse capas de tejido sin mat intermedio, si se usan gramajes bajos. Del mismo modo que hay que ser cuidadoso en la elección de los aceros empleados en construcción naval, deben elegirse resinas y fibras adecuadas. Una mala combinación irá en detrimento del resultado final. De nada sirve utilizar kevlar o fibra de carbono, si la resina no es la correcta. Distintos coeficientes de elongación, harán que la unión no responda adecuadamente y habremos invertido en humo. Dicho de otro modo: Una buena construcción en PRFV admite cualquier comparación con una buena construcción en cualquier otro material. Otro cantar es que de la mano de los diseños proyectados para competición, en los que el peso es un factor determinante, se hayan trasladado a las líneas de producción prácticas que dan como resultado embarcaciones endebles. Estoy seguro de que se puede construir un barco con chapa de acero de pocas décimas de milímetro, pero no se lo aconsejaría a nadie. A lo mejor, daría como resultado un barco ganador, pero difícilmente uno resistente. Diría que por ahí van los tiros. Hace muchos años tuve el placer de tener amarrado a mi costado un velero francés de quince metros, de construcción amateur. Sus propietarios y constructores, un matrimonio de cierta edad, habían tenido éxito con su empresa, dedicada a la construcción aeronáutica, lo que les había permitido llevar a cabo su particular sueño: La construcción de una embarcación en acero. Era magnífico, una construcción impecable, armadores y barco formaban un trío formidable. Nos obsequiaron mostrándonos el álbum de fotos de la construcción, casi todas en blanco y negro. Era una historia épica. Pasión, tesón e inteligencia concentrados en unos cientos de instantáneas. Y dinero, mucho dinero. Sólo su generador valía tanto como los materiales de nuestro casco. He sido testigo de historias paralelas. En este momento, unos buenos amigos navegan hacia Brasil en un barco de fibra, autoconstruído, cuyo nivel de calidad y resistencia acepta cualquier reto, cualquier comparación. Al inicio de la construcción, leí una máxima que procuro no olvidar: Construir ligero, pero no con ligereza. El PRFV permite hacerlo. Estoy seguro de que el acero, sobre todo en esloras importantes, también. Feliz Navidad. Luis Martí |
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